Día 15 del 4to Éter al 1 del 1er Nexo del año 535 DLS
Todos repasaban el plan por enésima vez.
Habían logrado contactar con los pocos espías que aún quedaban dentro del palacio. Uno de ellos, Hestagh González, la Nard que suplantaba Nora. El contacto había sido breve y conciso, pero lo suficiente para que los infiltrados comenzaran a poner en marcha sus movimientos.
Ya les habían proporcionado la ubicación exacta de la entrada del túnel subterráneo más cercano al palacio, un lugar que había sido escaneado y verificado en dos ocasiones.
Mientras tanto, no faltaban intensos entrenamientos para preparar a todos para lo que vendría, porque si algo salía mal… había muchas probabilidades de que no volvieran.
Nora no sabía si estaba realmente preparada para todo aquello. Ya había estado en dos emboscadas y sabía lo que era tener sangre ajena en las manos… pero este plan iba un paso más allá. Si salía bien, el “golpe de estado” desencadenaría una rebelión masiva, dejando a El Har, Los Hansa, Nard y Gard en una posición comprometida, incluso vedándoles de sus puestos.
El último día del año 534 DLS se reunieron todos para una última cena antes de partir temprano al día siguiente, durante la festividad del Tándem.
No estaban nerviosos; de hecho, ni siquiera pensaban en lo que les esperaba mañana. Simplemente disfrutaban del presente.
—Entonces sí que lo viste —dijo Aksel a su hermana.
—Eso creo. Pero fue tan rápido que ni siquiera pude saludarlo.
—Bueno, al menos viste a uno de los famosos del momento —sonrió Nora.
—Sí, aunque ya pasó la moda de escuchar a White Glass. Ahora los que triunfan son los Harem —concordó Aisha.
Hablaban de Dylan Nodeis, también conocido como White Glass, un compositor famoso y demasiado atractivo para las chicas adolescentes de hace unos siete años. Su música pop/instrumental había sido opacada por la electrónica automática de los Harem, dos jóvenes que, en los últimos cinco años, cambiaron por completo la forma de entender la música.
La General Emilie escuchaba aquella conversación mientras comía junto al Teniente y el Comandante. Los tres permanecían en silencio, cargando con el peso de la responsabilidad por lo que sucedería al día siguiente.
Emilie pensó que, en realidad, ella nunca había tenido tiempo para seguir modas. Desde muy pequeña se había desvinculado del mundo, y con los años no hizo más que reforzar esa distancia. Había construido una coraza a su alrededor, una barrera que la protegía… y aunque ahora ese muro ya no era tan alto, sí que seguía siendo estable, como si le recordara cada día lo que una vez fue.
—Ha cambiado —dijo de pronto Leo.
La General lo miró, algo confusa, hasta que siguió su mirada y comprendió que hablaba de Nora. Asintió levemente, sin apartar los ojos del grupo, antes de responder:
—Aún le falta por aprender.
—Todos seguimos aprendiendo día a día —dijo Khalima mientras pasaba a su lado con una nueva ración de comida—, porque el aprendizaje es infinito.
—Pero la capacidad de retener depende del tiempo… y de las ganas que le pongas —respondió Emilie distraídamente, jugueteando con un trozo de verdura en su plato.
Khalima ya se había alejado, tomando asiento junto a los demás.
El Teniente parecía ausente mientras comía. Tal vez se sentía incómodo por no estar en su despacho, o quizá tenía la mente demasiado ocupada con pensamientos que prefería no compartir.
Cuando terminaron, cada uno se iba retirando a su respectiva habitación. Cuanto antes descansaran, menos tedioso se les haría el día que los esperaba al amanecer.
El Teniente, que había permanecido ajeno a las conversaciones, se dirigió a Elya con un tono de voz más grave de lo habitual:
—Elya, a mi despacho.
El chico se quedó inmóvil un instante. No sabía si iba a recibir una reprimenda o si el Teniente quería hablarle de otra cosa, pero habría jurado que aquel hombre nunca traía buenas noticias.
Elya lo siguió hasta el despacho, y ambos desaparecieron tras la puerta. Los demás se miraron entre sí, en silencio, sin atreverse a decir una palabra.
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El año nuevo siempre había sido, en la antigüedad, un día de celebración: de pedir deseos y establecer metas que, la mayoría de las veces, nunca se cumplían.
Era un día de festividad, de alegría, de creer —aunque fuera por unas horas— que ese año todo cambiaría para mejor.
En CoNexus ocurría algo parecido. Todos esperaban con ansias ser el elegido por El Har para intercambiar su NCT con otra familia. Ya fuera para aumentarlo o disminuirlo, ser seleccionado era considerado un honor.
Ese día, todos se congregaban en el palacio para presenciar en persona a El Har. Los que no asistían lo seguían por el TeleHom, siendo las probabilidades de ser elegidos exactamente las mismas.
Emilie y Aisha recordaban que, durante la celebración del Tándem, los Nard debían permanecer en el palacio, mientras que los Gard ocupaban sus posiciones estáticas durante toda la festividad.