En contra de Nuestros Instintos.

Lev, Presente

Estoy en medio del bosque a mitad de la noche. Quería despejarme y caminar bajo la luna; ahora estoy acostado en la tierra y el césped, intentando recuperarme. Cada vez que vuelvo a ser yo, me siento agotado y mi cuerpo arde a temperaturas que nadie entiende cómo resisto. Los líderes han preferido mantenerme alejado de los demás debido a mi primera transformación y a cómo perdí el control; les da miedo que vuelva a pasar y tengan que desterrarme, y no por mí, claro, sino por lo que pensarán los demás. Antes no me hacía mucha ilusión transformarme, pero ahora me agrada porque no me siento tan solo. Aunque no hablo mucho con mi lobo, me hace sentir que tengo a alguien conmigo, alguien con quien contar, y eso ya es suficiente para mí.

​—Oye —dice mi lobo.

—¿Qué pasa? —digo incorporándome.

—Tenemos que buscar a nuestra pareja destinada —dice, tomándome por sorpresa.

—Sí, lo sé, a mediados de este año hay una reunión entre manadas para concertar matrimonios, tal vez ahí encontremos a la nuestra —digo.

—No aceptaré unirme a otra persona que no sea mi pareja predestinada —dice cortante.

—Lo sé, pero son órdenes, órdenes que tenemos que acatar. Después de todo, pronto tomaremos el mando de Alfa en nuestra manada.

—Escucha, Lev —me dice—. Si encontramos a nuestra pareja destinada, muchas cosas cambiarán en nosotros para bien, siempre y cuando todo sea controlado. Después de todo, no somos como los demás Alfas; por tus venas corre un antiguo linaje.

—¿A qué te refieres? —pregunto, pero él ya no me responde, aunque todavía siento nuestro vínculo; lo siento como una palmada en la espalda diciéndome que todo estará bien.

​Sigo caminando, pero esta vez por mi cuenta, pensando en lo que él me dijo y en lo del nuevo linaje. ¿A qué se refería? No importa, tengo que encontrar a mi pareja destinada y vincularme, espero que esté en esa maldita reunión...

​Por cierto, ya hace año y medio que no veo a la pequeña lechuza. Aún recuerdo lo furioso que estaba cuando escuché a esos idiotas hablando de ella, eso definitivamente detonó mi transformación. ¿Y si ella es mi pareja predestinada? Me pregunto, y siento a mi lobo inquietarse. No puede ser, porque si fuera así, ella lo odiaría, le daría asco vincularse con un bastardo como yo. Yo tampoco lo soportaría, no podría estar con alguien que juzga y menosprecia a los demás así sin más. ¡Ah, olvídalo!, es hora de volver a la prisión llamada hogar.




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