Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 15----Lo que entendimos mal

Alex dejó la carpeta sobre la mesa.

—Aquí está lo del proyecto.

Valeria la tomó.

—Gracias.

—¿Ya terminaste la parte de ayer?

—Casi.

Alex miró a Mateo.

—Hola.

—Hola.

El silencio entre los dos fue incómodo.

Valeria lo notó.

—¿Necesitabas algo?

Alex señaló la carpeta.

—En realidad quería preguntarte si podemos avanzar hoy después de clases.

Mateo bajó la mirada.

Valeria lo miró de reojo.

—Sí. Podemos.

—Perfecto.

Alex sonrió.

—Entonces te espero a la salida.

—Está bien.

Alex se fue.

Valeria volvió a mirar a Mateo.

—¿Qué?

—Nada.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara?

—Esa.

Mateo soltó una risa.

—No estoy haciendo ninguna cara.

—Sí la estás haciendo.

—No tengo derecho a hacer ninguna cara, ¿recuerdas?

Valeria suspiró.

—No empieces.

—No estoy empezando nada.

—Exactamente.

Mateo guardó silencio.

Ella sabía que estaba molesto.

Y él sabía que ella lo sabía.

Era agotador.

—Dijiste que había algo más —recordó Valeria.

Mateo asintió.

—Sí.

—¿Y?

Miró hacia donde Alex había desaparecido.

—No aquí.

Valeria frunció el ceño.

—¿Otra vez?

—Quiero contártelo bien.

—¿Cuántas veces vas a decirme eso?

—Las necesarias.

Ella negó con la cabeza.

—A veces creo que te gusta hacerme esperar.

Mateo la miró.

—No.

La respuesta fue demasiado seria.

Valeria dejó de sonreír.

—Entonces dime.

Mateo abrió la boca.

Pero el timbre sonó.

Ambos miraron hacia la puerta.

—Clase —dijo él.

—Claro.

Mateo se levantó.

Antes de irse, se inclinó un poco hacia ella.

—Después de clases.

Valeria lo miró.

—Después de clases.

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Durante la siguiente hora, Valeria no consiguió concentrarse.

Había algo que no dejaba de darle vueltas.

Ese chico era mi primo.

Recordó la expresión de Mateo cuando se lo había dicho.

Había sido una mezcla de vergüenza y alivio.

Como si durante años hubiera cargado con una culpa que en realidad no le correspondía.

Y eso la hizo pensar.

Quizá ella también había hecho lo mismo.

Quizá había pasado años culpando a Mateo de alejarse cuando, en realidad, él había creído que ella no quería estar cerca.

Quizá ambos habían construido una historia a partir de cosas que nunca comprobaron.

—Estás en otro planeta.

Valeria levantó la mirada.

Sofía estaba frente a ella.

—Estoy pensando.

—Eso ya lo sé.

—¿Sobre qué?

—Sobre Mateo.

Valeria suspiró.

—También.

Sofía sonrió.

—¿Te contó?

—Un poco.

—¿Y?

—Resulta que el chico con el que me vio hablando era mi primo.

Sofía se quedó en silencio.

Luego soltó una carcajada.

—No.

—Sí.

—¿Y él se alejó por eso?

—Sí.

Sofía se llevó una mano a la frente.

—Ustedes dos son increíbles.

—Gracias.

—No era un cumplido.

Valeria sonrió.

—Lo sé.

Sofía se sentó junto a ella.

—¿Y qué falta?

Valeria bajó la voz.

—Dice que hay algo más.

—¿Qué cosa?

—No sé.

—¿Camila sabe?

—Probablemente.

—Entonces es grave.

Valeria la miró.

—¿Por qué?

—Porque Camila tiene esa cara de persona que sabe cosas y no las cuenta.

—Eso no significa que sea grave.

—No.

Sofía hizo una pausa.

—Pero sí significa que es importante

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A la salida, Mateo estaba esperando.

Valeria lo vio desde la puerta.

Pero Alex también.

—¿Te vas? —preguntó él.

—Sí.

Alex siguió su mirada.

—¿Con Mateo?

Valeria dudó.

—Sí.

Alex asintió.

No parecía molesto.

Solo pensativo.

—Está bien.

—¿Seguro?

—Sí.

Alex sonrió.

—Nos vemos mañana.

—Nos vemos.

Cuando Valeria llegó hasta Mateo, él la miró.

—¿Listos?

—Sí.

Caminaron juntos.

Durante los primeros minutos ninguno dijo nada.

No hacía falta.

Habían recorrido ese camino muchas veces.

Demasiadas.

—¿A dónde vamos? —preguntó Valeria.

—A un lugar.

—Eso suena sospechoso.

—Confía en mí.

Valeria sonrió.

—Ese siempre ha sido mi problema.

Mateo la miró.

—¿Confiar en mí?

—No.

—¿Entonces?

—Confiar demasiado en lo que no dices.

Mateo se quedó callado.

Aquella frase le dolió más de lo que esperaba.
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Llegaron al pequeño parque donde solían quedarse después de clases cuando eran más pequeños.

Había un banco debajo de un árbol.

Mateo se sentó.

Valeria hizo lo mismo.

—Aquí fue donde me dijiste que te gustaba aquella película horrible.

—No era horrible.

—Era terrible.

—Tú lloraste.

—Porque era mala.

Mateo se rio.

Después volvió a ponerse serio.

—Valeria.

—Sí.

—Hay algo que nunca te dije porque pensé que si lo hacía iba a arruinarlo todo.

Ella lo miró.

—¿Qué?

—Después de lo del gimnasio, yo quería decírtelo.

—¿Que te gustaba?

—Sí.

—¿Y por qué no?

—Porque pensé que tú no sentías lo mismo.

—Por mi primo.

—Sí.

Valeria negó con la cabeza.

—Si me hubieras preguntado…

—Lo sé.

—No. No lo sabes.

Mateo la miró.

—¿Qué quieres decir?

—Que yo también esperaba que preguntaras.

Silencio.

—Yo pensaba que tú no querías nada conmigo.

Mateo soltó una risa triste.

—Y yo pensaba exactamente lo mismo de ti.

Valeria bajó la mirada.

—Qué desperdicio.

—Sí.

Durante unos segundos ninguno habló.

Después Mateo dijo:

—Pero eso no es lo que quería contarte.




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