"Apenas sabes su nombre"
Eso fue lo primero que pensé mientras salía del baño.
No sabía su nombre, no sabía de dónde era, no sabía con quién se relacionaba (ademas de aquella beta insignificante de pecas) ni por qué demonios me había quedado pensando en ella cuando había salido de allí. Lo único que sabía era que tenía el cabello rubio, unos ojos azules que me habían resultado imposibles de ignorar y una expresión tan nerviosa que por alguna razón había despertado en mí una curiosidad que no sentía por casi nadie.
Y eso me molestaba.
No porque hubiera algo malo en ella, sino porque yo no acostumbraba interesarme demasiado por las personas que acababa de conocer. Podía encontrar a alguien atractivo, podía coquetear, podía disfrutar de una conversación o incluso terminar compartiendo una noche con alguien si existía suficiente química, pero después de eso normalmente seguía con mi vida sin mirar atrás. Nunca había sentido la necesidad de saber dónde estaba una persona, qué hacía o qué pensaba después de haberla conocido.
Con ella era diferente y ni siquiera sabía por qué.
Volví al patio y encontré a mis amigas exactamente donde las había dejado. Una de ellas estaba revisando su teléfono mientras las otras dos discutían sobre un proyecto de la universidad. Me senté nuevamente pero mi atención ya no estaba allí. Mi cabeza seguía en aquel baño, reproduciendo una y otra vez la imagen de aquella chica frente al espejo.
"Alessia" el nombre había salido de la boca de su amiga.
Alessia. Lo repetí mentalmente una vez, después otra y una tercera, era bonito.
No tanto como ella.
Fruncí ligeramente el ceño ante mi propio pensamiento.
¿Qué me estaba pasando?
—¿Vas a seguir mirando hacia el pasillo? —preguntó Frida reclinandose sobre la mesa mientras dejaba a mi vista sus enormes pechos, aparte la mirada de inmediato conteniendome a no rodar los ojos. Mierda, habiamos compartido la cama solamente una vez y eso le habia dado el titulo de mi amiga, no se porque siempre hacia eso si se suponia que ya tenia a su lazo consigo.
—No estoy mirando hacia ningun lado.
—Llevas bastante mirando hacia el pasillo— siguio recomponiendose luego de soltar una risa, su cabello rojo y rizado se movia ligeramente con el viento,
—Estoy pensando— dije con una sonrisa mientras me acomodaba en el asiento
—Eso es peor.— fingio una expresion de terror, solté una risa y tomé mi café.
—¿Qué quieres?— me queje al notar que no apartaba su mirada de mi
—Nada. Solo me da curiosidad bonita— tarareo en tono meloso
—¿Qué cosa?
—Que estas distraída.
—Estoy cansada.
—Claro.
La ignoré porque no tenía la mas minima intencion de explicarle que estaba pensando en una chica cuyo nombre había aprendido hacía menos de diez minutos. Ni siquiera sabía qué podría decirle. "Encontré a una desconocida en el baño y ahora no puedo dejar de pensar en ella" no sonaba precisamente como una conversación normal.
Sin embargo había algo que no conseguía sacar de mi cabeza, Su olor, no había sido fuerte.
De hecho si no hubiera estado tan cerca probablemente ni siquiera lo habría notado. Pero cuando entré al baño y la vi junto al lavamanos, hubo algo en el aire que llamó inmediatamente mi atención. No era un perfume. Tampoco era el jabón del baño. Era algo mucho más sutil, casi escondido, una fragancia dulce que había desaparecido tan rápido como había aparecido.
Una omega. La idea cruzó mi cabeza y me quedé quieta. No, era imposible. Había demasiadas personas en el pasillo y muchas personas mas entraban a los baños, además, yo era una omega.
Sabía reconocer otros olores, pero no significaba que pudiera clasificarlos con tanta facilidad. Y aquella chica llevaba bloqueadores o al menos eso parecía. Su aroma estaba demasiado apagado para identificarlo con certeza.
Aun así mi instinto había reaccionado y esa era precisamente la parte que no me gustaba. Porque mi instinto no solía reaccionar así.
Durante años había aprendido a controlarlo. Había aprendido que ser omega no significaba tener que comportarme como una criatura indefensa, ni aceptar que cualquier alfa pudiera decidir por mí. Había crecido escuchando suficientes historias sobre omegas que terminaban atrapadas en vínculos que no habían elegido como para comprender perfectamente los peligros de dejar que alguien confundiera biología con derecho.
Por eso había construido una especie de muro alrededor de mí.
Yo decidía quién se acercaba, yo decidía quién me tocaba, yo decidía a quién dejaba entrar y nadie tenía derecho a cambiar eso, sin embargo cuando pensaba en esa rubia había una parte de mí que quería hacer exactamente lo contrario.
Quería acercarme, quería saber más, quería descubrir por qué aquella chica parecía tan asustada cuando me veía, quería saber si siempre se ponía así de nerviosa o si yo provocaba aquella reacción (aunque realmente deseaba que fuera la segunda), quería saber por qué había huido y sobre todo quería volver a verla. La necesidad apareció de una forma tan repentina que tuve que cerrar los ojos durante unos segundos. No, no era normal.
La había visto una sola vez, había hablado con ella menos de un minuto y no podía estar pensando en volver a verla como si llevara una eternidad esperando ese momento.
Abrí los ojos y entonces recordé sus ojos. Azules, demasiado claros, y aquella mirada que había intentado esconder en cuanto me acerqué. Sonreí sin darme cuenta.
—¿Qué mosco te pido ahora? —preguntó Zargarhy levantando su mirada del libro que estaba leyendo, suspire mirando a mi amigo
—Nada.
—Estás sonriendo.
—¿Y?
—Nunca sonríes así.— señalo mientras devolvia la mirada al libro fingiendo que leia,
—Tal vez estoy pensando en algo divertido— me encogi de hombros estirandome