Lev
Estamos en una mesa en un gran salón. Esto parece más una reunión para escoger nuestro futuro; en el altar hay una bola de cristal y un recipiente. Nunca había visto algo así, me parece extraño. Sigo divagando entre mis pensamientos cuando, de repente, siento un calor en el pecho y a mi lobo inquietarse. Me quedo paralizado un momento.
¿Qué me pasa?, digo.
Y mi lobo contesta: Ella está aquí.
¿Aquí?, digo levantando la cabeza. ¿Quién?.
Nuestra pareja destinada.
¿Qué?, digo sorprendido, y empiezo a buscar. Siento algo atrayéndome, así que camino hacia ese lugar, pero de repente la sensación se detiene.
¿Qué pasó?, le pregunto a mi lobo. Ya no la siento.
Algo interfirió, dice. Tienes que estar atento, si vuelve a pasar no la puedes perder de vista, tenemos que encontrarla, solo a ella me uniré.
Bien, digo, y sigo caminando en la que creo que es la dirección a donde me traía esa sensación. Y la veo ahí, junto a sus padres y otra mujer que no reconozco del todo.
April..., y siento mis pupilas dilatarse. Se ve hermosa, pienso para mis adentros; no se parece en nada a la lechuza que molestaba y jalaba de su cabello rojizo. De repente la sensación regresa y ella se paraliza. ¿Ella también lo siente?. Busca entre las personas hasta que sus ojos me encuentran y los abre como platos. ¿Qué? ¿Ella es mi pareja predestinada?, pienso.
Los dos caminamos para encontrarnos, y entonces la gente se dispersa y se nos queda viendo. Carajo, ¿qué está pasando?.
Cuando quedamos al frente del otro, mi lobo se proyecta al igual que el suyo, y un hilo rojo se forma en dirección hacia nuestro corazón. Nuestros lobos aúllan y se acarician como si fueran íntimos de siempre, y yo estoy petrificado, no puedo moverme ni decir nada. Ella está igual, tiene lágrimas en los ojos y solo mira a su loba, no a mí. Carajo, esto es un desastre.
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Editado: 08.10.2026