Aún estoy intentando decidir si aceptar venir a esta fiesta fue la peor idea del mundo o la mejor.
Apenas estacionamos, la música comenzó a retumbar desde el interior de la casa, resulta que las fiestas universitarias son en casas inmensas, hay mucha gente mayor que yo, y sobre todo mucho alcohol, Lucas no se ha separado de mí ni tan sólo por un segundo, de echo, ni siquiera ha querido soltar mi mano.
La fiesta es exactamente igual a cómo alguna vez la llegué a imaginar, es cómo estar dentro de una película, y honestamente me encanta más de lo que llegué a imaginar que lo haría.
Me siento normal por un segundo, es cómo si mi vida hubiese tenido un cambio rotundo y el interruptor en mi cabeza se hubiese actualizado con la palabra social. Por un momento me visualicé en el futuro, saliendo de fiesta después de un día largo de universidad, por un momento me permito ser normal, me permito disfrutar este momento, así que hago lo que mi mente me ordena, me acerco hasta el oído de Lucas para que logre escucharme y le pido un trago.
La barra está detrás de nosotros, a tan sólo un par de metros, así que me suelta para caminar hacia ella, sin perderme de vista ni por un segundo pide las bebidas.
No he tomado grandes cantidades de alcohol en mi vida, pero sé que con al menos un vaso de él no me volteará los pensamientos, por el momento, mis pensamientos ya están de cabeza desde que Lucas tomó mi mano por primera vez esta noche.
Él es un grandioso amigo.
Y me lo he estado repitiendo desde aquel día en el acantilado, mi estómago está revuelto entre muchos sentimientos sin explicación, es difícil fijarse en alguien cuando estás deprimida, porque cuando lo haces crees que es tu propia mente jugando contigo misma, crees que lo utilizas cómo una distracción para dejar de estarlo, y justamente por eso lo mantengo en mi cabeza.
Porque no quiero que piense que me aprovecho de él, no quiero volver incómodas las cosas entre nosotros, no cuando finalmente estoy sintiendo algo más que tristeza.
Sé estar sola, lo he sabido estar desde que soy una niña, soy bastante independiente desde que dejé los pañales, y es por eso que sé que no estoy estableciendo mi amistad con Lucas por dependencia, lo estoy haciendo porque quiero tenerlo en mi vida.
No acepto a las personas en mi vida porque las necesite, las acepto porque realmente me interesa tener algún vínculo con ellas, las acepto porque así lo quiero.
Es por eso que Lucas derribó mis barreras, porque él es alguien que estoy aprendiendo a querer, él es alguien que vale la pena.
Y por eso es tan jodidamente difícil cuando vuelve con mi trago y vuelve a sujetar mi mano.
Lo es porque el remolino en mi estómago vuelve a hacerse presente y lo único que pienso en hacer es en no soltar su mano.
Bebo mi bebida de un sólo sorbo y miro a Lucas una vez más, sólo una última vez.
—Quiero otro. —musito con una pequeña sonrisa, su boca se abre un poco quizás asombrado, pero después sonríe.
—Te traeré uno más.
Tras su respuesta se aleja de mí para traer otro más, no puedo respirar con tranquilidad porque una vez más ya está junto a mí, me extiende mi trago una vez más y sonríe despacio.
—Hazlo durar, ¿si? —murmura con una pizca de diversión en su tono.
Y aunque intento hacerle caso a sus palabras me resulta imposible cuando su mano toma la mía una vez más, doy un sorbo pequeño intentando no pensar en eso, no debo confundir su amistad con algo más, sólo intenta ser amable y mostrarme el lado social de la vida.
Estoy en una fiesta.
Y no tengo ni una pizca de nerviosismo por estar aquí, al contrario, me siento valiente, me siento cómo si al estar aquí pudiera ser capaz de todo.
Nadie me observa, a nadie le importa cómo voy vestida, cada quién está en su mundo, y las pocas personas con las que he cruzado miradas me han sonreído.
—Desearía ser universitaria. —menciono en voz alta sobre la música mientras le doy un trago a mi bebida.
Lucas me brinda una sonrisa divertida antes de negar con la cabeza.
—El tiempo pasa muy rápido, disfruta el momento.
Suelto una carcajada ante su respuesta terapéutica, tengo que beber más para evitar reír más fuerte.
El tiempo pasa en un suspiro, puede parecer eterno o puede parecer efímero, depende de la perspectiva y de los sentimientos.
Cuando estoy con Lucas el tiempo parece efímero, me gustaría que pasara más lento, poder disfrutar cada segundo sin sentir que el tiempo no está pasando, pero la verdad es que puedo estar con él durante horas y sentirlo como minutos.
En cambio cuando estoy sola en casa, y con miles de sentimientos y pensamientos carcomiéndome la vida, el tiempo parece ser eterno, y únicamente ruego porque pase más rápido.
Quiero ser universitaria para dejar el bachillerato finalmente, pero a la vez no quiero serlo porque eso significaría ver a Lucas menos tiempo del que me gustaría.
Así que en respuesta simplemente me encojo de hombros, sin admitir mis dudas y mis sentimientos.
Observo lentamente a mi alrededor, la gente está dividida en secciones, los que platican, los que se besan, y los que bailan, la casa es realmente inmensa, parece una mansión, a pesar de haber tanta gente sigue sobrando espacio para moverse.
Me gustaría bailar, pero aún no estoy lo suficientemente borracha para hacerlo.
Cuando me giro a pedirle a Lucas una bebida más, me doy cuenta que no está sólo, en total hay cinco pares de ojos observándome fijamente con curiosidad, me siento como una rata de laboratorio ante sus miradas y sonrisas indiscretas, no hay manera en la que no me estén mirando a mí.
El primer pensamiento que llega a mi mente es salir corriendo, si tan sólo fuese posible pues Lucas sigue sujetando mi mano, así que me inclino hacia la segunda opción, sujetar la mano de Lucas con fuerza y rogar a que entienda mi indirecta sobre lo incómoda que me siento ante sus miradas.