Elena y el vagabundo nocturno

Lucrecia

—Buenos días, señorita. Verá, estoy haciendo una promoción de libros por esta zona. ¿Le interesaría ver unos catálogos? ¿Me permite que se los muestre?

El hombre se cambió de mano el maletín, se ajustó la pajarita, y mostró su sonrisa más cautivadora. Una sonrisa de vendedor profesional, pero también de seductor. Ante él se encontraba una escultural joven de unos treinta años, apoyada sobre el quicio de la puerta, que llevaba un pantalón corto —cortísimo—, y un “top” abierto que dejaba poco —por no decir nada— a la imaginación. Unos zapatos rojos de tacón de aguja completaban su vestimenta.

La mujer lo miró de arriba a abajo, y tras mostrar una amplia sonrisa llena de picardía, le dijo:

—Pase. Pase, caballero. En el sofá estaremos más cómodos. Allí me podrá enseñar esos catálogos… de los que me habla.

La joven se dio la vuelta y se encaminó hacia el salón a través de un largo pasillo, mientras el vendedor la siguió. De espaldas era si cabe más escultural todavía, y el pantalón —si es que se podía llamar pantalón a esa prenda tan corta—, dejaba casi al descubierto las nalgas, que se movían con un ritmo hipnótico: un, dos, un dos, un, dos…

Lucrecia

El hombre se maravilló de la suerte que había tenido. Acostumbrado a que nadie le abriera las puertas y a no recibir otra cosa más que portazos o malas contestaciones, aquello pintaba muy, muy bien.

Ella se sentó primero en el sofá, e invitó al vendedor a hacerlo a su vez. Ya no le llamaba de usted:

—Siéntate —susurró, melosa—. Siéntate aquí, a mi lado.

Él obedeció y se sentó a su derecha, dejando el maletín en el suelo. Tras mirarla otra vez de arriba abajo, comenzó a decir:

—Antes de nada, permítame que le hable un momento sobre la enciclopedia, que es nuestro producto estrella. ¿Tiene usted alguna en casa?

—No.

—Y, ¿se ha planteado alguna vez adquirir una?

—Pues... no sé...

—Verá, la enciclopedia es una fuente de erudición para toda la familia. Un manual de consulta y referencia que no debe faltar en ningún hogar. Muy necesario —yo diría que imprescindible—, en todos los niveles del ciclo educativo. Incluyendo, lógicamente, la ayuda inestimable que presta a los más pequeños.

—Por ejemplo —siguió—, supongamos que viene su hijo del colegio a las cinco de la tarde, y le dice que tiene que preparar para mañana un trabajo sobre... Felipe II, pongamos por caso. Pues bien, si usted no tiene una enciclopedia en su casa, no le quedará más remedio que marchar precipitadamente hacia una biblioteca pública cercana donde poder consultar la información relevante sobre el personaje —hizo una pausa para colocarse mejor la pajarita—. Es invierno, está lloviendo, hace frío... usted tiene otras cosas que hacer... pero no le quedará más remedio que acudir. Y con el agravante de que allí se encontrará también con otros padres —los de los compañeros de clase de su hijo—, que habrán acudido a consultar la misma información que usted. El volumen estará ocupado, tendrá que rogar a "Manolita" que se dé prisa porque su hijo también tiene que consultarlo... Total, que habrá perdido toda la tarde, habrá tomado unas notas escasas y apresuradas sobre el contenido que buscaban, habrá discutido con "Manolita", y vendrá irritada y ofuscada; su hijo se tendrá que quedar realizando el trabajo hasta altas horas de la madrugada... y encima, para hacerlo de forma mediocre. ¿Me comprende?

—Sí, sí. Perfectamente —respondió, con la mayor de las sonrisas.

—Pues bien, todo eso sería muchísimo más sencillo si usted tuviera una enciclopedia en su casa. Enteramente suya, y con plena disponibilidad las 24 horas. ¿Verdad que sí?

La mujer no contestó, pero puso una cara de satisfacción que estaba fuera de lugar. Se lo quedó mirando como si en lugar de eso el vendedor le hubiera hecho el mayor de los halagos. Como si le hubiera dicho algo así como: "¡qué guapa y bella es usted, señorita! ¡Ni los ángeles del cielo en toda su gloria pueden igualar esa magnífica y esplendorosa belleza! ¡Oh Venus! ¡Oh Afrodita! ¡Oh, las mejores y más bellas diosas del Olimpo y del amor! ¡Ya tenéis con quién compararos!"

El hombre se extrañó ante esa reacción, pero no le dio mayor importancia. Después tomó el maletín de suelo, lo abrió, y comenzó a sacar algunos folletos.

—Verá, esta es la enciclopedia Salvat ilustrada. Es de las mejores en cuanto a calidad y precio.

—¿Ilustrada?

—Sí. Con ilustraciones a todo color. Permítame.

A continuación, le mostró las primeras páginas del primer tomo, donde aparecía la palabra "ábaco". Casi página y media dedicada solo a esa expresión.

—¿Ve usted? —Le indicó—. Además de la definición estándar del diccionario: "el ábaco es un bastidor con cuerdas o alambres paralelos que contiene bolas móviles, y sirve para hacer cuentas y operaciones aritméticas." También se ofrecen otras acepciones, como por ejemplo, "término de arquitectura para nombrar la parte alta de un capitel". Por supuesto, también puede encontrar la etimología de la palabra, su raíz semántica, y, como ve, —señaló—, una historia del instrumento, desde la más remota antigüedad. Cómo se usaba en Egipto, en Roma... ¿Ve aquí? —volvió a señalar—. Esta es una fotografía de un ábaco romano. Concretamente de uno que se conserva en el RGZ Museum de Maguncia. ¿Qué le parece?

—Pues... no sé...

—Es una enciclopedia muy completa. Son veinticuatro tomos, prácticamente uno por cada letra del alfabeto. Hay algunos términos que se desarrollan poco, como este del ábaco, pero si usted va, por ejemplo, a la acepción "Felipe II", pues se encontrará no menos de veinte páginas dedicadas al personaje. Se lo voy a mostrar.

—No, no hace falta —le detuvo.

—¿No le interesa?

La mujer puso un gesto de indiferencia. En realidad, apenas había mirado las páginas. Más bien lo había estado mirando a él. Y él, por su parte, había intentado concentrarse en la exposición, aunque ciertamente, le había costado lo suyo. Entre frase y frase no había podido evitar lanzar miradas fugaces a aquellos pechos; intentando averiguar si el “top” era demasiado pequeño, o quizá los pechos demasiado grandes para contenerse en aquella prenda tan pequeña.




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