Elysium Code

Capítulo 27 - Operación Elysium

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 05 de septiembre

Hora: 15:16

A pesar de que aún era relativamente temprano y ambos miembros estaban presentes, el laboratorio estaba en completo silencio.

Max se encontraba sentado en el sofá con el celular en la mano, completamente concentrado.

Por otro lado, en la “zona de trabajo” Carlos se encontraba leyendo un manga algo subido de tono.

Max levantó la mirada hacia Carlos.

—¿De dónde sacaste eso, por cierto?

Carlos no contestó.

Max soltó un suspiro.

—Vamos, no te hagas el misterioso...

Frunció el ceño.

—Gastaste los pocos ahorros del laboratorio, ¿no?

El cuerpo de Carlos se tensó visiblemente.

—Eh, no, para nada —contestó inmediatamente.

—Por si no lo sabías, yo también tengo mis ahorros personales.

Resopló sin apartar la mirada del manga.

Max soltó una ligera carcajada.

—Nunca pensé que serías un pervertido de primera.

Carlos puso los ojos en blanco.

—Assistant, a veces tienes que aprender a disfrutar de las pequeñas cosas increíbles de la vida.

—¿Leer un manga erótico es esa cosa increíble de la que hablas? —preguntó Max.

Desvió la mirada hacia el teléfono de nuevo.

En la pantalla se podía observar un chat abierto con una persona llamada Hanah.

Carlos se levantó de la silla.

—No es un manga erótico, tonto.

—Es un ecchi, te digo que es diferente, ¿vale? Además, solo lo leo por la historia.

Se giró hacia Max con expresión seria.

Max puso una expresión divertida y miró a Carlos fijamente.

—Sí, claro. Y yo soy el presidente de Japón.

—¿No crees que deberíamos estar investigando más sobre esa organización?

Se cruzó de brazos, dejó el teléfono en el sofá y se levantó a buscar una bebida.

—Es inútil, no tenemos bebidas ya —comentó Carlos con molestia.

Max bajó la cabeza con resignación.

—¿Por qué no tenemos? ¡Si siempre teníamos!

Carlos negó con la cabeza.

—¿Será porque no estamos yendo a comprar nada? Idiota, te dije que fuéramos hace días.

—Por Dios, ¿y todavía me reclamas por la investigación? —preguntó con una ceja levantada.

Max ladeó ligeramente la cabeza.

—Pues sí, paras todo el día acá.

Carlos se acercó a Max y le dio un ligero golpe en el hombro.

—Idiota, parabas todo el día en el cibercafé... ¿Adónde crees que se fue todo el dinero del laboratorio?

Max abrió ligeramente los ojos como si entendiera las cosas.

—Encima, ahora estás todo el día hablando con esa nueva amiguita tuya... —dijo Carlos.

Frunció ligeramente el ceño.

—Maldito, assistant. ¿Quieres sacarme ventaja? —murmuró en voz baja para sí mismo.

Max soltó un suspiro con resignación.

—¿Hay algún problema con Hanah? Aún ni te la presento.

Carlos se frotó las sienes.

—Qué buena vida tienen los desempleados.

Max abrió mucho los ojos con indignación.

—Oh, discúlpame. “Mr. Work” —se burló en voz alta.

—No sabía que una semana de trabajar con tus padres podía ser tan terrible.

Hizo un énfasis en la última parte y soltó una pequeña carcajada.

Carlos apretó los puños.

—¡Ya te dije que no es con mis padres! ¡Estoy trabajando con mi tío!

De repente, la expresión de Max cambió y la sonrisa desapareció.

Max se llevó una mano a la barbilla unos segundos y entrecerró los ojos.

—¿Tu tío? Creo que sí me has hablado de él.

—Es soldador, ¿no? —preguntó con una sonrisa.

Carlos se dio una palmada en la frente.

—Max, ¿de qué demonios hablas?

—Ya te lo dije, mi tío tiene una tienda de abarrotes, nada más.

Se rascó la nuca, confundido.

—A veces puedes ser un poco más tonto que de costumbre, ¿sabías?

De repente, abrió mucho los ojos.

—No...

—Ahora entiendo...

Max lo miró con desconcierto.

—¿Qué pasó? ¿Qué entiendes?

Carlos bajó la cabeza, derrotado.

—Soy un idiota, cómo no me di cuenta desde el inicio.

Señaló a Max con el dedo.

—Esa mujer, esa tal Hanah, te está lavando el cerebro, ¿verdad?

Apretó los puños y murmuró algunas palabras extrañas en voz baja.

—Claro, ahora todo tiene sentido. ¡Esa mujer te está engatusando para volverte tonto y que mi laboratorio no prospere!

—¡Seguro trabaja para la competencia!

Levantó el brazo hacia arriba y señaló el techo.

—Pero no te preocupes, porque mientras yo esté con vida, ¡no dejaré que mis subordinados caigan en una trampa tan rastrera!

Max escuchó todo en silencio con una decepción visible en el rostro.

—¿Qué bicho te picó ahora?

—Solo dices tonterías, ¿sabes?

Caminó hasta la puerta sin mirar atrás.

Carlos arqueó una ceja.

—¿A dónde vas?

Max giró la cabeza hacia él.

—Voy a investigar, ¿no es obvio?

Carlos esbozó una sonrisa arrogante.

—Oh, así que el desempleado tiene dinero.

—Está bien, vamos a investigar entonces.

Caminó hasta la puerta con movimientos exagerados.

—Al menos así te olvidarás de esa amiguita.

Max forzó una sonrisa.

—Bueno, lo que pasa es que ella me ha dado el dinero.

Carlos abrió mucho los ojos.

—¿¡Qué!?

Max asintió.

—Aprovecharé y compraré algunas bebidas para reponer las del mini refri.

De repente, Carlos agarró a Max por los hombros y lo sacudió.

—¡ASSISTANT!

—OYE, OYE, ¿¡QUÉ TE PASA!? —reclamó Max.

Carlos no pudo ocultar la sonrisa tonta que se dibujó en sus labios.

—Lo estaba pensando mejor y creo que esa amiguita tuya no es tan mala.

—¡Deberías traerla al laboratorio un día de estos!

Con una energía totalmente diferente a la de hace unos minutos, Carlos abandonó el laboratorio mientras silbaba con alegría.

Max cerró la puerta y caminó detrás de él, observando con desconcierto la espalda de Carlos alejarse.




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