En la cama de mi jefe

PRÓLOGO

Victoria

¿Mi bolso? Lo tengo. ¿Los tacones? En mano. ¿Mis bragas? Joder... Eso es lo que busco con desesperación.

Casi puedo asegurar que en mi otra vida fui una espía secreta por la forma en la que me muevo con agilidad por la habitación semioscura del hotel. Todo por esa maldita lista guardada en mi bolso, la culpable de que haya terminado aquí, enredada con un desconocido.

Trato de enfocar la vista para asegurarme de que no dejo nada atrás. El vestido lo llevo puesto, aunque uno de los tirantes está arruinado gracias a la manera salvaje en la que él intentó quitármelo. Bueno, al menos podría exigirle que me lo reponga. Aunque, siendo sincera, no es que me estuviera quejando demasiado... La verdad es que me encantaron los métodos que utilizó para mi satisfacción carnal.

Cuando mi amiga se entere de que me acosté con un completo desconocido, me dirá que estoy loca. Y quizá tenga razón, pero la experiencia valió la pena.

Respiro hondo cuando finalmente visualizo mis bragas, solo para fruncir el ceño al notar que están prisioneras en la mano de mi amante nocturno. Me muerdo el labio inferior, debatiéndome entre quitárselas sigilosamente o simplemente resignarme y salir de aquí con el trasero al aire.

Estiro la mano y rozo la tela, pero él, aun dormido, las aprieta con fuerza. Maldigo en mi cabeza. Como es la primera vez que me encuentro en una situación así, no tengo idea de qué hacer. Tras unos segundos de indecisión, suelto la prenda y tanteo en la oscuridad en busca de papel y un marcador. Cuando finalmente los encuentro, escribo con trazo decidido:

Aquí el pago por tan buena noche. Disfruta lo que me robaste.

Sonrío divertida con mi propio ingenio y me pinto los labios de rojo, dejando un beso marcado en la nota. Luego saco un billete de veinte dólares y lo dejo sobre la mesita de noche. Él bromeó demasiado con esos veinte dólares anoche, así que quiero que esta experiencia, que no volverá a repetirse en mis vacaciones finales, sea divertida hasta el último momento.

Doy un último vistazo a mi amante secreto antes de salir de la habitación con paso ligero. Solo que lo que pensé que no tendría consecuencias, sí las tiene.

Porque semanasdespués, ese mismo hombre aparece en la empresa donde trabajo, presentándose como mi nuevo jefe.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.