Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 6-----El casi

A veces pienso que todo habría sido diferente si aquella tarde nadie nos hubiera interrumpido.

Pero quizá eso es lo que hacemos con los recuerdos.

Inventamos finales para cosas que nunca llegaron a empezar.

---------------

Tenía dieciséis años.

Habíamos terminado una actividad del colegio más tarde de lo esperado y todos se habían ido.

Todos menos nosotros.

—¿No te vas? —pregunté mientras guardaba mis cosas.

Mateo negó con la cabeza.

—Estoy esperando a mi papá.

—Ah.

Me colgué la mochila.

—Entonces me voy.

—Valeria.

Me giré.

—¿Sí?

—Quédate un rato.

No sé por qué lo hice.

Pero me quedé.

Nos sentamos en las gradas frente al gimnasio.

Hablamos de cualquier cosa.

De los profesores.

De la universidad.

De lo que queríamos hacer después del colegio.

Hasta que, de repente, nos quedamos en silencio.

Mateo me miró.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Ya sé.

Sonreí.

—Entonces deja de hacerlo.

—No quiero.

Mi sonrisa desapareció lentamente.

—Mateo…

Él se acercó un poco.

Yo no me moví.

Podía escuchar mi propio corazón.

Estaba tan cerca que podía sentir su respiración.

—¿Puedo…? —murmuró.

No terminó la pregunta.

Tampoco hizo falta.

Cerré los ojos.

Y justo entonces sonó un teléfono.

Los dos nos apartamos de golpe.

Mateo miró la pantalla.

—Es mi papá.

Me reí nerviosamente.

—Claro.

—Valeria…

—No pasa nada.

Pero sí pasaba.

Los dos lo sabíamos.

Él se levantó.

—Hablamos después.

Asentí.

—Después.

Nunca hablamos de aquello.

---------------

—¿Estás escuchando?

Abrí los ojos.

Sofía estaba frente a mí.

—Sí.

—No estabas aquí.

Miré alrededor.

Habíamos vuelto al presente.

Al mismo colegio.

A la misma historia.

Solo que ahora Mateo estaba al otro lado del patio, hablando con Renata.

Y por primera vez me pregunté si él también recordaba aquella tarde.

—¿Qué pasó? —preguntó Sofía.

—Nada.

Ella suspiró.

—Otra vez esa palabra.

No respondí.

Mi teléfono vibró.

Lo saqué del bolsillo.

Un mensaje.

Mateo: ¿Te acuerdas de aquel día en el gimnasio?

Sentí que el corazón se me detenía.

Levanté la mirada.

Mateo estaba mirándome desde el otro lado del patio.

No sonreía.

Solo esperaba mi respuesta.

Escribí:

Yo: Sí.

Los tres puntos aparecieron.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Finalmente llegó su mensaje.

Mateo: Yo también.

Y nada más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.