Mateo no pudo dejar de pensar en lo que Valeria le había dicho.
Entonces no me pierdas.
La frase se le quedó dando vueltas durante toda la noche.
Había esperado años para escuchar algo parecido y, ahora que finalmente lo tenía, no sabía qué hacer con ello.
—Estás pensando demasiado —dijo Julia desde la puerta de su habitación.
Mateo levantó la mirada.
—¿Cómo sabes?
—Porque tienes la misma cara que pones cuando quieres decir algo y decides no hacerlo.
Él soltó una risa corta.
—¿Y qué se supone que haga?
Julia se apoyó en el marco de la puerta.
—Algo.
—Eso no ayuda.
—Sí ayuda. Solo que no es la respuesta que quieres.
Mateo guardó silencio.
—Si de verdad no quieres perderla —continuó Julia—, deja de esperar a que ella haga todo por ti.
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Al día siguiente, Valeria encontró una pequeña nota dentro de su cuaderno.
No tenía nombre.
Solo decía:
Después de clases. Donde empezó todo.
Valeria supo inmediatamente quién la había dejado.
Durante el resto del día intentó concentrarse.
No pudo.
Cuando terminó la última clase, caminó hasta el salón donde había conocido a Mateo años atrás.
Él ya estaba allí.
—¿Fuiste tú? —preguntó, levantando la nota.
—Sí.
—¿Por qué aquí?
Mateo miró el salón vacío.
—Porque aquí empezó una parte de todo esto.
Valeria sonrió ligeramente.
—¿Y ahora qué?
Mateo respiró hondo.
—Ahora quiero hacer algo diferente.
Ella lo observó con atención.
—¿Qué cosa?
Mateo sacó dos entradas del bolsillo.
—Quiero invitarte a salir otra vez.
Valeria miró las entradas y después a él.
—¿Otra cita?
—Sí.
—¿Y esta vez vas a decirme que somos algo?
Mateo negó con la cabeza.
—No.
Ella pareció sorprendida.
—Entonces, ¿qué quieres?
Mateo sonrió.
—Conocerte sin estar pensando todo el tiempo en cómo termina.
Valeria bajó la mirada hacia las entradas.
Por primera vez, aquello no parecía una promesa.
Tampoco una confesión.
Era simplemente una oportunidad.
—Está bien —dijo finalmente—. Pero esta vez eliges tú el lugar.
—Trato hecho.
Mateo sonrió.
Y Valeria también.
Ninguno sabía todavía que aquella segunda cita iba a cambiar algo.
Solo que, por una vez, ninguno estaba huyendo.