Aquella tarde, Iker encontró a Sol sentada en una banca del parque donde acostumbraban reunirse. Llevaba una chaqueta ligera y tenía el cabello recogido. Cuando lo vio acercándose, levantó una mano para saludarlo.
__ ¡Por fin! pensé que te habías perdido.
Iker no respondió, se quedó mirándola. Sol tenía las mejillas sonrojadas, los ojos llenos de vida y aquella sonrisa que él había intentado recordar durante tantas noches después de su muerte.
Ella frunció el ceño.
__ ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara?
Iker negó con la cabeza.
__ No. Es que…
Se acercó y la abrazó. Sol abrió mucho los ojos
__ ¡Iker! ¿Desde cuándo eres tan cariñoso?
Él escondió el rostro en su hombro.
__ Desde que comprendí que no quiero perderte.
La expresión de Sol cambió.
__ Oye, ¿estás seguro de que te encuentras bien?
Iker se apartó ligeramente y sonrió, aunque sus ojos estaban húmedos.
_ Prométeme algo.
__ Depende. Si quieres que te preste dinero, la respuesta es no.
Iker soltó una carcajada. Era exactamente el tipo de respuesta que esperaba de ella.
__ No es eso.
_ Entonces, habla.
__ Prometeme que, si algún día te sientes mal, me lo contaras. Aunque pienses que no es importante. Aunque creas que puedes resolverlo sola.
Sol lo observó con curiosidad.
_ Te lo prometo. Pero ahora me toca a mí pedirte algo.
__¿Qué?
_ Que dejes de comportarte como si mañana fuera a acabarse el mundo.
Iker bajó la mirada.
“Si tan solo ella supiera cuanto se había acercado a la verdad.”
_ Esta bien _ contesto _ .Lo intentare
Sol sonrió y le tendió la mano.
__ Vamos. Quiero comprar algo de comer.
Iker tomó su mano. Mientras caminaba, hizo una promesa silenciosa. Esta vez, Sol no tendría que enfrentarse sola a ningún dolor. Y si el destino intentaba arrebatarsela, tendría que enfrentarse primero a él.
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Editado: 20.10.2026