Embarazada del mayor D’avenzi

Capítulo 34

Elena

La tensión entre nosotros era como una cuerda a punto de romperse.

Luca ya no disimulaba su frustración. Sus miradas eran más intensas, más oscuras. Cambiaba mis tareas constantemente para tenerme cerca, aunque yo siempre encontraba la forma de escaparme rápido. Las otras sirvientas empezaban a murmurar, pero nadie se atrevía a decir nada en voz alta.

Una mañana, mientras limpiaba el comedor formal, Luca entró y cerró las puertas dobles.

—Elena.

Me tensé.

—Señor, estoy ocupada.

Se acercó con pasos lentos y medidos.

—Deja de llamarme señor. Deja de huir. Deja de actuar como si lo que tuvimos nunca hubiera existido.

Sus manos me atraparon contra la mesa larga.

—Dime qué te pasa —exigió, su voz ronca—. Porque estoy a punto de volverme loco. Te veo pálida, cansada, evitándome. ¿Estás enferma? ¿Te duele algo? ¿Es por el trabajo? ¿Por mí?

Las lágrimas llenaron mis ojos otra vez.

—Luca… no es tan simple.

—Entonces explícamelo —dijo, su frente apoyada contra la mía—. Porque no soporto verte así. No soporto que me mires con miedo en lugar de deseo.

Me besó con desesperación. Sus manos bajaron por mi cintura, apretándome contra su cuerpo duro. Por un momento mi cuerpo traicionero respondió, humedeciéndose, recordando todas las noches en las que me había hecho suya.

Pero el miedo a los cuatro bebés ganó.

Me aparté, respirando agitada.

—Necesito más tiempo —susurré.

—Se me está acabando la paciencia —advirtió, sus ojos grises brillando con posesión y dolor—. Pronto voy a dejar de pedir. Voy a tomar lo que es mío.

Salió del comedor, dejando el aire cargado de tensión.

Esa noche, mientras estaba en mi habitación, escuché sus pasos otra vez frente a mi puerta. Se quedó allí mucho rato. No golpeó. Solo esperó.

Cuando finalmente se fue, me toqué el vientre con ambas manos.

—Pronto tendré que decírselo —susurré a los cuatro bebés que crecían dentro de mí—. Pero tengo tanto miedo…

El Bloque 5 estaba llegando a su punto más alto.

Luca estaba al límite de su control.

Y yo ya no podía seguir huyendo por mucho más tiempo.




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