—¿Qué pasó en ese entonces, Lev? ¿Por qué desapareciste de repente? ¿Fue por tu transformación? —pregunta April, viéndome con tristeza.
—Yo no quise irme así sin más, April. Me aislaron.
—¿Aislarte? ¿Por qué? —pregunta.
Me quedo callado. ¿Podré decírselo? ¿Y si se asusta?
—Porque cuando me transformo pierdo el control —digo finalmente—. En ese entonces, cuando me llamaste, me sentía tan perdido. Estaba en un campo de entrenamiento practicando una y otra vez mi transformación. Los líderes me mantenían vigilado porque temían que fuera un peligro para la manada. No tenía a nadie. Ese sueño que tuviste tal vez fue real, tal vez sí necesitaba ayuda, y esa llamada, April —digo, sosteniéndole la mirada—, fue todo lo que necesité para seguir intentando y saber que al menos a una persona le importaba un poco.
April me ve con evidentes lágrimas en sus ojos y su agarre se aprieta más fuerte en mis manos. El dolor en el pecho ya se ha ido...
—¿Quieres que te diga un secreto? —dice April—. Yo... hasta hoy conocí a mi loba.
—¿Qué? —digo asombrado.
—Sí, nunca me había transformado, mi loba estaba sellada. En la carta que dejó mi nana decía que solo se liberaría cuando mi pareja predestinada me encontrara, y ahora que la encontré —dice, mirándome—, ella salió.
—Claro, nunca pensé que sería con la persona que más me odia —dice, y sonríe de manera amarga.
Nos quedamos así un momento en silencio. Quiero decirle que no la odio —bueno, no del todo— y preguntarle por lo de hace años. Pero, cuando lo voy a hacer, se escuchan unos gritos.
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Editado: 08.10.2026