Entre Alas Oscuras [sin editar]

1 - El destino, el karma o ambos

Siete de abril.


     —Yo no quería que esas muertes sucedieran, Vanina, hubiese hecho todo a mi alcance para que las cosas terminasen mejor. Habría salvado a tu hermano, él era importante para mí. Pero no pude hacer nada más, perdón... —suelta Emma al borde del llanto.
     —¿En serio no pudiste hacer más nada? Porque hasta lo que yo sé, tuviste la oportunidad de entregarte mucho antes de la batalla. Te estaban siguiendo de cerca y una parte de vos lo sabía, ¿o no dijiste que te sentías observada todo el tiempo? ¿No fue una de las cosas que contaste sobre ese año, eh?
Mis palabras son recibidas como flechazos en el corazón de la pobre pelirroja, quien finalmente deja salir la cascada de lágrimas que tanto estuvo soportando. Una sonrisa de satisfacción se forma en mi rostro celebrando la pequeña victoria.
     —Suficiente, Vanina —interviene el hombre de grandes músculos, quien responde por el nombre de Frederick—. Sígueme hasta la sala de conferencias, tendremos una larga conversación sobre tu actitud, señorita.
     Él se encuentra con los puños cerrados, actitud que no es habitual, y algunas venas resaltan en sus brazos producto de la fuerza que está ejerciendo; está totalmente furioso por mis palabras. Pero, ¿qué puedo hacer? Emma es una persona que ni en un millón de años podría tenerle aprecio, así que se merece que sea cruelmente sincera con ella. Ella es mi némesis. Y yo, bueno, yo soy su peor pesadilla.
     Me marcho contenta detrás de Frederick aunque el camino se torna largo y silencioso, donde los únicos sonidos que resuenan son las profundas pisadas que el hombre deja sobre el suelo blanquecino, y de vez en cuando el chirrido de las zapatillas prestadas que llevo puestas, las cuales me entregaron apenas llegué a la base junto a Jev. En mi memoria, como si se tratase de un sueño borroso, tengo todavía las imágenes del caos que había dentro de la prisión al descubrir nuestro escape, donde logramos salir gracias a las esferas de luz con llamas verdosas que podía crear a partir de la iluminación de las habitaciones. No puedo olvidar la mirada que tenía Jev sobre mí, perplejo ante la situación, ni él ni yo podíamos digerir lo que estaba ocurriendo en aquel momento.
     Perdida en mis pensamientos, no noté que ya estamos frente a dos grandes puertas corredizas de metal. Encima del marco, un cartel anuncia "Sala de conferencias A". Frederick acerca su muñequera a una especie de control de mando, la escanea y verifica que esté autorizado para poder acceder al sitio, apareciendo un tic de color verde en la pantalla. Las puertas se abren y el hombre me hace una seña para que pase primero, por lo que decido hacerle caso y entrar a la sala de tonalidades blancas, similar a los pasillos donde estuvimos transitando.
     —Vanina, debemos charlar sobre tus actitudes hacia Emma —Señala el asiento que se encuentra frente a él, obligándome a seguir sus instrucciones, para luego encorvarse y apoyar sus manos sobre la típica mesa larga para reuniones—. Sé que es difícil, pero...
     —Y ahí arrancamos el discurso... —susurro sarcástica, me cruzo de brazos. Noto la mano izquierda de Frederick cerrarse en un puño, dando por entendido que mis respuestas afectan fácilmente la paciencia de aquel hombre. Así que, ¿por qué no jugar con ello para probar su límite? Escucho que suspira cansado, por lo que desvío la mirada para evitar estallar en carcajadas ante el mínimo contacto visual con él.
     —No deseas escucharlo ni yo deseo ser molesto, pero me demuestras lo contrario. Aun así, iré directo al grano: ¿podrías ser más sensible con ella? Está reparando cada uno de los errores que cometió durante y después de la batalla, incluso en los que ella no tuvo la culpa. Es lo único que quiero pedirte, Vanina.
     Me mantengo en silencio por un minuto, donde él no hace movimiento alguno, probablemente esperando mi respuesta. Dirijo mi mirada hacia sus ojos color tierra, dispuesta a ver su expresión cambiar, segundo a segundo, cuando lo haga perder la paciencia con una sobreactuación salida de alguna telenovela barata:
