El martes por la mañana, Valeria llegó al colegio con una sensación extraña.
No era tristeza.
Tampoco felicidad.
Era la sensación de que algo estaba a punto de cambiar.
Quizá porque cada día que pasaba quedaba menos tiempo para terminar el colegio.
Quizá porque Mateo ya no era el mismo de unos meses atrás.
O quizá porque ella tampoco era la misma.
—Estás distraída —dijo Sofía.
—Estoy pensando.
—Otra vez.
Valeria sonrió.
—En serio.
Sofía dejó su mochila sobre la mesa.
—¿En Mateo?
Valeria negó.
—En nosotros.
—¿Nosotros quiénes?
—Todos.
Sofía la miró sin entender.
—Graduación. Universidades. Lo que viene después.
—Ah.
Sofía se sentó.
—Eso sí me da miedo.
Valeria la observó.
—¿Por qué?
—Porque aquí sabemos quiénes somos.
Sofía miró alrededor del patio.
—Después nadie sabe nada.
Valeria entendió.
Durante años habían vivido pensando que todavía tenían tiempo.
Para decir cosas.
Para arreglarlas.
Para intentar.
Para equivocarse.
Pero el tiempo empezaba a acabarse.
------------------
Ese mismo día, la orientadora entregó las fechas de las entrevistas universitarias.
Valeria anotó todo en su agenda.
Cuando levantó la mirada, vio a Mateo haciendo exactamente lo mismo.
Sus ojos se encontraron.
Él sonrió.
Ella también.
Y por unos segundos no importó nada más.
----------------
Después de clases, Mateo la alcanzó.
—¿Ya viste las fechas?
—Sí.
—Mi padre quiere que vaya a una universidad fuera de la ciudad.
Valeria se detuvo.
—¿Qué?
Mateo se encogió de hombros.
—Todavía no está decidido.
—¿Y tú qué quieres?
—No sé.
—Pero podrías terminar lejos.
—Sí.
Valeria bajó la mirada.
No había pensado en eso.
Había pensado en el futuro como algo abstracto.
Universidad.
Graduación.
Nuevos amigos.
Nuevos lugares.
Pero nunca había pensado en Mateo lejos.
No de esa manera.
—¿Y tú? —preguntó él—. ¿Te quedarías aquí?
—No lo sé.
Mateo soltó una pequeña risa.
—Qué mal momento para que ninguno de los dos tenga idea de nada.
Valeria sonrió.
—Sí.
Caminaron unos pasos más.
—¿Te da miedo? —preguntó Mateo.
—Sí.
—A mí también.
Ella lo miró.
—¿La universidad?
—Eso también.
—¿Entonces qué?
Mateo tardó en responder.
—Que un día dejemos de encontrarnos.
Valeria sintió un nudo en el pecho.
—Siempre nos encontramos.
—Hasta ahora.
Ella se quedó callada.
Porque tenía razón.
Hasta ahora siempre habían estado en el mismo colegio.
En los mismos pasillos.
En las mismas reuniones.
En los mismos lugares.
Pero eso estaba a punto de terminar.
-----------------------
Esa tarde, Alex llegó a la biblioteca con dos cafés.
—Uno es para ti.
Valeria sonrió.
—Gracias.
—Sin azúcar.
—Ya aprendiste.
—Estoy prestando atención.
Se sentaron a trabajar.
Después de unos minutos, Alex habló.
—¿Te preocupa la universidad?
Valeria levantó la mirada.
—¿Cómo sabes?
—Porque llevas cinco minutos mirando la misma página.
Ella soltó una risa.
—Sí.
—¿Tienes pensado irte?
—Tal vez.
—Yo probablemente sí.
Valeria asintió.
—¿Te gustaría?
—Sí.
Alex hizo una pausa.
—Aunque significara dejar algunas personas atrás.
Valeria lo miró.
—¿Lo harías?
—Si es lo que quiero para mi vida.
Ella guardó silencio.
Alex no sabía que esa respuesta le estaba dando vueltas en la cabeza.
Porque era justamente lo que Mateo todavía no se atrevía a hacer.
Elegir algo.
Incluso si daba miedo.
------------------
Al salir de la biblioteca, Valeria encontró a Mateo en la entrada.
—¿Esperabas a alguien?
—A ti.
Alex miró a ambos.
—Los dejo hablar.
—Gracias —dijo Mateo.
Cuando Alex se fue, Valeria preguntó:
—¿Qué pasa?
Mateo le entregó un papel.
Era una lista de universidades.
—Mi padre quiere que elija una de estas.
Valeria la revisó.
Había varias fuera de la ciudad.
—¿Y tú?
—Hay una que me interesa.
—¿Cuál?
Mateo señaló una.
—Esta.
Valeria la reconoció.
Era una universidad bastante lejos.
—¿Te irías?
—No sé.
—Pensé que no querías.
—Antes no quería pensar en nada.
Mateo la miró.
—Ahora estoy intentando hacerlo.
Valeria sonrió.
—Eso es bueno.
—Sí.
Hubo un silencio.
—¿Sabes qué es lo raro? —dijo Mateo.
—¿Qué?
—Hace unos meses me daba miedo pensar en perderte.
—¿Y ahora?
—Ahora me da miedo pensar que puedo quedarme contigo y aun así perderte.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Mateo bajó la mirada.
—Que quizá querernos no sea suficiente si no sabemos qué hacer con nuestras vidas.
Ella no respondió.
Porque era exactamente lo que estaba pensando.
------------------
Esa noche, Valeria habló con su madre.
—Mamá, ¿tú sabías desde cuándo querías estudiar literatura?
Elena sonrió.
—No siempre lo supe.
—¿Entonces cómo decidiste?
—No decidí de un día para otro.
—¿Y si te equivocabas?
Su madre dejó la taza sobre la mesa.
—Entonces habría cambiado de camino.
Valeria la miró.
—¿No te daba miedo?
—Muchísimo.
—¿Y cómo lo hiciste?
Elena sonrió.
—Entendiendo que tener miedo no significa que estés tomando una mala decisión.
Valeria se quedó pensando.
Tal vez eso era lo que todos estaban aprendiendo.
Mateo con ella.
Ella con Mateo.