El verano que nos separó

19. Caos.

Él le ofreció su mano en los últimos escalones de madera de esa plataforma de tres pisos que estaba en un árbol. El espacio era más pequeño, pero sin duda más hermoso en su vista, todo el verdor, y a lo lejos se notaba un poco el mar. Cuando Catalina se movió sonriendo hacia la orilla, Asher no dudó en sacar el celular y retratarla.

Le encantaba cómo se veía con el cabello suelto, lleno de ondas ajustadas, pero ese mismo estilo lucía precioso en ella, quien solo negó cuando lo vio con la rodilla en el piso capturándole el perfil y ese rubor de mejillas que vino después. La chica lo miró con indignación cuando él mismo se acercó a acomodarle el cabello, llevándole un mechón tras la oreja para luego sacar esa flor de sacuanjoche, la flor nacional del país, que había robado en uno de esos escapes que tuvo al baño.

—¿De dónde sacaste eso? —consultó ella, sintiendo el aroma divino de la preciosa flor blanca.

—En el área de la recepción, hay un pequeño jardín, la vi y solo la tomé.

—Nos la van a cobrar.

—Con gusto la pago.

Él besó sus labios y solo la hizo sonreír cuando continuó con sus fotos. Claro que luego también se tomó algunas con ella y hasta dejaron correr el temporizador para tomarse en otros espacios y con otras poses, terminando los dos sentados contra ese grueso tronco que servía como base, con él a su espalda y ella envuelta en los brazos de Asher.

Ha sido un precioso día, han hablado mucho, caminaron y tuvieron un almuerzo que se sintió espectacular, la comida resultó mejor de lo esperado y aunque no se bañaron al final en la piscina, el compartir era lo que ambos querían cuando salieron de la casa. Han acordado volver para las cuatro de la tarde, porque Catalina le comentó a Asher lo que su madre le pidió.

Cuando la joven miró cómo sus manos se entrelazaron a las de él, solo pudo sonreír con debilidad.

—Mamá me dijo que podíamos hacer lo de la universidad —indicó, él besó su cuello—, lo de aplicar a la misma y ver qué sucede. Siento que le da algo de miedo, pero no deja de apoyarme como siempre lo ha hecho.

—Esa es una gran noticia. Podríamos empezar mañana mismo revisando la página de aplicaciones para ver qué documentación requieren y así en los días vamos a buscarlo —ella asintió, pero no se movió de lugar—. De eso también mis padres me hablaron —ella frunció el ceño, acomodándose un poco para verlo a los ojos—. Mi madre me señaló que el verano pasado le dijo a la tuya sobre lo de irte a estudiar a Estados Unidos, lo que me habías comentado —ella asintió—, y bueno me dijo que estaba pensando en hablarlo hoy con tu mamá.

—¿En serio?

Asher solo suspiró cuando ella salió de sus brazos se acomodó ante él, no dudó en tomar una de sus manos y besarla. Le gustaba rozar la piel de Catalina, en realidad había algo especial en la idea de tenerla cerca que se acomodaba bien en su siempre agitado ser, y es que ella le daba como un especial sentido de paz.

—Pensé que la idea no te gustaba —le indicó ella viéndolo a los ojos—, la de que me fuera a estudiar a Estados Unidos por la ayuda de tus padres.

—No me gusta que tengas que vivir con ellos, eso es diferente —la joven solo asintió—. Me da, digamos, mala espina que haya una doble intención en la oferta de mi madre. Pensar que puedan hacerte pagar la ayuda con servicio doméstico se me hace algo posible y, por lo tanto, también muy bajo.

—¿Y esa idea ha cambiado ahora que soy tu novia?

—No, no para nada —ella frunció el ceño, pero Asher se acercó mucho más a ella—. Catalina, yo no quiero que nos sirvas, no quiero que llegues de la mañana a hacernos desayuno o que tengas que recoger la ropa sucia de mis hermanos o veas los papeles usados en el baño de mis padres —la chica arrugó el ceño—. Quiero que te sientes en la mesa, que seas vista como mi novia, que andes de mi mano, que si llegan visitas sepan quién eres tú —la joven sonrió débilmente—, quién eres tú para mí, y por eso no se me hace agradable la idea de que en Estados Unidos mis padres, al verte sola, puedan cambiar lo que te han ofrecido.

—¿Los crees capaces de hacerlo?

—Por desgracia, sí —él solo suspiró—. Como familia, digamos que tendemos a olvidar que vivimos en un espacio del mundo al que pocos tienen acceso. He escuchado cosas horribles en las mesas donde todos se reúnen, dan las gracias por la vida que tenemos mientras critican a aquellos que no están en esa mesa —la joven pasó saliva—. A veces siento que nos sentimos un poco superiores a los demás.

—Están ubicados en la parte alta de la cadena social, Asher —la escuchó con atención—. La ropa que a tus hermanos, que a ti mismo, no les sirve, viene a parar a mi familia, donde se reparte entre todos para usarla muchísimo tiempo más. Creo que el último celular que cambiaste le quedó a mi tío Santos y vi a una de mis primas recibiendo en sus quince años una computadora que, como no le gustó a Freya, la enviaron para acá —él pasó saliva—. Si hay superioridad con respecto a la vida de otras personas.

—Monetaria…

—Y eso mueve el mundo —la joven fue suave—. Mi madre suele pedirme que no vuele, que no me haga ilusiones que están lejos de mi realidad, y esa realidad recae en que si quiero algo debo luchar por lo mismo, y debo esforzarme mucho y puede incluso que no sea suficiente. El dinero para el que no lo tiene se vuelve como salvación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.