Valeria intentó ignorar a Mateo durante el resto de la noche.
No funcionó.
Cada vez que levantaba la mirada, terminaba encontrándolo.
Y cada vez que lo veía junto a Renata, se repetía lo mismo:
No son nada.
La frase debería haberla tranquilizado.
No lo hizo.
—¿Quieres subirte a esa? —preguntó Alex, señalando una atracción.
Valeria asintió.
—Claro.
Mientras caminaban, Alex notó que ella estaba distraída.
—Si quieres irte, podemos hacerlo.
—No.
—Valeria.
Ella suspiró.
—Solo necesito dejar de pensar demasiado.
Alex sonrió.
—Eso sí sé que no puedes hacerlo.
Ella rio.
Por un momento se olvidó de Mateo.
Hasta que bajaron de la atracción.
Mateo estaba frente a ellos.
—Hola.
Alex respondió primero.
—Hola.
Valeria miró a Mateo.
—Hola.
—¿La están pasando bien?
—Sí —contestó Alex.
Mateo asintió.
—Me alegro.
Hubo un silencio incómodo.
Renata apareció detrás de él.
—Mateo, te estaba buscando.
Valeria sintió algo extraño.
—Entonces ve.
Mateo la miró.
—Sí.
Se dio la vuelta.
Pero antes de irse, Valeria escuchó:
—¿Podemos hablar después?
Ella dudó.
—Está bien.
------------------
Más tarde, Mateo la encontró junto a una de las bancas.
—¿Estás molesta?
Valeria negó.
—No.
—Sí estás.
—No tengo derecho a estarlo.
Mateo guardó silencio.
—Eso no significa que no puedas estarlo.
Valeria lo miró.
—¿Tú estás molesto?
Él tardó demasiado en responder.
—Un poco.
—¿Por qué?
—Porque estabas con Alex.
Valeria soltó una risa.
—¿Y tú estabas con Renata?
—Lo sé.
—Entonces no entiendo.
—Yo tampoco.
Los dos se quedaron callados.
Finalmente, Valeria dijo:
—No tienes que explicarme con quién sales.
Mateo bajó la mirada.
—Tú tampoco.
—Bien.
—Bien.
Ninguno se movió.
Hasta que Mateo preguntó:
—¿Lo de Alex es una cita?
Valeria lo miró directamente.
—¿Y lo de Renata?
Mateo sonrió con resignación.
—Supongo que estamos empatados.
—Supongo.
Ella comenzó a caminar.
Mateo la siguió unos pasos.
—Valeria.
—¿Qué?
—No quiero que esto cambie lo del sábado.
Ella se detuvo.
—A mí tampoco.
—Entonces estamos bien.
Valeria sonrió ligeramente.
—No sé si estamos bien.
Mateo se quedó quieto.
—Pero tampoco estamos mal.
Y se fue.
Mateo la observó alejarse.
Por primera vez entendió algo que no había querido aceptar:
salir con Valeria una vez no significaba que ahora la tenía.
Si quería estar con ella, tendría que demostrarlo.
Y quizá alguien más ya estaba dispuesto a hacerlo.