Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 34----El futuro no espera

La semana avanzó demasiado rápido.

Exámenes.

Trabajos.

Reuniones sobre la graduación.

Formularios para universidades.

Todo parecía recordarles que quedaban pocos meses para terminar el colegio.

Valeria estaba sentada en el patio con Sofía cuando esta dejó un folleto sobre la mesa.

—Ya empezaron las charlas de universidades.

Valeria lo tomó.

—No quiero pensar en eso todavía.

—Pues el futuro no está esperando a que estés preparada.

Valeria hizo una mueca.

—Qué motivadora.

—Gracias.

Sofía sonrió, pero después se quedó mirando el folleto.

—¿Tú sabes qué quieres hacer?

Valeria negó con la cabeza.

—Tengo algunas ideas.

—¿Y Mateo?

Valeria levantó la mirada.

—No sé.

Era curioso.

Durante años había pensado tanto en lo que Mateo sentía por ella que nunca se había detenido a preguntarse qué quería él para su propia vida.

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Después de clases, Mateo la encontró en la biblioteca.

—¿Tienes un minuto?

—Sí.

Él dejó una hoja sobre la mesa.

—¿Qué es esto?

—Una lista de universidades.

Valeria lo miró sorprendida.

—¿Estás buscando?

—Intentándolo.

Ella sonrió.

—Eso es bueno.

—Mi padre quiere que estudie administración.

—¿Y tú?

Mateo se quedó callado.

—No lo sé.

Valeria cerró lentamente el libro que estaba leyendo.

—Pensé que siempre tenías todo claro.

—Yo también.

Ella soltó una pequeña risa.

—Supongo que no somos tan diferentes.

Mateo la miró.

—¿Tú sabes qué quieres?

—No completamente.

—¿Y te asusta?

Valeria asintió.

—Mucho.

Mateo sonrió.

—Entonces al menos tenemos algo en común.

Durante unos segundos se quedaron en silencio.

Era un silencio cómodo.

Hasta que Mateo preguntó:

—¿Alex sabe qué quiere?

Valeria arqueó una ceja.

—¿En serio?

—¿Qué?

—Estábamos teniendo una conversación profunda.

—Lo sé.

—Y lograste meter a Alex.

Mateo sonrió.

—Estoy trabajando en eso.

—Se nota.

Ella volvió a mirar la hoja.

—Alex quiere estudiar ingeniería.

—¿Y tú quieres salir con él?

La pregunta salió demasiado rápido.

Valeria levantó la mirada.

Mateo pareció arrepentirse inmediatamente.

—Perdón.

—No tienes que disculparte.

—Sí tengo.

—No.

Valeria cerró la carpeta.

—Pero tampoco voy a responderte cada vez que te entre miedo.

Mateo asintió.

—Justo.

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Al día siguiente, Valeria recibió una invitación.

Alex quería llevarla a un concierto escolar que se celebraría el viernes.

Ella aceptó.

No porque quisiera provocar a Mateo.

Ni para demostrarle nada.

Simplemente porque quería seguir conociéndolo.

Cuando se lo contó a Sofía, su amiga la miró seriamente.

—¿Te gusta Alex?

Valeria tardó en responder.

—Sí.

Sofía esperó.

—Pero no como Mateo.

Valeria bajó la mirada.

—No.

—¿Y eso te hace sentir culpable?

—Un poco.

—No debería.

Valeria suspiró.

—Lo sé.

—Entonces deja de castigarte por no sentir las cosas en el orden correcto.

Valeria sonrió.

—¿Desde cuándo eres tan sabia?

—Desde que tú y Mateo me obligaron a escuchar la misma historia durante años.

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El viernes llegó.

El concierto estaba lleno.

Alex y Valeria estaban sentados cerca del escenario.

Mateo también estaba allí.

Había llegado con Diego.

No había ido para verla.

Al menos eso se repetía.

Hasta que la encontró.

Alex estaba inclinado hacia Valeria, diciéndole algo al oído.

Ella se rio.

Mateo apartó la mirada.

—¿Quieres irte? —preguntó Diego.

—No.

—¿Seguro?

—Sí.

Mateo respiró profundamente.

No podía seguir sintiendo que cada vez que Valeria sonreía con alguien más era una amenaza.

Si quería que ella lo eligiera, tendría que aceptar que también podía elegir a otra persona.

Y eso era lo que más miedo le daba.

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Cuando terminó el concierto, Mateo salió al patio.

Valeria lo alcanzó unos minutos después.

—¿Estabas ahí?

—Sí.

—¿Por qué no me dijiste?

Mateo se encogió de hombros.

—No quería interrumpir.

Ella lo miró.

—Estás cambiando.

—¿Eso es bueno?

—No lo sé todavía.

Mateo sonrió.

—Justo.

Valeria miró hacia la puerta.

—Me divertí.

—Lo vi.

—¿Te molestó?

Mateo pensó antes de responder.

—Sí.

Ella levantó las cejas.

—¿Y?

—Y no es tu problema.

Valeria sonrió.

—Eso sí es nuevo.

Mateo la miró.

—Estoy intentando hacerlo bien.

—No tienes que hacerlo perfecto.

Él bajó la voz.

—Solo tengo que hacerlo.

Valeria sostuvo su mirada.

Por un instante ninguno se movió.

El ruido del concierto seguía detrás de ellos.

Las luces del patio iluminaban apenas sus rostros.

Mateo pensó en acercarse.

Valeria también.

Pero ninguno lo hizo.

Finalmente ella sonrió.

—Nos vemos el lunes.

—El lunes.

Valeria se marchó.

Mateo se quedó allí.

Otra vez habían estado cerca.

Otra vez no había pasado nada.

Pero esta vez no se sintió como una oportunidad perdida.

Se sintió como una decisión.

Y quizá eso era lo que necesitaban aprender:

que no todo momento tenía que terminar en un beso para significar algo.

A veces bastaba con quedarse.

Y esperar el momento en que ambos estuvieran realmente listos.




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