     —¡Oh, claro Frederick! Le diré a Emma lo mucho que lo siento por haber sido tan cruel con ella. Le diré: ¡Lo siento tanto, Emma! ¿Puedes aceptar mis disculpas y permitirme comenzar de nuevo? ¡Prometo que seremos las mejores amigas que el multiverso siempre ha querido para nosotras! Te lo pido de rodillas y con una mano en el corazón.
     Frunce el ceño, achina sus ojos, suelta un bufido, aprieta sus labios, empieza a respirar con cierta dificultad como si le faltara el aire. Todo en un instante. Parece un toro a punto de atacar, y si "el que torea al toro se aguanta la cornada" yo estoy lista para sobrevivir a los cuernos.
     —¿Puedes...? Agh, ¿puedes dejar el sarcasmo para otra ocasión? Tómate en serio lo que estoy hablando. Date una oportunidad para conocerla, quizás encuentren similitudes y puedas cambiar tu concepción de ella.
     Suelto una carcajada sarcástica.
     —¿Te pensás que es tan fácil como soplar y hacer botellas? No lo es. Acepto que me hagas esos estúpidos exámenes, pero yo no quiero relacionarme con ella de ninguna manera, ¡no quiero el mismo final que mi hermano! ¡No quiero morir defendiendo a alguien que ni siquiera me importa! —Mi columna vertebral arde de nuevo y comprendo que se trata de mis alas queriendo salir. Estoy tan furiosa por las palabras de Frederick, no quiero ser algo de Emma, ya sea su compañera o su amiga. Por culpa de la existencia de la magia perdí a la única persona en la que siempre confié, perdí a Henry, al único que depositó esperanza en mi futuro. Soy lo que soy debido a su pérdida. Tenía tan solo nueve años, no estaba lista para verlo morir. Si él hubiese tenido poderes, tal vez seguiría a mi lado y yo habría sido feliz. Te odio, Emma. Te odio con toda mi alma envenenada de rencor y venganza.
     —¡Basta, Vanina! —grita, expulsando parte de su furia—. ¿Acaso piensas que eres la única afectada? ¡Aquí dentro también hay personas y familias deshechas por los acontecimientos ocurridos en la batalla hace tres años! ¿Crees que a mí no me duele cada una de aquellas muertes? ¿Crees que no extraño a cada uno de los estudiantes que cayeron aquel día? Henry era de los mejores estudiantes de su generación y dio todo por la causa. Yo también lo extraño, a él y a todos los que se sacrificaron para derrocar a Katarina de una vez, aunque no haya funcionado... —Su voz se rompe con las últimas palabras, mientras sus ojos color tierra tienen una capa cristalina y está a punto de desbordar en lágrimas tristes, arrepentidas, dolidas. No me dejo conmover, por lo que me levanto del asiento y, meneando mis caderas anchas con cierta exageración, me dirijo hacia las puertas corredizas.
     —Bueeeeno, suponiendo que ya terminamos esta absurda conversación...
     —¿¡Absurda!? ¿¡Crees que mis palabras están siendo absurdas!? Entonces resultará más absurdo asignarte una tutora de entrenamiento para darte las enseñanzas básicas sobre el control de los poderes faireers —Hay una pequeña pausa de suspenso y continúa con calma—: luego de tus exámenes médicos comenzarás a entrenar con Emma.
     Abro la boca estupefacta, como cuando en los dibujos animados se les cae hasta el suelo. Y de pronto otra oleada de furia me invade, volviendo a encender una llamarada a través de mi columna vertebral que amenaza con transformarme en cualquier instante. Me retiro dando pisadas fuertes, evitando caer en la tentación y sentir otra vez la magia fluyendo dentro de mí.
     Tengo la certeza de que Frederick no cambiará su decisión, no importa cuán bien me comporte o cuánto le reproche. Eso me enfurece más. ¿Emma como tutora? Sigo sin poder digerirlo bien. No puede estar pasando, ¿esto es una jodida broma del universo? ¿O del karma? ¿El destino actuando con crueldad? No lo sé, pero, sea quien sea, acaba de ganarse un pase directo al rincón de mi mente donde habitan aquellas cosas que detesto demasiado. Emma, por ejemplo, es quien creó esa parte de mí el día que Henry se sacrificó por ella.




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