Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 35----Lo que elegimos cuando nadie mira

El lunes, Valeria llegó al colegio esperando que todo siguiera igual.

No fue así.

Había algo diferente en Mateo.

No sabía exactamente qué.

Tal vez era la manera en que la miraba desde el otro extremo del patio.

O la forma en que, cuando sus ojos se encontraban, ya no apartaba la mirada inmediatamente.

Habían pasado años haciendo eso.

Mirarse.

Callarse.

Esperar.

Ahora parecía que Mateo estaba cansándose de esperar.

Pero Valeria también.
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—¿Te pasa algo? —preguntó Sofía.

—No.

—Otra vez esa respuesta.

Valeria sonrió.

—Estoy pensando.

—Eso sí me preocupa.

Valeria le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Estoy pensando en la universidad.

Sofía suspiró.

—Todos estamos pensando en eso.

—No sé qué quiero hacer después de graduarme.

—Yo tampoco.

Sofía hizo una pausa.

—Pero hay algo que sí sé.

—¿Qué?

—No quiero terminar el colegio y perder a las personas que quiero.

Valeria la miró.

—No las vas a perder.

—Eso no lo sabes.

Sofía bajó la mirada.

—Todos estamos cambiando. Mateo, tú, yo… Incluso Diego.

Valeria entendió entonces que el miedo de Sofía no era solo por el futuro.

Era por quedarse sola después.
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En la última clase, la profesora anunció que tendrían que formar parejas para un proyecto que duraría varias semanas.

Antes de que Valeria pudiera mirar a Sofía, alguien habló.

—Yo trabajo con Valeria.

Alex.

La profesora anotó sus nombres.

Mateo estaba unas filas atrás.

No dijo nada.

Pero Valeria alcanzó a ver cómo apretaba el bolígrafo entre los dedos.

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Después de clases, Mateo la esperaba afuera.

—¿Tienes un minuto?

—Sí.

Caminaron hacia el patio.

—Vi lo del proyecto.

Valeria sonrió.

—¿Y?

—Nada.

—Mateo.

—Está bien. Me molestó un poco.

—No tienes que ocultarlo.

—No quiero convertir cada cosa que haces en un problema.

Valeria lo miró.

—Entonces no la conviertas.

—Estoy intentando.

Ella sonrió.

—Lo sé.

Mateo se quedó callado.

Después sacó algo del bolsillo.

Era una fotografía vieja.

Valeria la tomó.

—¿Qué es esto?

—La encontré ayer en mi casa.

Ella observó la imagen.

Era una foto de un grupo de estudiantes.

Mateo aparecía al fondo.

Valeria estaba unos pasos más adelante.

—¿Cuándo fue?

—Antes de que nos conociéramos.

Valeria levantó la mirada.

—¿Tú estabas ahí?

—Sí.

—No te vi.

—Yo sí te vi.

Ella volvió a mirar la fotografía.

—¿Por qué nunca me dijiste?

Mateo se encogió de hombros.

—Porque no sabía si significaba algo.

Valeria sonrió.

—¿Y ahora?

Mateo la miró.

—Ahora creo que algunas cosas significan algo aunque no sepamos por qué.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

—Eso sonó demasiado bonito para ti.

—Estoy practicando.

Ella soltó una risa.

Durante unos segundos quedaron en silencio.

Mateo extendió la mano hacia la fotografía.

Sus dedos rozaron los de ella.

Ninguno apartó la mano inmediatamente.

Fue apenas un segundo.

Pero los dos lo sintieron.

Mateo la miró.

Valeria también.

Y por primera vez, el silencio no parecía pedirles que huyeran.

Hasta que sonó el timbre.

Valeria retiró la mano.

—Tengo que irme.

—Sí.

—Nos vemos mañana.

—Mañana.
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Esa noche, Mateo estaba cenando con su familia cuando Gabriel volvió a hablar de la universidad.

—La próxima semana tenemos que visitar la universidad.

Mateo dejó el tenedor.

—¿Tenemos?

—Sí.

—No quiero ir.

Gabriel lo miró.

—¿Por qué?

—Porque no estoy seguro de querer estudiar eso.

—Mateo.

—No sé qué quiero.

Su padre suspiró.

—No puedes pasar toda la vida sin decidir.

—Lo sé.

—Entonces empieza.

Mateo apretó las manos debajo de la mesa.

—Quiero estudiar algo que me guste.

Gabriel se quedó en silencio.

—¿Y sabes qué es?

—No todavía.

—Entonces no estás listo para decidir.

Mateo se levantó.

—Tal vez necesito tiempo.

—El tiempo no siempre espera.

Mateo se detuvo.

Esa frase le resultó familiar.

Quizá demasiado.

Porque era exactamente lo que estaba empezando a entender con Valeria.

El tiempo no esperaba.

Y esta vez no quería descubrir demasiado tarde que había dejado pasar algo importante.
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Más tarde, Mateo recibió un mensaje.

Valeria: Encontré algo.

Mateo: ¿Qué?

Valeria: Una foto.

Él sonrió.

Mateo: ¿La que te enseñé?

Valeria: Sí.

Pasaron unos segundos.

Valeria: Me gusta pensar que ya nos habíamos encontrado antes de conocernos.

Mateo leyó el mensaje varias veces.

Después escribió:

Mateo: Quizá por eso siempre terminamos encontrándonos otra vez.

Valeria tardó en responder.

Valeria: Quizá.

Mateo dejó el teléfono sobre la cama.

No sabía qué iba a pasar entre ellos.

No sabía dónde estudiaría.

No sabía qué ocurriría cuando terminara el colegio.

Pero había algo que empezaba a tener claro.

Por primera vez, no quería que el miedo decidiera por él.

Aunque todavía no sabía si ser valiente sería suficiente.




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