Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 7----Una cita

Después de aquel mensaje, Mateo no volvió a escribir.

Yo tampoco.

Tal vez porque los dos sabíamos que cualquier cosa que dijéramos podía abrir una conversación que llevábamos años evitando.

—¿Vas a contestarle? —preguntó Sofía.

—No hay nada que contestar.

—Te acaba de decir que recuerda el casi beso.

—No lo llamó así.

—Valeria.

—Solo dijo que lo recuerda.

Sofía me miró.

—A veces eres desesperante.

Guardé el teléfono.

—Tengo cosas que hacer.

—¿Como qué?

—Como ir a la biblioteca.

—¿Con Alex?

Asentí.

Sofía sonrió.

—Diviértete.

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Alex me esperaba afuera del colegio.

—¿Lista?

—Sí.

Caminamos hasta una pequeña cafetería cerca de allí.

No era una cita.

O eso me repetí.

Hablamos de música, de profesores y de lo que queríamos estudiar después de graduarnos.

Alex era fácil.

Con él no tenía que preguntarme qué significaba cada palabra.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo.

—Claro.

—¿Te gusta alguien?

Me quedé quieta.

Pensé en Mateo.

En el mensaje.

En aquella tarde en el gimnasio.

—No lo sé.

Alex sonrió ligeramente.

—Es una respuesta bastante honesta.

—¿Y tú?

—Sí.

—¿Quién?

Me miró directamente.

—Eso todavía no te lo voy a decir.

Me reí.

—Qué injusto.

—Un poco.

Seguimos caminando.

Por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en qué significaba cada gesto de alguien.

Simplemente estaba disfrutando.

Hasta que levanté la mirada.

Al otro lado de la calle estaba Mateo.

Nos había visto.

Nuestros ojos se encontraron.

Él miró a Alex.

Después a mí.

Y siguió caminando.

Sentí algo extraño en el pecho.

No sabía si era culpa.

O miedo.

O algo que se parecía demasiado a los celos.
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Esa noche recibí un mensaje.

Mateo: ¿Te divertiste?

Miré la pantalla durante varios segundos.

Yo: Sí.

Su respuesta llegó rápido.

Mateo: Me alegro.

Nada más.

Pero esta vez fui yo quien escribió antes de pensarlo demasiado.

Yo: ¿Te pasa algo?

Tardó.

Mucho.

Finalmente:

Mateo: No.

Sonreí con tristeza.

Porque ya conocía esa respuesta.

Era la misma que yo llevaba años usando.

Nada.
No me importa.
Estoy bien.

Y quizá ese era nuestro verdadero problema.

Que los dos éramos demasiado buenos fingiendo.




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