Entre la oscuridad y el Cielo

31

General Dimitri Raubtier

Dimitri por fin pudo salir de su alcoba.

Estaba calmado porque Cielo se había quedado dormida sobre su cama, pero inquieto por dejarla sola. Sus responsabilidades no podían detenerse. De hecho, ya las había retrasado varias horas, algo sin precedentes.

Antes de montar a Tormenta y salir del castillo, solicitó a Louis tres cosas:

  1. Que no molestaran a Cielo.
  2. Que le enviara comida y bebida cada tres horas.
  3. Total discreción.

Dimitri jamás había tenido que dar explicaciones a nadie. Pero, no quería chismes de mal gusto y tener que asesinar a más de sus empleados.

Una sensación de irritación se instaló en su pecho y lo hizo fruncir el ceño.

Acompañada de un pensamiento que no dejaba de atormentarlo.

Quizá lo arruiné anoche.

Había cedido a sus deseos y ahora no tenía la menor idea de cómo proceder.

¿Algo va a cambiar?

Él había cambiado.

Ahora era plenamente consciente de que estaba irrevocablemente loco por Cielo.

Y quizá mucho más de lo que ya sabía.

—Lo noto muy distraído, General —lo interrumpió Jaket—. ¿Todo se encuentra bien? ¿Tiene algo que ver con su retraso?

—No, Jaket. Y le recomiendo que se centre en sus asuntos.

—No puedo creer que se haya atrevido a llevar a ... Su ama de llaves —agregó.

Dimitri suspiró, fastidiado, enfrentando las primeras consecuencias del descontrol de la noche anterior.

—Usted me sugirio que asistiera acompañado —dijo hironico

—Sí, pero no con una humana. Por favor General ¡Incluso bailó con ella! Quería alborotar el avispero....

—¡Estábamos en un jodido baile! Maldita sea. Ni ustedes ni nadie me van a dar órdenes ni reprimendas a mí. ¿Me excedí con la cercanía? Pues al carajo.

—Cálmese, por favor —suplico Jaket—. Recuerde que, como heredero, tiene ciertos votos que cumplir, General.

—Votos que he cumplido mientras he ganado batallas y defendido estas tierras durante años —interrumpió Dimitri con un gruñido.- no traicionó mis votos ni mi deber por ese maldito baile.

—Sí, pero si empiezan un amorío con una humana, por hermosa y fascinante que sea... Estaría promulgando lo primero que rechaza.

Se pasó una mano por el rostro.

—Anoche fue un baile. Asistí acompañado de quién me dió la gana y eso es todo .

—Entiendo, General. Solo quería asegurarne de que estamos del mismo lado.

—¿Del mismo lado? ¿Del mismo lado? —repitió, perdiendo los estribos.

Se acercó de manera amenazante a aquel entrometido.

—Perdónenme, pero jamás lo he visto en batalla arriesgando su flácido pellejo por Mideltown. Jamás lo he visto poner su, aseguro, nulas habilidades de combate al servicio de un bien mayor. ¡¿Y viene a decirme a mí que esté del lado correcto?!

—Disculpe, General. El parlamento está aquí para preservar el orden en Mundo Azul.

Dimitri se quedó mirándolo durante unos segundos.

Después regresó a su escritorio y se dejó caer en la silla, cediendo ligeramente

Jaket permaneció callado con la boca ligeramente abierta ante el vocabulario del General.

Había estado estirando demasiado la liga aquellos últimos días.

Quería que cediera a todo como una jodida prostituta.

La había estirado tanto que finalmente se había reventado.

—Ahora váyase. Tengo asuntos que tratar con mi ejército. Asuntos para mantener su jodido trasero y los de cada ciudadano de Mideltown y del parlamrnto a salvo

Sonrió sin una pizca de alegría.

Más bien con arrogancia y desdén.

Jaket salio de su cuartel susurrando como si él no pudiera oírlo.

Cosas como:

¿Qué mosca le picó? Está loco.

Lo habría decapitado si él mismo no pensara lo mismo.

—¿Qué pasa con ese sujetos? —preguntó Dinsel al entrar.

—Sí, se veía pálido... —agregó Kass, riendo—. Llegaste tarde. ¿Te pegó fuerte el vino dorado?

—Cierra la boca.

—O a menos que...

—No te atrevas a decirlo —gruñó.

Sus dos amigos se quedaron callados, bastante sorprendidos.

—La verdad, no te culpo... Esa humana es toda una delicia.

Dimitri se acercó a él, apretando la mandíbula.

—¿Qué dijiste?

—Basta ya, los dos —interrumpió Dinsel—. ¿Por qué te gusta provocarlo, Kass?

—No lo hago. Solo digo la verdad. Tenía a todos los herederos y mágicos pendientes de su escote.

Dimitri se abalanzó sobre él y lo sujetó ligeramente por el cuello del uniforme.

—Escúchame bien, Kass. Será la última vez que te lo advierto. No hables de Cielo, no pienses en Cielo y no se te ocurra acercarte. Porque...

—¿Me vas a matar? —preguntó con desafío.

—¿Dudas que lo haga? —gruñó.

—No lo sé... Puedo averi...

—¡Carajo! —gritó Dinsel.

Con esfuerzo, alejó a Dimitri del joven.

—¿Qué pasa con ustedes? Somos amigos desde hace años. Hemos luchado juntos. Déjense de tonterías de una vez.

Kass se reincorporó.

Dimitri no dejaba de mirarlo con una expresión amenazante.

—Además, hay buenas noticias...

Dimitri finalmente desvió la atención de la sonrisa burlona de Kass.

—Parece ser que ya encontramos al famoso Doroteo.

Eso fue suficiente para recuperar por completo su atención.

—Tenías razón, Dimitri. Como siempre. Es un joven de apenas veinte años. Es el escudero del ejército de Mideltown. El espía lo ha estado vigilando y dice que es un desastre.

—No me sorprende que lo hayan usado como punta de cañón.

—La paga debe de ser muy buena...

—¿Cuándo lo traen? —preguntó Dimitri.

—Hoy, en la madrugada. Ya estará en nuestros calabozos.

***

—Te pedí hablar a solas porque está claro que tenemos que ponerle fin a esta situación, Kass de Nirdinton.

Dimitri permanecía de pie frente a él.

—Te estimo y confío en ti, pero no toleraré tus insolencias.

—Nunca te habías puesto así por las mujeres de los pubs.




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