Embarazada del mayor D’avenzi

Capítulo 40

Elena

Luca se había vuelto aún más protector y controlador después de descubrir la verdad.

Ya no me dejaba hacer casi nada. Me obligaba a descansar, controlaba lo que comía, hablaba constantemente con el médico privado y había convertido su habitación (ahora nuestra) en una especie de fortaleza.

Pero los celos y la posesión seguían allí, mezclados con una ternura nueva que me desarmaba.

Una tarde, mientras yo descansaba en la cama, entró con el rostro tenso.

—Nico sigue rondando —dijo—. Pero le dejé claro que se mantenga lejos.

Me acarició el vientre, que ya empezaba a notarse un poco más.

—Nuestros hijos —murmuró, casi con asombro—. Cuatro.

Me besó con una mezcla de deseo y protección. Sus manos recorrieron mi cuerpo con cuidado, como si tuviera miedo de lastimarme.

—No voy a perderte —susurró contra mi piel—. Ni a ti ni a ellos.

Esa noche me hizo el amor con una lentitud emocional que nunca había tenido. Fue profundo, posesivo, pero lleno de una devoción que me hizo llorar.

—Te amo, Elena —dijo por primera vez, mientras se movía dentro de mí con cuidado—. Aunque todavía no lo creas.

Y yo, por primera vez, empecé a creer que tal vez todo podría salir bien.




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