Valeria no volvió al patio.
Tampoco regresó al salón.
Se quedó en las escaleras del edificio de ciencias, con el teléfono entre las manos y la sensación de que acababa de descubrir una historia que también le pertenecía, pero de la que alguien había arrancado varias páginas.
Alguien nos vio.
Eso era lo único que podía pensar.
Alguien los había visto aquella tarde.
La tarde del gimnasio.
La tarde que durante meses había intentado olvidar porque no sabía qué significaba.
Ahora sabía que Mateo tampoco la había olvidado.
Y que había algo más.
Algo que había ocurrido después.
—¿Vas a quedarte ahí todo el día?
Valeria levantó la mirada.
Sofía estaba parada frente a ella.
—Probablemente.
Sofía se sentó a su lado.
—¿Qué pasó?
Valeria tardó unos segundos en responder.
—Camila sabe algo.
Sofía dejó de sonreír.
—¿Qué cosa?
—Sobre Mateo y yo.
—¿Qué sabe?
—No sé.
—Valeria.
—Eso es lo peor.
Sofía la miró.
—¿Mateo te dijo algo?
—Sí.
—¿Qué?
Valeria bajó la voz.
—Alguien nos vio aquella vez.
Sofía se quedó callada.
—¿Aquella vez?
Valeria asintió.
—El gimnasio.
Sofía abrió los ojos.
—¿Y quién?
—No lo sé.
—¿Y Camila?
—Estaba hablando con Mateo sobre eso.
—¿Ella los vio?
—No sé.
Sofía se quedó pensativa.
—Entonces pregúntale.
Valeria soltó una risa seca.
—Claro. Voy a acercarme y decirle: “Hola, Camila. ¿Podrías contarme qué secreto llevas años guardando sobre mi vida?”
—Más o menos.
—No.
—Entonces sigue imaginando.
Valeria apoyó la cabeza contra la pared.
—Estoy cansada de imaginar.
Sofía la miró con una expresión más suave.
—Entonces deja de hacerlo.
—¿Cómo?
—Preguntando.
Valeria no respondió.
Porque tenía razón.
Y eso era precisamente lo que más miedo le daba.
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Mateo encontró a Camila detrás del gimnasio.
—¿Qué querías decirme?
Camila lo miró durante unos segundos.
—Que ya no puedes seguir haciendo esto.
—¿Haciendo qué?
—Esperando.
Mateo suspiró.
—No es tan fácil.
—Nunca dije que lo fuera.
—No entiendes.
—Sí entiendo.
Camila cruzó los brazos.
—Llevas años diciendo que algún día se lo vas a contar.
Mateo bajó la mirada.
—Hoy estuve a punto.
—Pero no lo hiciste.
—Porque apareciste tú.
—Yo no te obligué a callarte.
Mateo no respondió.
Camila suspiró.
—Mateo, ella tiene derecho a saber.
—Lo sé.
—Entonces díselo.
—No puedo.
—¿Por qué?
Él levantó la mirada.
—Porque si se lo cuento, puede cambiar todo.
Camila soltó una pequeña risa.
—Todo ya cambió.
Mateo frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Que le dijiste que te gusta.
—Sí.
—Y ella te dijo que tú también le gustas.
Mateo se quedó en silencio.
Camila negó con la cabeza.
—Después de tantos años, eso ya es más de lo que habías conseguido decirle.
—No es suficiente.
—Nunca será suficiente para ti.
Mateo se apoyó contra la pared.
—Tengo miedo.
Camila lo miró.
—¿De ella?
—De perderla.
—Eso ya lo dijiste.
—Porque sigue siendo verdad.
Camila guardó silencio unos segundos.
Luego dijo:
—Yo no fui la que te pidió que esperaras.
Mateo levantó la cabeza.
—¿Qué?
—La otra vez.
—Cami…
—No, escucha.
Ella dio un paso hacia él.
—Fuiste tú quien decidió no decirle nada. Yo solo te cubrí porque pensé que necesitabas tiempo.
Mateo cerró los ojos.
—Lo sé.
—Y ahora ella está pagando por una decisión que tomaste tú.
Aquello le dolió.
Porque era verdad.
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Valeria encontró a Camila al final de las clases.
Estaba sola junto a las taquillas.
—Camila.
Ella se giró.
—Hola.
—Necesito preguntarte algo.
Camila pareció saber inmediatamente de qué se trataba.
—Sobre Mateo.
Valeria asintió.
—Sí.
Camila dejó de sonreír.
—¿Qué quieres saber?
—Qué pasó después del gimnasio.
Camila tardó unos segundos en responder.
—¿Te lo contó?
—No.
—Entonces todavía no quiere hacerlo.
—Ya me di cuenta.
Camila la observó.
—¿Estás enojada?
—No sé.
—¿Con él?
Valeria dudó.
—Un poco.
—¿Conmigo?
—No.
Camila asintió.
—Bien.
—¿Tú estabas ahí?
Camila negó.
—No.
Valeria soltó el aire.
—Entonces ¿quién?
Camila la miró directamente.
—No puedo decírtelo.
Valeria sintió frustración.
—¿Por qué?
—Porque no me corresponde.
—Pero me corresponde a mí.
—Sí.
—Entonces dime.
Camila bajó la mirada.
—Si te lo digo yo, vas a escuchar mi versión.
—¿Y qué tiene de malo?
—Que no fue mi historia.
Valeria se quedó callada.
Camila continuó:
—Mateo tiene que contártela.
—¿Y si no lo hace?
Camila levantó la mirada.
—Lo hará.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque nunca lo había visto mirarte como te mira ahora.
Valeria no supo qué decir.
Camila tomó su mochila.
—Y una cosa más.
—¿Qué?
—No tienes que competir conmigo.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué?
—Sé lo que probablemente piensas.
—No estoy pensando nada.
—Sí estás pensando.
Camila sonrió ligeramente.
—Todos en el colegio creen que Mateo y yo tuvimos algo.
Valeria bajó la mirada.
—Yo también lo pensé alguna vez.
—Nunca pasó nada.
—¿Nunca?
—Nunca.
Camila dio un paso hacia ella.
—Me cae bien. Lo conozco desde hace años. Es uno de mis mejores amigos.