Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 25----Alguien que sí sabe que quiere

El lunes, Alex esperó a Valeria afuera del salón.

—¿Tienes un minuto?

Ella asintió.

—Claro.

Caminaron hasta el patio.

—Quería preguntarte algo —dijo él.

Valeria lo miró.

—¿Qué cosa?

—¿Quieres salir conmigo?

Ella se quedó en silencio.

No era la primera vez que Alex se lo proponía, pero esta vez sonaba diferente.

No había dudas.

No había indirectas.

No había un “tal vez” escondido detrás de sus palabras.

—Alex…

—No tienes que responderme ahora.

—¿Por qué me lo preguntas otra vez?

Él sonrió.

—Porque me gustas. Y prefiero decirlo a quedarme esperando que adivines.

Valeria bajó la mirada.

Pensó en Mateo.

En el sábado.

En la feria.

En todas las veces que habían estado a punto de decir algo y habían terminado callándose.

Alex era diferente.

Con él no tenía que interpretar nada.

—Me gustaría conocerte mejor —respondió.

Alex sonrió.

—Eso me parece suficiente.

A unos metros de ellos, Mateo los vio.

No escuchó la conversación.

Solo vio la sonrisa de Alex.

Y la de Valeria.

Sintió una punzada de celos, pero esta vez no se acercó.

No quería volver a hacer lo mismo.

No podía reclamar algo que nunca había pedido.

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En el recreo, Valeria encontró a Mateo sentado en las gradas.

—Hola.

—Hola.

Se sentó a su lado.

—¿Estás bien?

Mateo soltó una risa.

—¿Por qué todos me preguntan eso?

—Porque tienes cara de no estarlo.

Él la miró.

—Te vi con Alex.

Valeria sintió que el ambiente cambiaba.

—Sí.

—¿Van a salir?

Ella dudó.

—No lo sé.

Mateo asintió.

—Entiendo.

Valeria lo observó.

—¿Eso es todo?

—¿Qué quieres que diga?

—No sé.

Mateo bajó la mirada.

—Podría decirte que no me gusta.

—¿Y por qué no lo dices?

Él la miró.

—Porque no tengo derecho.

Valeria sintió un pequeño vacío.

—Siempre dices eso.

—Porque es verdad.

—A veces parece que usas eso como excusa.

Mateo no respondió.

Ella se levantó.

—Nos vemos.

—Valeria.

Ella se giró.

—¿Sí?

Mateo parecía estar luchando contra algo.

—No quiero perderte.

Valeria sostuvo su mirada.

—Entonces no me pierdas.

Y se fue.

Mateo se quedó sentado.

Porque por primera vez entendió que quizá no bastaba con quererla.

Tenía que hacer algo antes de que alguien más llegara a su vida y se atreviera a darle lo que él llevaba años posponiendo.




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