Abril, 14 años.
Ya han pasado dos años desde que ese maldito campamento se estableció. Ninguno de los alfas quiso arriesgarse a que fuera en su territorio por miedo a los espías y a que descubrieran sus debilidades, así que se hace al aire libre en la montaña Amanecer. Cada vez es más insoportable ir.
El año pasado, Lev no me dejó en paz: me metió gusanos en la comida, y cuando estaba dormida entró a poner serpientes en mi tienda. Cuando intenté acusarlo, me dijeron que madurara, que esas eran cosas de niños. Así que yo también empecé a hacerle cosas, hasta que nos agarramos a golpes y fuimos a parar al río. Por suerte ahí estaba Caleb para ayudarme; él es el hermano de Lia y futuro Alfa de la manada Luna Creciente. Él es lo único bueno que espero de este campamento: poder volver a verlo. Al principio me preocupó mucho lo del matrimonio arreglado, pero con él no me importaría; si es con él, estaría dispuesta a aceptar. Pero si es con Lev, haría lo que fuera por romperlo, no puedo aceptar algo así con él. Además, mamá lo detesta y no entiendo por qué. Aunque eso me ayudaría a no comprometerme con él, o al menos eso espero.
—Es hora —dice mamá sacándome de mis pensamientos.
—Sí, ya estoy lista —digo.
—¡Abril, más te vale ganar los juegos de este año y no ponerte a pelear con ese bastardo! Fue una vergüenza recibir noticias de que casi te ahogas por pelear con él en vez de estar centrada en las pruebas. ¡No nos hagas ver más débiles de lo que ya nos ven por tener a una mujer representándonos! ¿Entendiste?
—Sí, mamá.
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Editado: 08.10.2026