Capitulo F: Parte III
El poder es peligroso en manos equivocadas, es algo a lo cual tuve que enfrentarme desde la infancia, mi padre era un bastardo quien buscaba un poder más allá de sus límites, su esposa, mi madre, sufrió por sus deseos, el siguiente era yo.
Sobre el escritorio tenía decenas de cartas por parte de sus amigos, tardé varios semanas en comprender que usaban un código especial para comunicarse, marcando las letras con un ligero punto, así estas formaban un mensaje especial, tuve que responder a varios de ellos que no tenía tiempo para hablar con ellos, era conciente que no podría tener la mentira por mucho tiempo, todos ellos eran peligrosos, tanto como mi progenitor, ahora el tema es como confrontarlos eran seis, dos de ellos, padres de mis amigos, quienes dentro de poco sufrirán el mismo destino que yo iba tener.
La herida en mi pecho tardó más de lo esperado en sanar, incluso en esos momentos, donde no podía estar frente a escritorio, seguía leyendo desde la cama, incluso Valeria siendo mi mayor aliada, al saber leer, esta me contaba y describe lo que ve en los libros, pude aprender mejores hechizos, me estaba preparando para lo que venía, el siguiente paso, para eso, debía trabajar muy duro, el tiempo, era muy escaso.
- Gabrielle, llevas una semana sin dormir como se debe - exclamó Valeria - te vas a enfermar, tienes que relajarte.
- No puedo - sentencié - he acabado con mi padre, sin embargo, él tenía reuniones todos los meses con su grupo, debo encontrar algo que me sirva, para llegar a un acuerdo de paz, enfrentarlos o simplemente alejarlos.
- Si haces eso, significará tener que enfrentarte una vez más contra tu padre - comentó angustiada - se perdió mucho en su contra, acabar con dos o más, será… peligroso ¿y si simplemente no huyes?.
Dejé las cartas a un lado para mirar a la joven directamente a los ojos.
- Aunque Ewan, mi padre, haya sido un monstruo, en el fondo, vengo de un orgulloso linaje - respondí tajante - mi verdadero abuelo fue un hombre excepcional, mi bisabuelo, mi tatarabuelo, soy chozno nieto de un caballero que estuvo al servicio del rey, incluso mi ascendencia va más allá de eso, mi apellido fue mancillado, debo recuperar el honor perdido por tantos siglos.
- ¿Siglos? - dijo Valeria - pero para eso, tu padre debió nacer hace más de cien años.
- Exactamente eso, descubrí - respondió - mi progenitor, quería mi cuerpo, como dijo en su momento, esta acción la estuvo haciendo desde hace siete generaciones, lo hizo con su primer hijo, le arrebató su cuerpo, tenía un hijo y así sucesivamente hasta llegar conmigo, de hecho, aquí aparece un hombre, su hermano, llamado Allard, con quien tuvo un gran combate, a pesar que lo perdió, logró escapar de él.
- Eso me da mucho miedo - exclamó aterrorizada - un hombre que traiciona a su familia, sacrificó a sus hijos… incluso yo puedo comprender.
La miré sonriente, luego acaricié cariñosamente su cabello.
- No lo digas de esa forma - comentó en tono severo - eres muy inteligente, solo que temes hablar, pero te aseguro, ya lo verás.
- Gracias - respondió - es gracias a tí.
- Yo solo te dí la oportunidad - indicó - tu fuiste quien pudo hacerlo.
En ese instante me abrazó cariñosamente.
Tomé su rostro, sin evitarlo, besé sus labios un instante, la expresión de sorpresa fue muy notoria.
- Perdón, pero no me pude resistir - indiqué -
- Con eso no me vas a convencer de que te deje trabajar - comentó.
- Digamos que eso me ayudará a sentirme mejor - respondí.
Se puso en pie para mirarme severamente.
- Aun así, debes descansar la mente - reprochó - tienes los ojos ya enrojecidos.
- No me queda de otra - comenté - tengo que luchar contra el tiempo.
- Lo sabemos, todos en esta mansión, entienden que ahora puede empeorar las circunstancias, pero no puedes matarte así - indicó - descansa, te lo pido por favor.
Al verla reprocharme, solo pudo causarme ternura, se llevó las manos a la cadera, demostrando su verdadera personalidad reprimida.
- Bueno, tienes razón - comentó - además, así podría pensar fuera de los libros.
Me levanté para recostarme en la cama, junto a mí se quedó Valeria, ambos en silencio, me quedé contemplando su bellos ojos azules que tanto me hipnotizaba, su bello cabellos ondulado que brillaban como el sol, provocan en mi interior, un calor el cual quemaba desde mi interior.
- La verdad, tengo demasiado miedo - comenté nervioso - necesito saber muchas cosas, entre ellas, cómo acabar con este grupo, quienes son, la última vez, casi muero contra mi padre, mató a Olga, este grupo son seis más, no puedo simplemente llamarlos uno a uno.
- Calma, ya habrá una alternativa.
- Ruby y Oliver, también debo ver el tema con ellos - indicó - tengo que llamarlos, pero sin llamar la atención al respecto.
- Di que quieres jugar con ellos - comentó - así, podrías traerlos.
Aquella respuesta tan simple, a una duda tan grande me dejó pensativo.
- No es mala idea hacer una invitación para algo trivial - respondí - una simple visita, creo que estoy complicando todo.
- Si, te puedes quemar los ojos si sigues de esa manera - comentó.
Al ver su preocupación me plantee la situación que sucedía.
- Tienes razón, creo que tomarme un descanso será adecuada - dije suspirando - aunque avance, no será tan eficiente como suele serlo.
- Ves, así que relájate - comentó - duerme un ratito, respira, permite que tu mente pueda descansar.
Rápidamente me envolvió en sus brazos, puede ser que tuviera un fuerte deseo para estudiar, aprender y conocer, pero estar con Valeria, me venció, así que me acomodé en su pequeño cuerpo donde pude dormir, todos los días comparto la cama con ella, pero no deja de ser una agradable sensación estar a su lado, su aroma, la calidez, cuando me toca, quema más que el hierro al rojo vivo, pero es más placentero que nada en esta vida.