En contra de Nuestros Instintos.

April

Cierro la carta en un mar de lágrimas. ¿La mi nana se llamaba como yo? ¿Yo soy igual a ella? De alguna forma me siento mejor, ahora sé que no estoy sola. Mi nana sabía de mí antes de que yo naciera; su don era ver el futuro, es simplemente impresionante. Bien, ahora sé por qué mi loba no despertaba: mi nana la selló. Y aunque no entiendo del todo el porqué, me siento más tranquila; no soy la inútil que mamá dice. Hablaré con papá, necesito saber más, encontrar su diario y sentirme más cerca de ella.

​Saco el collar con los dos dijes y me los pongo frente al espejo. «¿Quién será mi pareja destinada?», me pregunto tocando el collar, y no puedo evitar sonrojarme cuando en mi cabeza aparece un nombre: Lev. «¿Qué rayos me pasa?», digo negando con la cabeza, apartando el absurdo pensamiento. Él me odió y yo también, después de todo lo que me hizo pasar y también por desaparecer así sin más. ¿Qué carajos le pasó? He querido llamarlo, pero solo se burlaría de mí.

​—¿April, ya estás lista? —grita papá—. ¡Tu amiga Lia y Caleb ya están aquí!

—¿Qué? ¿Caleb vino? Sí, ya voy —digo retocándome en el espejo y bajando rápido.

​De repente tropiezo, y cuando estoy por tocar el suelo con la cara, siento unos brazos alzarme.

—¿Estás bien? —pregunta Caleb bajándome con cuidado, y mi cara no puede estar más roja.

—Sí, gracias —digo y le doy la espalda.

—Oye, April, ¿qué fue eso? —dice Lia juguetonamente.

—No digas nada —advierto.

Ella se ríe. —¿De qué? ¿De cómo caíste en los brazos de mi hermano y te ruborizaste por eso? —dice moviendo las cejas.

—Oye, no la molestes —dice Caleb uniéndose.

—Es mi amiga, no te metas —dice Lia rebufando.

—Sí, pero es su cumpleaños, compórtate —dice.

—Sí, ya.

—Disculpa a mi hermana —dice Caleb volteándose hacia mí—, ya sabes cómo es.

—Sí, ya sé —digo mirándola con una sonrisa.

—Oigan, no se unan para hablar de mí, eh —dice ella con la boca llena de comida.

—Modales, Lia —dice Caleb, y Lia pone los ojos en blanco.

​Entonces de mí se escapa una risa genuina. Caleb se me queda viendo sorprendido.

—Es muy tierna —digo al fin.

—¿Qué? —me pregunta él.

—Su dinámica de hermanos. Yo hubiese querido tener una.

—Bueno, dejas de pensar eso cuando se meten en todo y toman tus cosas —dice Caleb sonriendo—. Ven, vamos a comer, cumpleañera —dice de una forma que siento cariñosa, y me sonrojo. Diábolos, pienso, contrólate.

—Sí, vamos —digo agachando la cabeza para que no lo note.

​La noche fue muy tranquila y, por primera vez en mucho tiempo, disfruté mi cumpleaños. Me emocionó mucho tener a papá aquí conmigo hoy; él viaja mucho por los negocios y trabaja mucho con humanos normales. Dice que a veces quisiera eso para nosotros: una vida tranquila sin tantas complicaciones. También me alegré mucho de tener a Lia y a Caleb... Pienso sonrojándome aún más: ¿y si él es mi pareja destinada? Dios, si eso es así, ya quiero que venga la reunión.

​Bueno, ya basta de pensar, estoy cansada. Me daré una ducha y me acostaré a dormir; ya mañana pensaré sobre todo y, lo más importante, sobre preguntarle a papá dónde está el diario de la nana.




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