En contra de Nuestros Instintos.

Lev

—Lev, estoy cansada, podemos parar —dice April jadeando.

​—Está bien —digo, y nos quedamos callados, solo con nuestras respiraciones agitadas.

​Empiezo a ver a nuestro alrededor; necesitamos escondernos o nos encontrarán. Nuestros lobos están débiles, por lo que defendernos con su ayuda no es una opción.

​De repente, suena un trueno. April grita asustada y yo no puedo evitar reírme.

​Ella se me queda viendo molesta.

​—¿Te dan miedo los truenos? —digo enarcando una ceja.

​Ella me lanza una mirada desafiante.

​—No es eso, solo me sorprendió.

​—Ajá —digo.

​—Oye, no te burles —dice, y me empuja con una mano.

​Yo la tomo y la jalo hacia mí, limpiando con mi dedo una gota de sudor que caía sobre su mejilla. Nos quedamos viendo por unos segundos y algo en mi pecho se mueve. ¿Qué es esto? pienso. Mi lobo está dormido, entonces, ¿por qué siento esto?. La aparto de manera brusca y me doy la vuelta.

​—¿Qué vamos a hacer? No podemos volver por el mismo lugar.

​—No lo sé —digo—. Sin nuestros lobos en esta oscuridad no podremos orientarnos bien. Y para terminarla de joder, empieza a llover.

​—Carajo —dice April.

​Levanta la vista y apunta a un lugar:

​—Parece que es una cueva, podemos refugiarnos ahí.

​—Puede ser, vamos —le digo, y la tomo de la mano.

​Al entrar, el ambiente es un poco más cálido, protegiéndonos de la fuerte lluvia de afuera.

​—Podemos encender una fogata o algo así —dice.

​—No, eso podría darles nuestra ubicación a los renegados, estaríamos fritos.

​Nos sentamos en el suelo a unos metros de distancia. April empieza a temblar; no sé si es por la adrenalina del momento o por habernos mojado en la lluvia.

​—¿Estás bien? —pregunto con una voz que me sale sorprendentemente suave, muy diferente al tono con el que discutimos hace rato.

​April me mira con sus ojos grises, parpadeando con sorpresa ante mi pregunta. Se abraza a sí misma, intentando calmar el temblor.

​—Eso debería preguntártelo yo —responde, bajando la mirada—. Te lanzaste a pelear contra todos tú solo, pudieron haberte matado. Yo pude habernos matado a los dos con esta estupidez de romper el lazo —dice con un hilo de voz.

​Me muevo un poco hacia ella, sintiendo cómo el dolor sordo en mi pecho se agita levemente al separarnos tanto.

​—Ninguno de los dos sabía lo que hacía, April —admito, pasando una mano por mi cabello con frustración—. Estábamos reaccionando al orgullo... pelear es lo que conocemos.

​Ella guarda silencio mientras juega con el borde de su vestido. Las peleas siempre definieron nuestras interacciones, pero ahora se sentía una calma que se asienta en mi corazón.

​—Mi nana me dejó una carta antes de... antes de irse —dice de repente—. Decía que mi pareja me ayudaría y yo a él. Pero desde que tengo8 memoria tú solo has estado ahí burlándote de mí, odiándome, ¿cómo diablos vamos a ayudarnos?

​Me quedo paralizado, recordando todo de una forma diferente.

​—¿Burlarme de ti? —la interrumpo—. Eras tú la que siempre me evitaba y me veía con desprecio cada vez que respiraba tu mismo aire.

​April voltea a verme con una chispa de incredulidad en su rostro que me desconcierta.




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