Las miradas de todos pesan, siento cómo me queman la piel, especialmente la suya, la de Lev.
—Esto no puede ser, tiene que ser una pesadilla —balbuceo, mientras doy pasos hacia atrás—. Yo... no puedo... —digo, y salgo corriendo hacia cualquier lado.
—¡April, qué haces, espera! —grita papá.
—Nos avergüenzas —dice mamá, y yo solo puedo correr.
—¡No, regresa! —grita mi loba—. ¡Él es nuestra pareja, él me despertó!
—No puedo —le digo, y mis lágrimas empiezan a salir—, no con él, no con Lev.
Sigo corriendo en la oscuridad, entre los árboles, con las ramas golpeando mis brazos y el sonido de mi propia respiración acelerada llenando mis oídos. El suelo irregular hace que tropiece un par de veces, pero necesito alejarme lo más que pueda de ese lugar.
¿Por qué está pasando esto? ¿Él nos odia... o al menos eso ha hecho todo este tiempo? —pienso con desesperación—. Me detengo de golpe al llegar a un lugar claro del bosque con las manos en mis rodillas, intentando recuperar el aire. Ya no siento a mi loba, supongo que se ha ido o está molesta, siento un dolor en mi pecho, es ella reclamando la presencia de su pareja, pero en este momento no puedo pensar con claridad.
De pronto, un crujido seco a mis espaldas hace que todo mi cuerpo se congele.
El ambiente cambia en un segundo. El aire se vuelve más pesado, un aroma llena mis fosas nasales es tierra mojada y pino, mi loba lo reconoce al instante y empieza a agitarse con euforia.
¿Quién está ahí? -grito, intentando ocultar mi pánico.
—¿Creías que podías huir así tan fácil, April? —la voz profunda y ronca de Lev resuena entre las sombras de los árboles, cortando el silencio de la noche.
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Editado: 08.10.2026