—Aquí la única que no conoce su lugar eres tú. ¿De verdad quieres tratar a Everly, de prostituta, cuando todos sabemos que la reina de todas las prostitutas, eres tú?
Valeria no se hecha atras, levanta la barbilla y me enfrenta
—¿Me vas a decir que la defiendes tanto solo por ser tu asistente?. Vamos, Maxwell. Tú no quieres a nadie. No demuestras afecto por nadie. No vengas a decirme que la defiendes solo porque es buena persona.
Me quedo unos segundos mirándola, analizando en silencio lo que acaba de decirme. En otro momento, sus palabras me habrían afectado de otra manera, pero desde que Everly volvió a mi vida, eso cambió.
Me enderezo lentamente, sin dejar de mirarla.
—Tienes razón. No me importa nadie. Nunca me ha importado ningún empleado y, como bien dices, apenas si tengo afecto por mi familia.
Puedo ver cómo empieza a formársele una sonrisa en la cara a Valeria.
—Pero las cosas cambiaron. Everly no necesita meterse en mi cama para que yo la quiera, ni para que le tenga afecto, ni para que la defienda de hipócritas como tú. —la sonrisa se le borra— Ella se lo ha ganado siendo simplemente ella. Eso es algo que tú nunca vas a entender, porque toda tu vida te la has pasado fingiendo ser una dama cuando, en realidad, no eres más que una...
—Bueno, bueno, por favor, calmemonos. No es necesario que entremos en conflicto—interviene Christopher antes de que yo diga alguna barbaridad.
En ese momento, me doy cuenta de que Everly me está mirando en silencio. Y eso es todo un acontecimiento, porque que Everly esté callada no es algo habitual.
Me giro para mirarla. Me encuentro con sus ojos y no logro entender qué está pensando. No me mira enojada ni sorprendida, sino como si me estuviera analizando.
—Tienes razón —le digo a Christopher, sin quitar los ojos de Everly—. No hace falta que discutamos.
Me doy la vuelta y vuelvo a mirar a Valeria.
—Nuestra sociedad termina en este instante.
Valeria se ríe.
—Por favor, sabes que, si terminas el contrato, tendrás que pagarme una suma exagerada de dinero. Así que deja tu papel de macho protector.
—Sé perfectamente bien qué es lo que voy a perder y qué es lo que no. La decisión está tomada. Mis abogados se comunicarán con los tuyos para darte tu liquidación.
Valeria se queda con la copa a medio camino de la boca, sorprendida, mirándome. La risa se le borra de la cara.
—¿Estás hablando en serio? ¿Vas a perder miles de millones por esta mujer?
—¿Miles de millones? —Escucho cómo Everly susurra, medio asustada— Maxwell…—Me toma del brazo.
—La decisión está tomada. Tú y yo no tenemos nada más de qué hablar.
Me giro hacia Christopher.
—Christopher, el almuerzo tendrá que quedar para otro día.
Christopher se queda sin palabras. No espero a que me dé una respuesta. Tomo a Everly de la mano y salgo del restaurante con ella.
Estamos llegando al auto cuando Everly empieza a tironearme para que me detenga.
—¡Maxwell, por el amor de Dios, para!
Me doy la vuelta.
—¿Qué?
—¿Estás loco? ¡Acabas de perder miles de millones!
—Sí, lo se —respondo, encogiéndome de hombros.
—¿Cómo que lo se? ¡No puedes perder miles de millones así como si nada!. —Da un pisoton en el piso— A ver, sé que eres millonario, pero, igualmente, ¡son miles de millones! ¡Miles de millones! Te van a hacer daño.
—Ay, por Dios —continúa, llevándose las manos a la cabeza—. Te juro que yo no quería hacer esto. No era mi intención.
Everly mira al cielo, se agarra el pecho y empieza a hablar sola.
—Yo y mi maldita bocota. ¿Por qué no me puedo callar?
La miro mientras hace su teatro y me dan ganas de reírme. Ella vuelve a mirarme y se acerca a mí juntando las dos manos, como quien ruega.
—Por favor, por favor. Yo no quiero que pierdas tantos miles de millones por mí. Mire, no, no es necesario que se pelee con ella. O sea, sí, es una maleducada —dice, medio enojada.
Pero enseguida su expresión cambia y vuelve a mostrar preocupación.
—Pero tampoco es para que pierda tantos miles de millones y la despida. Yo haré como que nada pasó y, si vuelve a decirme algo, yo me hago la tonta. Puedo hacer el esfuerzo de hacerme la tonta y fingir que no escuché nada.
Me quedo mirándola por unos segundos.
Mierda, quisiera comérmela a besos en este mismo instante.
Me acerco y tomo sus manos separandolas, sin soltarlas.
—Primero moriria antes que permitir que te falten al respeto —Doy un paso mas cerca de ella quedando a tan solo centimetros de su rostro— Segundo, si son miles de millones pero no me afectan en lo mas minimo, mañana seguire siendo millonario.
Everly da vuelta los ojos y resopla —Por supuesto..
—No hagas eso —suelto en tono de advertencia
—¿Que cosa? —ella se rie poniendo cara de inocente
Nos quedamos asi, en un silencio comodo solo mirandonos estando a escasos centimetros uno del otro. Puedo sentir su aroma dulce y el calor de su cuerpo. Miro sus labios y se perfectamente bien que solo necesito inclinarme unos centimetros para probar sus labios.
Ella ya no tiene una sonrisa en el rostro. Me mira expectante, sus ojos estan analizandome, lo se.
Me alejo de ella un paso y me inclino para abrirle la puerta del auto
—Debemos volver a la oficina
Ella me observa por unos segundos mas hasta que finalmente asiente y sube al auto. Cierro la puerta y me tras el volante. Arranco y el trayecto a la empresa transcurre en silencio. No es incomodo, con ella nunca lo es.
—Traes el anillo
No fue una pregunta, fue una afirmacion. Yo llevo mis ojos a mi dedo anular donde todavia tengo el anillo de fantasia de nuestro casamiento ficticio.
—Por supuesto. Ahora soy un hombre casado
—No tienes que usarlo —ella se rie— Solo fue un juego
—Para mi no