Cielo
El sonido de alguien llamando a su puerta la desconcertó.
Ya había despertado hacía más de una hora. De hecho, estaba casi lista para bajar a trabajar. Sin embargo, nadie llamaba a su puerta tan temprano.
—¡¿Goiry?! ¿Qué haces aquí?
—¿Así saludas a tus amigos? ¿Qué no te da gusto verme? —chilló indignado.
—¡Me da demasiado gusto! Solo me has sorprendido... Pasa.
Se hizo a un lado para que el sastre entrara a la alcoba.
—Louis me dejó subir y me da gusto que por fin nos deje solos... Solo nos arruinaba la diversión.
Se sentó sobre la silla junto a su mesa de té y sacó unos bocetos.
Cielo lo miraba intrigada, sin entender.
—¡Tengo unas ideas increíbles! Diseños que solo tú podrías lucir con gracia.
—¿Diseños? Amigo, lo siento, pero no necesito más vestidos...
—El General mandó por mí; con carruaje y toda la cosa desde primera hora. ¡Me dijo que era urgente! Y vaya que lo es...
—¿Qué?
—Sí. Para el baile. Será en unos días... Todo un reto terminar un vestido de esta altura en tan pocos días, pero, por suerte, amo los retos.
—Espera. ¿Un baile?
—¡Ay, niña! ¿Qué? ¿Vives debajo de las piedras o qué?
Cielo lo miró, achicando los ojos.
—El sábado es el baile anual de la comunidad de la belleza. Es un evento divino, con arte, música, comida y bebida deliciosa... Solo la más alta alcurnia del mundo mágico asiste.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
Goiry la miró incrédulo.
—El General dijo que serías su acompañante... Pensé que estabas enterada.
***
—¿Conque un baile, General...? —Cielo lo miraba sentada frente al escritorio de Dimitri.
—¿Puedo saber por qué está molesta? —
—No estoy molesta... —dijo casi con un resoplido.
Por un segundo, le pareció ver una sonrisa en el rostro de su jefe.
—Pero puedo hacerle una pregunta...
—Por supuesto.
—A este baile, ¿iría como su empleada o como su acompañante?
La pregunta fue directa y sin escalas.
—Co... —tosió—. Como mi acompañante, Cielo.
—Entonces no iré.
Notó cómo los ojos de su jefe se abrieron en sorpresa.
—¿Puedo saber por qué?
—Porque no recuerdo que me haya pedido acompañarlo, General. Seré una humana insignificante... Pero, a estas alturas de nuestra convivencia, creo que tenemos la suficiente confianza para que me pida que lo acompañe a algún sitio de manera decente.
Incluso Cielo se sorprendió de sus agallas al enfrentar así a su jefe guapísimo, que - no le pedía- acompañarlo a un baile exquisito.
Si Cielo no fuera estúpida, habría aceptado sin pensar aquella no invitación.
Pero Cielo era una estúpida.
Una bastante enamorada.
Y, sí, aparentemente había quedado un poco ofendida.
El pelinegro la miró, analizándola durante unos instantes en completo silencio.
Cielo le sostuvo la mirada con firmeza, aunque, si pudiera escuchar su corazón, este delataría su nerviosismo.
—Tiene razón.
Se rindió Dimitri.
¿En su insignificancia? ¿En aquella suficiente confianza? ¿En qué tenía razón?
—Y le ruego me... —cerró los ojos unos instantes—. Me disculpe. No estoy acostumbrado a realizar invitaciones... Creo que nunca había hecho una.
Cielo suavizó la mirada.
—El sábado habrá un baile. Algo aburrido y nada del otro mundo. Pero estaría bastante complacido si quisiera acompañarme.
—En ese caso... —Cielo sonrió satisfecha—. Estaría complacida de acompañarlo igualmente, General.
***
El día del tan esperado baile por fin había llegado.
Cielo incluso no había dormido la noche anterior por la emoción.
Kala le había dicho que aquel baile era un sueño, con lujo y arte en abundancia. También había mencionado algo como que le tenía envidia de la buena, o algo así.
Cielo no había prestado demasiada atención, pues jamás había sido envidiada y mucho menos por un hada preciosa.
Irónicamente, Kala no podría asistir a aquel baile por falta de invitación.
Sin embargo, lo que más emocionaba a Cielo era que iría como acompañante del General.
Al baile donde, además, él daría un gran discurso para alentar al los habitantes del reino.
Dios mío.
Cielo de pronto cayó en cuenta de lo importante que era aquel evento.
*¿Cómo se comporta la acompañante de un gran General? *
¿Podría estar a la altura?
Una oleada de nerviosismo la cubrió.
Pero jamás se había dejado intimidar por su inferioridad.
Miró con admiración su reflejo en el espejo y no pudo evitar derramar un par de lágrimas.
Jamás se había imaginado tener la oportunidad de usar algo tan bello.
Colores y texturas que ni siquiera conocía.
El vestido era entallado en la cintura y el torso gracias a un corset en el que Goiry había insistido mucho y que ahora Cielo agradecía, pues, aunque el escote era más pronunciado de lo acostumbrado, le hacía lucir una silueta hermosa.
Era de un color entre azul cielo desvanecido y blanco, con una tela que parecía un manto de estrellas.
Era elegante.
Y mágico.
Esa fue la mejor palabra que Cielo encontró para describirlo.
Sus zapatillas eran finas, con el tacón más alto que jamás había usado.
Su cabello estaba peinado en una trenza de cascada, y sus amigas File y Kala la habían ayudado a maquillarse, agregando algunos brillos en su piel que la hacían lucir realmente bella.
—Diviértete, amiga.
—Lo haré, chicas. Gracias.
Cielo se acercó para darles un cálido abrazo a sus amigas antes de despedirse.
—Y suerte en tu cita —soltó Kala justo antes de que saliera del cuarto.
Cielo se quedó pensando en si aquello realmente era una cita con el General.
La idea la hizo sudar ligeramente.
Mejor la metió en un cajón bajo llave.
No le convenía ponerse a temblar como gelatina en ese momento.