Embarazada del mayor D’avenzi

Capítulo 39

Luca

Nico golpeaba la puerta con insistencia.

—Luca, abre. Sé que Elena está ahí. Todos en la casa están hablando.

Me levanté de la cama, furioso. Elena intentó detenerme, pero la miré con firmeza.

—Quédate aquí.

Abrí la puerta. Nico estaba allí, con esa sonrisa provocadora que odiaba.

—Hermano… así que es verdad. La sirvienta está embarazada. ¿Y de ti?

Mi puño se cerró.

—Elena ya no es una sirvienta —dije con voz helada—. Y sí, los bebés son míos. Cuatrillizos. Así que mantente lejos de ella.

Nico soltó una risa baja.

—Cuatrillizos… vaya. Siempre tan excesivo, Luca. ¿Estás seguro de que son tuyos? O tal vez…

No lo dejé terminar. Lo empujé contra la pared del pasillo con fuerza.

—No te atrevas a insinuar eso —gruñí—. Elena es mía. Los bebés son míos. Y si te acercas a ella otra vez, te voy a destruir.

Nico levantó las manos, pero sus ojos brillaban con desafío.

—Solo digo que esto va a ser un escándalo. La familia no lo va a aceptar fácilmente.

—Que no lo acepten —respondí—. Yo decido lo que pasa en esta casa.

Cerré la puerta en su cara y volví con Elena.

Ella estaba sentada en la cama, pálida y asustada.

—Luca… esto va a ser un desastre.

La abracé fuerte.

—No. Va a ser nuestra familia. Y yo voy a protegerla con todo lo que tengo.

Esa noche la abracé contra mi pecho, mi mano sobre su vientre, sintiendo por primera vez la realidad de lo que venía.

Cuatrillizos.

Un embarazo de alto riesgo.

Y una guerra con mi hermano y mi familia que apenas empezaba.

Pero por primera vez en semanas, Elena estaba donde debía estar: en mis brazos.

Y yo no iba a soltarla nunca más.




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