Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 18----Lo que debí decirte

—Necesito decirte algo.

Valeria leyó el mensaje por tercera vez.

No porque no lo entendiera.

Porque sabía que, después de tantos años, cualquier cosa que Mateo dijera podía cambiar la forma en que recordaba todo lo demás.

Miró la hora.

21:47.

Sus dedos se quedaron sobre el teclado.

¿Qué cosa?

Lo escribió.

Lo borró.

Volvió a escribirlo.

Lo borró otra vez.

Finalmente dejó el teléfono sobre la cama.

No quería parecer demasiado ansiosa.

Aunque llevaba diez minutos esperando.

El teléfono vibró.

Mateo: Algo que debí decirte hace años.

Valeria cerró los ojos.

—Claro —murmuró—. Porque aparentemente eso es algo normal que alguien dice un martes por la noche.

Volvió a tomar el teléfono.

Valeria: Entonces dímelo.

Esta vez Mateo tardó.

Un minuto.

Dos.

Tres.

Y cuando finalmente apareció el mensaje, fue mucho más corto de lo que ella esperaba.

Mateo: Mañana. En persona.

Valeria soltó una risa sin humor.

Por supuesto.

Otra vez mañana.

Otra vez una promesa.

Otra vez quedarse con la mitad de una verdad.

Valeria: Está bien.

Vio que Mateo estaba escribiendo.

Desapareció.

Volvió a aparecer.

Desapareció otra vez.

Hasta que llegó:

Mateo: Buenas noches, Vale.

Ella miró esas dos palabras durante varios segundos.

Hacía mucho que no la llamaba así.

Valeria: Buenas noches, Mateo.

Dejó el teléfono boca abajo.

Pero no pudo dormir.

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Al día siguiente, Mateo llegó temprano.

Tan temprano que incluso Diego lo miró raro cuando entró al salón.

—¿Tú?

Mateo dejó la mochila sobre la silla.

—Yo.

—¿Antes de que suene el timbre?

—No empieces.

Diego sonrió.

—¿Vas a hablar con ella?

Mateo no respondió.

—Eso significa que sí.

—Tengo que hacerlo.

—¿Y esta vez vas a terminar una conversación?

Mateo lo miró.

—Voy a intentarlo.

Diego dejó de sonreír.

—No. No lo intentes.

Mateo frunció el ceño.

—¿Qué?

—Hazlo.

Por un momento ninguno dijo nada.

Después Diego añadió:

—Llevas años diciendo que vas a hacerlo.

Mateo bajó la mirada.

Sabía que tenía razón.

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Valeria llegó cinco minutos antes de la primera clase.

Sofía la encontró junto a las escaleras.

—Tienes cara de no haber dormido.

—No dormí.

—¿Mateo?

Valeria asintió.

Sofía suspiró.

—¿Qué pasó ahora?

—Dijo que tiene algo que contarme.

—¿Algo importante?

—Dijo que debió decírmelo hace años.

Sofía se quedó callada.

—Eso suena importante.

—Sí.

—¿Y cuándo te lo va a decir?

Valeria la miró.

—Hoy.

Sofía levantó una ceja.

—¿Seguro?

—Eso dijo.

—Entonces, conociéndolo, probablemente dentro de seis meses.

Valeria soltó una pequeña risa.

—No bromees.

—Estoy intentando que no entres en crisis.

—No estoy en crisis.

—Valeria.

—Estoy un poco en crisis.

—Eso pensé.

Las dos caminaron hacia el salón.

Pero antes de entrar, Valeria vio a Mateo al otro lado del pasillo.

Él también la vio.

Durante un segundo ninguno se movió.

Después Mateo caminó hacia ella.

—Hola.

—Hola.

Sofía miró a uno y a otro.

—Voy a entrar.

Valeria la tomó del brazo.

—No.

—Sí.

—Sofía…

—Valeria, si me quedo, voy a escuchar. Y si escucho, voy a opinar. Y si opino, probablemente empeore todo.

Mateo soltó una risa.

—Tiene razón.

Sofía lo señaló.

—Tú cállate.

Y se fue.

Valeria cruzó los brazos.

—Entonces.

Mateo respiró profundamente.

—Entonces.

—¿Qué era eso que querías decirme?

Mateo miró alrededor.

El pasillo comenzaba a llenarse.

—No aquí.

—Siempre dices eso.

—Lo sé.

—Y luego nunca terminamos hablando.

—Esta vez sí.

Valeria lo observó.

—¿Qué cambió?

Mateo tardó unos segundos en contestar.

—Que me cansé.

—¿De qué?

—De tener miedo.

Aquella respuesta la tomó por sorpresa.

Mateo bajó la voz.

—Después de lo del gimnasio, después de lo de Nico… después de todo lo que pasó con mi papá… pensé que alejarme era lo más fácil.

Valeria no dijo nada.

—Mi papá estaba insistiendo con la universidad, con el futuro, con que tenía que decidir qué quería hacer. Y yo ni siquiera sabía qué quería hacer conmigo.

Sonrió con tristeza.

—Mucho menos con nosotros.

Valeria tragó saliva.

—¿Y por qué nunca me lo dijiste?

—Porque pensé que si te contaba todo, ibas a mirarme diferente.

—Mateo…

—Y porque tenía miedo de que me preguntaras qué quería.

Valeria frunció el ceño.

—¿Y qué querías?

Él levantó la mirada.

Ahí estaba.

La pregunta que llevaba años evitando.

Mateo abrió la boca.

Pero no respondió.

—Quería…

El timbre sonó.

Los dos cerraron los ojos al mismo tiempo.

Valeria soltó una risa incrédula.

—No puede ser.

Mateo también se rio.

—Te juro que no lo hice a propósito.

—Claro.

—Te lo voy a decir.

—¿Cuándo?

—Después de clases.

—¿Seguro?

Mateo asintió.

—Seguro.

Valeria lo miró unos segundos.

—Esta vez no te escapes.

—No voy a hacerlo.

Ella entró al salón.

Mateo se quedó en el pasillo un momento más.

Y por primera vez, no parecía estar pensando en cómo evitar la conversación.

Parecía estar pensando en cómo empezarla.

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Después de clases, Mateo no apareció.

Valeria esperó diez minutos.




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