Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 23----Lo que no tenemos derecho a preguntar

Mateo seguía mirando el mensaje de Renata.

Renata: Perfecto. Entonces te invito a algo.

No sabía por qué le molestaba tanto.

No había hecho nada malo.

Él y Valeria habían salido una vez.

Una sola vez.

No eran novios.

Ni siquiera habían hablado de qué significaba aquella cita.

Así que no tenía por qué sentirse culpable.

—¿Qué haces?

Mateo levantó la cabeza.

Diego estaba sentado frente a él.

—Nada.

—Llevas cinco minutos mirando el teléfono.

—Estoy pensando.

—Eso sí que es preocupante.

Mateo le mostró el mensaje.

Diego lo leyó.

—¿Y?

—¿Qué hago?

—Ir.

Mateo frunció el ceño.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—¿Y Valeria?

—¿Qué pasa con ella?

Mateo guardó silencio.

Diego entendió.

—Ah.

—Exactamente.

—No tienes que pedirle permiso.

—Ya sé.

—Y ella tampoco tiene que pedirte permiso para salir con Alex.

Mateo hizo una mueca.

—No me gusta cuando tienes razón.

—Por eso intento hacerlo seguido.

Mateo volvió a mirar el teléfono.

Mateo: ¿Qué plan?

La respuesta llegó rápido.

Renata: Una feria que hacen el viernes. Con amigos.

Mateo soltó el aire.

—Es con más gente.

—Entonces deja de pensar tanto.

Mateo escribió:

Mateo: Está bien.

Y envió el mensaje.

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El viernes llegó.

Valeria estaba en la biblioteca con Alex cuando Sofía apareció.

—¿Sabes algo?

—¿De qué?

—Mateo.

Valeria cerró el libro.

—No.

Sofía dudó.

—Va a salir con Renata.

Valeria sintió algo extraño en el pecho.

—¿Ah, sí?

—Sí.

—¿Cómo sabes?

—Lo escuché de Camila.

Valeria bajó la mirada.

Intentó convencerse de que no importaba.

Después de todo, ella había aceptado una cita con Mateo.

Eso no los convertía en nada.

Él podía salir con quien quisiera.

Ella también.

Y, aun así, dolía.

—¿Estás bien? —preguntó Alex.

—Sí.

—No parece.

Valeria cerró el libro.

—Solo me sorprendió.

Alex la observó unos segundos.

—¿Quieres que nos vayamos?

—No.

—¿Segura?

—Sí.

Pero cuando salió de la biblioteca, lo primero que hizo fue mirar el teléfono.

No había mensajes de Mateo.

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Esa noche, Mateo llegó a la feria con Diego, Nico y Renata.

Renata estaba feliz.

Mateo intentó relajarse.

—¿Te pasa algo? —preguntó ella.

—No.

—Estás distraído.

—Estoy bien.

Renata sonrió.

—Entonces disfruta.

Y lo intentó.

De verdad.

Hasta que vio a Valeria.

Estaba al otro lado de la feria.

Con Alex.

Mateo se quedó quieto.

Nico siguió su mirada.

—No hagas una escena.

—No voy a hacer nada.

—Bien.

Mateo vio a Alex decirle algo a Valeria.

Ella se rio.

Y sintió aquella vieja sensación.

La misma de siempre.

Celos.

Pero esta vez no tenía derecho a sentirlos.

Porque Valeria tampoco le debía nada.

Renata se acercó.

—¿Los conoces?

Mateo tardó un segundo.

—Sí.

—¿La chica?

—Valeria.

Renata la observó.

—Ah.

Mateo la miró.

—¿Qué?

Renata sonrió ligeramente.

—Nada.

—Dilo.

—Ahora entiendo algunas cosas.

Antes de que pudiera explicar, Valeria levantó la mirada.

Sus ojos se encontraron.

Ninguno sonrió.

Ninguno apartó la mirada inmediatamente.

Hasta que Alex dijo algo y Valeria volvió la cabeza.

Mateo bajó la mirada.

Renata lo observó.

—¿Te gusta?

Mateo se quedó en silencio.

No respondió.

Pero tampoco hizo falta.

Renata entendió.

Y, por primera vez, Mateo se preguntó si había cometido un error al aceptar aquella invitación.

No porque estuviera haciendo algo malo.

Sino porque quizá todavía no sabía cuánto podía complicarse algo que, en teoría, ni siquiera era una relación.




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