En contra de Nuestros Instintos.

Lev

​—¿Qué pasó en ese entonces, Lev? ¿Por qué desapareciste de repente? ¿Fue por tu transformación? —pregunta April, viéndome con tristeza.

​—Yo no quise irme así sin más, April. Me aislaron.

​—¿Aislarte? ¿Por qué? —pregunta.

​Me quedo callado. ¿Podré decírselo? ¿Y si se asusta?

​—Porque cuando me transformo pierdo el control —digo finalmente—. En ese entonces, cuando me llamaste, me sentía tan perdido. Estaba en un campo de entrenamiento practicando una y otra vez mi transformación. Los líderes me mantenían vigilado porque temían que fuera un peligro para la manada. No tenía a nadie. Ese sueño que tuviste tal vez fue real, tal vez sí necesitaba ayuda, y esa llamada, April —digo, sosteniéndole la mirada—, fue todo lo que necesité para seguir intentando y saber que al menos a una persona le importaba un poco.

​April me ve con evidentes lágrimas en sus ojos y su agarre se aprieta más fuerte en mis manos. El dolor en el pecho ya se ha ido...

​—¿Quieres que te diga un secreto? —dice April—. Yo... hasta hoy conocí a mi loba.

​—¿Qué? —digo asombrado.

​—Sí, nunca me había transformado, mi loba estaba sellada. En la carta que dejó mi nana decía que solo se liberaría cuando mi pareja predestinada me encontrara, y ahora que la encontré —dice, mirándome—, ella salió.

​—Claro, nunca pensé que sería con la persona que más me odia —dice, y sonríe de manera amarga.

​Nos quedamos así un momento en silencio. Quiero decirle que no la odio —bueno, no del todo— y preguntarle por lo de hace años. Pero, cuando lo voy a hacer, se escuchan unos gritos.




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