Enamorar al Príncipe

Capítulo 4

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—Mira a quién han dejado libre. —El príncipe Dilan golpeó la espalda del príncipe heredero—. ¿Qué se siente ser el centro de este banquete?

—Bueno, no es muy diferente a todas las otras veces —dijo la princesa Arwen con diversión—. Mael siempre encuentra la forma de opacar a los demás.

Mael de Aldawen vio a sus primos, negando la cabeza pero con una mueca de risa en sus labios.

—Saben que no es así.

Su mirada azul volvió a posarse sobre mí y quedé hipnotizada por la forma en la cual comenzó a observarme. De una forma tranquila, pero decisiva. Como si necesitara recordar cada detalle de mí.

Sus ojos se movieron por cada parte de mí, desde mi cabello hasta mis tacones, solo para volver a posar su mirada en mi rostro.

Se sentía como una caricia gentil. Similar a la brisa de verano sobre mi piel.

Nuestras miradas se encontraron y fue como si lo demás a nuestro alrededor desapareciera. Me sentí acogida en el mar azul de su iris y los nudos apretaron mi estómago de una forma que nunca antes había sentido.

Era extraño y desconocido, pero, extrañamente, para nada incómodo.

Es más no recordaba la última vez que me había sentido tan a gusto en la presencia de alguien que no fuese mi círculo cercano.

Sentimientos contradictorios comenzaron a brotar en mis pensamientos y mi parte racional hizo saltar las alertas.

Porque eso era peligroso.

Lo que apretaba mi estómago era una sensación vertiginosa e incontrolable. Y lo que menos necesitaba en ese momento era algo que no estuviese en la palma de mi mano.

Decidí que era momento de actuar como mis padres me habían enseñado.

Como toda mi casa esperaba que me comportara.

—Su Alteza Real. Soy Dyna de Epecto, un gusto conocerle.

Hice una pequeña reverencia, agradeciendo como nuestras miradas cortaron la conexión cuando bajé mi cabeza.

Esos dos segundos que duró mi saludo fue lo necesario para calmar todo en mi interior.

Y aclarar recordar por qué estaba ahí.

—Espero que esté disfrutando la velada, señorita Dyna.

Había una pequeña sonrisa perfilando sus labios cuando volví a enfocarme en su rostro.

—Así es, Su Alteza. Agradezco profundamente la invitación para el día de hoy.

—Una sorpresa, eso es seguro. —Agradecí la interrupción del príncipe Dilan, ya que pude desviar mi mirada con justificación—. No esperaba ver a Dyna el día de hoy.

Esa frase sorprendió al príncipe heredero.

Su cabeza se volteó con rapidez hacia la de su primo, enarcando una de sus cejas.

—No sabía que ya se conocían.

Hubo algo diferente en cómo esas palabras salieron de él. Más tensas. Más densas.

Sin embargo, tal vez solo fue mi imaginación, ya que Dilan de Elish asintió con una sonrisa.

—Trabajamos en conjunto hace un año. Dyna es voluntaria en un centro de rescate y protección animal.

—Y yo tuve una clase con ella hace tres años. —Arwen de Elish me sonrió y yo le devolví el gesto, genuinamente agradecida por la intervención de los hermanos—. Nunca me había sentido menos inteligente que compartiendo clases durante todo un semestre con ella.

Una risa se escapó de mis labios, por la exageración de esa declaración.

—Eso es una exageración, Alteza. Si mal no recuerdo, hubieron muchas veces donde quedé en segundo lugar cuando el primer lugar fue tomado por usted.

La princesa solo asintió, mostrando una petulancia que sabía que solo era una careta.

—¿Dónde estudió, señorita Dyna?

Volví mi mirada al príncipe heredero, lista para no mantener mi postura firma e inquebrantable, aún bajo sus atentos ojos azules.

—En la universidad de Moviero, Su Alteza.

—¿Y qué carrera eligió?

—Economía.

No parecía sorprendido y supuse que no era información nueva.

Después de todo, cada pedazo de las diez candidatas había sido televisado sin para por los últimos cinco días.

Esperaba que el encargado de elegir a una mujer de esa lista supiese lo básico de cada una de nosotras.

—Es algo interesante elegir trabajar en un centro en vez de un lugar dónde puede mostrar de mejor manera lo que estudió.

Asentí.

—Igual utilizo lo aprendido en el centro, pero tiene razón al decir que podría haber elegido otro lugar de trabajo. —Recuerdos amargos de las incesantes presiones de mi padre para elegir otro lugar de trabajo volvieron a mi mente, y los alejé tan rápido como llegaron—. Siendo sincera, la satisfacción que siento al terminar mi jornada no la puedo reemplazar con nada. Soy feliz trabajando ahí.

Y esa era la verdad.



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En el texto hay: romance, amor, realeza

Editado: 20.10.2026

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