En manos de un psicópata

Capítulo 28

Intentó mantener los ojos abiertos, pero le fue imposible, para cuando al fin pudo despertarse se dio cuenta que Antonio ya se había ido.

Ha comenzado a vivir en una monotonía, que contrario a lo esperado, le acomoda amargamente. Desayuna cada mañana bajo la atenta mirada de la ama de llaves, Clara, que no deja de ver cada uno de sus movimientos haciéndola sentirse incomoda. No sale del departamento más que solo visitar a su abuela que ha vuelto a caer en coma. Se sienta horas en la silla de visitas y se queda ahí esperando alguna señal de mejora pese a los malos pronósticos del doctor.

Mientras solo el ruido de las maquinas interrumpen el silencio, lee el diario de Tamara Archenal. Y es más difícil de hilar el relato que contiene, hay partes del diario que fueron arrancadas y otras han sido manchadas de manera que no puede entenderse bien.

Hace días que llegué a la mansión de los Fave. La señora Minerva es una mujer extraña, no solo ya comprendí que hay una maldad oscura dentro de ella el día que me encontró mientras intentaba huir de la casa de mi padre. Debo evitarla… suele quedarse a leer en esa horrible sala, donde esas intrigantes cabezas de venado adornan la pared.

—A mi hijo le gusta cazar y traer estos trofeos para mamá —suele jactarse cada vez que mis ojos se detienen en la pupilas negras y oscuras de esas cabezas sin vida.

Su hijo Daniel, mi prometido, parece ser el único que no tiene problemas mentales de la familia, o eso yo creía hasta ese día…

Estornudó con fuerzas interrumpiendo su propia lectura, pero al buscar la siguiente página no hay otra. Se salta a otro día ya que cambia el relato.

Pude escucharlo al fin, su voz, su tono bajo, el sonido del bastón que arrastra por las escaleras. Es Alexander Fave. Daniel me dijo que lo mejor es no verlo, porque su rostro putrefacto y su cuerpo deforme podrían causarme un colapso. No soy una mujer débil y lo sabe. Sabe como viví despreciada por mi padre, y torturada por mi hermana y su madre. Prácticamente fui regalada a la familia Fave. Ninguna otra familia entregaría a su hija luego de la desaparición de las otras diez primeras prometidas de Daniel.

Sin embargo, la curiosidad es fuerte, y no pude evitar salir al encuentro de quien llaman monstruo… ¡Dios mío, nunca antes había visto una mirada cargada de tanto resentimiento y dolor! Alexander es… en realidad un monstruo y me quedé paralizada embargada en esos ojos mientras se detenía frente a mí. Él mata a las prometidas de su hermano y de seguro ahora será mi turno… es lo que pensé, pero antes de que se acercara me levanté tomando una de las figuras de yeso con que le di en la cabeza y la sangre brotó.

Lo maté… ¡Maté al monstruo!

Y con estas lúgubres palabras no había nada más. Susana buscó más páginas, pero todas estaban arrancadas, salvó unas palabras que encontró en medio de las hojas en blanco.

A mi querido y amado esposo. Alexander Fave

Y luego solo hay viejas boletas de un psiquiatrico y una receta de un médico que habla del medicamento que se le debe administrar a la paciente debido a su psicosis y alucinaciones. No especifica nombre de la paciente, pero Susana cree que se trate de la misma Tamara Archenal.

Tal vez asesinó a ese tal Alexander Fave, pero al casarse con Daniel lo comenzó a confundir y se creyó casada con aquel que llamaban monstruo. Y eso terminó por volverla loca y murió en un manicomio debido a que también encontró un trozo de diario donde se habla de un incendio en donde murieron varios pacientes.

Volvió a estornudar con fuerzas y cerró el diario sintiendo un escalofrío al pensar en la mujer que escribió cada relato. Si ella fue la bisabuela de la familia significa que alcanzó a dar a luz, ya sea antes o después de enloquecer ¿Será Tamara Archenal la maldición de los Fave a lo cual su abuela se refería?

Quisiera preguntarle, pero la anciana no ha abierto sus ojos desde la vez que habló con ella. La contempla en silencio y comienza a sentir tanto frio que sobó sus hombros. La mujer mayor de cabello blancos atados en una larga trenza parece dormir, luce tan frágil y acabada que quien la viera aquí no podría creer que es la misma mujer segura y severa de hace un año atrás.

Comenzó a temblar debido al frio que comenzaba a sentir en la habitación del hospital, pero no puede subir la temperatura sin preguntar primero si es posible hacerlo. Aunque las enfermeras suelen interrumpir constantemente, ahora que las necesita no aparece ninguna.

Sin pensarlo palpó su vientre, aquel ya ha crecido lo suficiente para que su embarazo ahora sea más visible.

—¿Señora Fave? ¿Sigue aquí? Buenos días —exclamó la enfermera mientras entraba a la habitación.

Al verla, Susana pensaba primero corregirla, el apellido Fave dejó de ser suyo hace un tiempo. Pero solo se colocó de pie de inmediato y preocupada le hizo el alcance sobre la temperatura del lugar. La joven mujer alzó ambas cejas yendo a comprobar la temperatura.

—Es cierto —respondió sin mostrar sorpresa lo que hizo que Susana la contemplara con atención—, desde ayer en la noche comenzó este problema, la temperatura comienza a bajar sin control.

—¿No deberían entonces trasladarla a otra habitación? —preguntó mientras la enfermera, luego de adecuar la temperatura, hacía la revisión periódica a la anciana.

—No hay otra sala disponible,  —señaló sin mirarla—. A menos que el familiar tutor haga una petición formal.

Susana se quedó en silencio, ahora no es ella la tutora de su abuela, cuando abandonó a la familia Fave, dejando el apellido y deshaciéndose de todas las conexiones legales, ya no es parte de ellos. Ni siquiera como la esposa de Antonio hasta ahora no le ha preguntado si siguen casados o no.

Ya no tiene una identidad a la cual aferrarse a la cual sentirse ser parte. Tensó su rostro sentándose en el sofá de visitas al sentir cansancio en sus piernas. En esta posición sintió unas pequeñas burbujas dentro de su vientre y se llevó la mano a su cuerpo sorprendida por esta nueva experiencia.




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