Llegar a la reunión no era lo que me esperaba. Es en un gran salón y caminar hacia él se siente como caminar por la cuerda floja. Papá y yo nos reunimos con Mónica y mi prima Sofía, quien, al verme, se me quedó viendo de arriba abajo demostrando una sonrisa maliciosa.
—April, hola —dice—. Veo que ya te crecieron los senos.
Sabía que no iba a cambiar.
—Hola, Sofía. Siempre es un gusto verte y veo que te operaste la espantosa nariz que casi sacaba ojos —digo, devolviéndole la sonrisa maliciosa.
—April —interviene mamá—, ¿qué son esos modales? Hace mucho que no vemos a tu prima y ¿así la recibes?
—Ella empezó —digo.
—Déjala, tía. Después de todo, no quiero molestarlos más de lo que los he molestado pagando mi viaje al extranjero —dice en tono triste, y yo solo puedo pensar: «Dios, mejora tus dotes de actuación».
—¿Ves, April? Aprende —dice mamá—. ¿Y qué te pusiste? ¿Y el vestido que te arreglé? ¿Por qué vienes con esto puesto?
—Te ves bien, prima —dice Sofía—. Yo también me lo pondría si quisiera llamar la atención de todos los hombres esta noche.
Siento mi cara ponerse roja.
—¿Cómo te atreves...?
—¡Ya basta! —dice mamá—. Compórtate, estamos frente a otras manadas. No nos avergüences.
—¿Listas? —pregunta papá, quien se habia hido a saludar a los otros alfas.
—Listos —dice mamá restándole importancia a lo mío, como siempre.
—April —dice papá—, ¿por qué estás seria? ¿Todo bien?
Miro a mamá, quien me amenaza con la mirada, así que decido dejarlo así.
—Sí, papá, solo nerviosa.
—Bien, vamos.
Cuando empezamos a caminar, siento de repente una ola de calor que estalla en mi pecho y siento a mi loba. Me quedo paralizada.
—April —dice papá—, ¿qué sucede?
—Mi loba... —digo—. Acaba de dar un brinco, la sentí.
Ellos se sorprenden. Mis sentidos empiezan a agitarse con urgencia, y me quedo paralizada tratando de procesar lo que está pasando.
«¿Qué diablos me pasa?», pregunto al fin en mi mente, y entonces una voz en mi interior habla:
—Él está aquí, él está aquí.
Mi loba me habló, así que me apresuro a decir algo para que no se vaya:
—¿Quién? —digo desesperada, levantando la vista entre la multitud.
—Nuestra pareja...
Intento procesarlo, pero un tirón invisible me obliga a dar un paso y otro. Sofía me toma del hombro y entonces el calor se desvanece tan rápido como llegó, dejándome aturdida.
—¿Qué te pasa? —le grito a Sofía, molesta.
—Lo siento —dice poniéndose detrás de mi madre—. Solo tenía miedo de que te pasara algo, te veías desorientada.
—No estaba desorientada —digo con la voz entrecortada por la rabia—. Sentí que algo me atraía.
—April, no le hables así a tu prima, solo intentaba que no te hicieras daño.
—Ella la interrumpió —digo, y mi loba habla de nuevo:
—April, tenemos que buscarlo... a nuestra pareja.
—Si eres real... —digo—. No puedo perder mi tiempo con ustedes —les digo e intento darme la vuelta, pero mamá me sujeta.
—¿A dónde vas? No voy a dejar que nos avergüences más.
—Suéltala, Mónica —dice mi padre en tono cortante—. Esto puede ser importante para que su loba decidiera despertar.
Siento ese calor de nuevo y mi respiración se agita.
—Ahí está de nuevo —dice mi loba—. Búscalo.
Con el pulso a mil, comienzo a girar la cabeza hacia todos lados y entonces lo veo. Su mirada ya estaba en mí y parece estar en estado de shock. Dejo de respirar por unos segundos y siento que todo me da vuelta.
No puede ser, pienso. ¿Él? ¿Lev? Él me odia, se burlaba de mí y me puso ese horrible apodo. ¿Los sueños eran reales? ¿Él es mi pareja destinada?
La sensación se siente con el doble de fuerza. Damos un paso al frente y otro más, hasta que nuestras caras están a centímetros. Nuestros lobos salen al exterior y un hilo rojo brillante brota hacia nuestros pechos, uniéndonos en un lazo invisible. Nuestros lobos empiezan a aullar y a rozarse con la familiaridad de toda una vida, como si siempre se hubieran pertenecido.
Estoy paralizada, incapaz de mover un músculo o decir algo. Mis ojos se llenan de lágrimas, no de tristeza, sino de un torbellino de emociones. Mi loba acaba de despertar por primera vez y lo hizo solo al sentirlo a él.
Me siento abrumada. No puedo mirarlo a los ojos. ¿Está decepcionado de que sea yo? Pensaré en eso después; ahora solo puedo contemplar a mi loba feliz y completa, ignorando por completo el desastre absoluto en el que acaba de meternos.
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Editado: 08.10.2026