El verano que nos separó

18. Dorado.

La sonrisa de la joven se amplió al ritmo de la música cuando el alto chico apareció con dos copas de diferentes colores. Tras colocar una ante ella, la tomó delicadamente del mentón y le dio una lluvia de piquitos, para luego ubicarse a su lado y acunarle el rostro con una mano y besarla.

Dos margaritas de mango con el borde bien picante ya tenían una orden de dedos de queso en la mesa, y un ambiente festivo aliviaba mucho del peso tenso que ambos habían sentido por lo sucedido en la mañana. Catalina solo sonrió cuando Asher elevó su copa hacia ella, así que también tomó de la misma, viéndolo a los ojos.

—Por mi hermosa novia —la ruborizada en ella fue inmediata—por su cabello de fuego y sus pecas preciosas que quiero besar una a una, y porque hoy, en nuestro segundo día de noviazgo, la pasemos muy bien juntos. Por mi chispitas.

—Por mí —indicó ella gozosa, chocando su copa apenas con la de Asher para darle un sorbo a su bebida.

Los dos arrugaron el rostro porque claramente la medida de tequila se había pasado un poco en el cóctel, pero pronto tomaron un nuevo trago, dejándolo al lado para ver la zona. El ambiente era muy bonito, cómodo, y en ese especie de gazebo donde estaban, no había mucho sol, además de que podían ver todos los ángulos del lugar. No se notaban muchos nacionales, pero sí extranjeros que parecían haber llegado al país con el mismo fin que la familia Slate: pasar las vacaciones de verano.

Catalina observaba a Asher, quien tomó un bastón de queso, lo remojó en la salsa marinada, se comió la mitad y luego le dio la otra parte a ella, haciendo lo mismo con un segundo. Ella se percibía ruborizada y erizada en puntos nuevos de su cuerpo, ya que esa mano fuerte había buscado su muslo desnudo. Por la posición en la que ella se encontraba, no había ido más arriba, solo se quedó ahí seguro, dándole la mitad del tercer bastón para luego dejarle un beso en los labios.

—¿Ya revisaste el menú, chispita preciosa?

—No, no he visto, pero podemos compartir algo entre los dos.

—O podemos pedir un plato cada uno para compartir lo mismo. ¿Qué te ha llamado la atención?

Aunque el pago del pase era consumible, a Catalina los precios se le habían hecho un poco costosos. Pero al final, cuando Asher se pegó a ella con el menú en medio de los dos, solo sonrió con debilidad, leyendo a su lado las especialidades del día. Estaba la mariscada que Asher quería comer, y también un salmón en salsa de alcaparras que a Catalina le llamó la atención, aunque era uno de los platos más caros del menú, a él se le hizo bien.

—Pero es mucho, casi cuesta lo que pagué por la entrada de los dos.

—¿Estás compitiendo conmigo para ver quién paga más? —la pregunta la hizo fruncir el ceño, pero de inmediato negó—Entonces no hay de qué preocuparse, Catalina —él tomó su mano y le besó los nudillos—. Eres muy dulce y noble indicándome que quieres pagar las cosas o dividir la cuenta. Me encanta eso en ti —le elevó el mentón, pero cuando ella achicó su mirada, él no dudó en quitarse la gorra y ponérsela, lo que la hizo sonreír—. Pero eso me encanta mucho más. Tu sonrisa cuando estás segura y feliz conmigo es más que suficiente como pago.

—Dudo mucho que un salmón de veinte dólares se equipare a una sonrisa.

—No, equivale a veinte sonrisas de mi chispitas, así que me las voy a cobrar.

—¡No, Asher, no, espera!

La chica se retorció encantadora en su espacio, pronto estaba lanzando manos y pidiendo que parara mientras él le hacía cosquillas, a veces se acercaba a su cuello y dejaba besos sonoros que la hacían reír aún más, pero cuando una rodilla terminó pegando con más fuerza en la mesa, tuvieron que dejar el juego, sosteniendo las copas antes de que se cayeran.

Aun risueña, Catalina le revisó la rodilla al jovencito, que haciendo pucheros y fingiendo llanto indicaba que necesitaba besitos para recuperarse o bien se la iban a apuntar. Al final, Catalina dejó de lado el miedo y sin dudarlo le acunó el rostro a su novio dejándole una lluvia de besos en todo su bronceado rostro, riéndose risueña cuando él lloraba falsamente cuando ella dejaba de darle besos.

Detuvieron su divertido juego cuando llegó el mesero por sus órdenes, al final continuaron con lo ya acordado, pero Asher también agregó un queso brie con higos que pudo notar a Catalina le llamó la atención. Cuando el joven se fue, él solo se acomodó más pegadito a ella, rodeándola de la cintura, sacó el celular y lo acomodó para tomar una fotografía de los dos.

La joven, primero insegura y un poco tímida, luego se quitó la gorra, acomodó bien su escote y amplió la sonrisa para la cámara, para ese Asher que continuó tomándole fotografías solo a ella, quien jugó con la copa de la margarita y los lentes de sol del joven, quien ampliaba la sonrisa tras el celular.

Tras esa improvisada sesión, se sentó de nuevo a su lado. La mesa estilo medialuna les permitía correrse de manera cómoda para estar frente a ella o bien a su lado, rozando de nuevo su delicado muslo suave, donde podía notar algunas pecas. Él solo cerró los ojos a ese beso que Catalina le dejó en la mejilla.

—Mis padres se disculparon conmigo por lo que sucedió en la mañana —la joven frunció apenas el ceño—. Mamá había pensado que era buena idea que compartieras la mesa con nosotros, por eso te invitó —ella asintió—. No esperaba ni que te negaras, ni mucho menos el comentario desubicado que Neva hizo, estaba hablando de mi padre con eso.




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