Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 38----Lo que también cuenta

El miércoles empezó con una noticia que nadie esperaba.

La directora entró al salón antes de que llegara el profesor de matemáticas y pidió que todos guardaran silencio.

Eso, por sí solo, hizo que la clase se pusiera nerviosa.

Cuando un adulto entraba al salón con esa expresión, normalmente significaba una de dos cosas: problemas o anuncios.

Y ninguno de los dos solía ser bueno.

—Como saben —empezó la directora—, se acerca la semana de actividades de graduación.

Algunos comenzaron a murmurar.

—Y este año queremos que ustedes participen en la organización del evento final.

Sofía levantó la mano inmediatamente.

—¿Participar significa que tenemos que trabajar?

La directora la miró.

—Exactamente.

—Entonces no sé si quiero participar.

Algunas risas recorrieron el salón.

La directora sonrió apenas.

—Necesitamos representantes para coordinar distintas actividades. Música, decoración, fotografía, discursos y organización del acto.

Valeria sintió que Sofía le daba un pequeño golpe con el codo.

—Ni se te ocurra —susurró.

—No iba a hacer nada.

—Te conozco.

La directora comenzó a repartir las tareas.

Y, como si el universo tuviera un extraño sentido del humor, terminó diciendo:

—Para fotografía y recopilación de recuerdos del curso, Valeria Santos y Alex Navarro.

Sofía cerró los ojos.

Valeria suspiró.

Al otro lado del salón, Mateo levantó la mirada.

No hizo ningún gesto.

Pero Valeria lo conocía demasiado bien.

Había algo en la manera en que apretaba la mandíbula cuando intentaba parecer indiferente.

La directora siguió asignando grupos.

—Para la coordinación del evento deportivo y actividades exteriores, Mateo Ferrer y Diego Morales.

Diego miró a Mateo.

—Nos toca.

—Ya escuché.

—Estás feliz.

—Muchísimo.

—Se nota.

Mateo soltó una risa.

Valeria lo observó por un instante.

Después volvió a mirar al frente.

Había decidido no interpretar cada gesto suyo.

Al menos, eso se había prometido.
-------------------

A la hora del almuerzo, Sofía no tardó en sentarse frente a Valeria.

—¿Te das cuenta de que ahora vas a pasar toda la semana con Alex?

—Es un proyecto.

—Sí.

—Y también tengo que trabajar con Mateo en otras cosas.

Sofía sonrió.

—Ah.

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Esa cara.

—¿Cuál?

—La de “esto va a terminar mal”.

—No estoy pensando eso.

—Sí lo estás pensando.

Sofía tomó una papa.

—Solo digo que tienes dos chicos alrededor, uno de ellos te gusta desde hace años y el otro sabe perfectamente lo que quiere.

Valeria la miró.

—No necesito que me recuerdes eso.

—Tal vez sí.

—No.

Sofía bajó la voz.

—¿Y qué quieres tú?

Valeria se quedó callada.

Esa pregunta parecía haberse convertido en la más difícil del mundo.

—Quiero a Mateo.

Sofía dejó de sonreír.

—Eso ya lo sé.

—Pero no quiero que quererlo signifique dejar de preguntarme qué necesito yo.

Sofía asintió.

—Eso es diferente.

—Sí.

Valeria miró hacia la otra mesa.

Mateo estaba con Diego y Nico.

Nico decía algo que los hacía reír.

Mateo sonreía.

Por un momento parecía el mismo de siempre.

El chico que se sentaba junto a ella sin pedir permiso.

El que le quitaba los lápices.

El que encontraba cualquier excusa para escribirle.

El que había conseguido convertirse en una parte de su vida sin que ninguno de los dos decidiera exactamente cuándo.

Pero ahora había algo distinto.

Ahora ambos sabían.

Y saberlo hacía que todo fuera más complicado.

—¿Qué estás pensando? —preguntó Sofía.

—Que antes era más fácil.

—No.

Valeria la miró.

—¿No?

—Antes era más cómodo. No más fácil.

Valeria se quedó pensando.

Tenía razón.

No saber era cómodo.

Dolía, sí.

Pero permitía inventar explicaciones.

Ahora ya no.

Ahora Mateo había dicho que la quería.

Ella había admitido que también.

Y eso significaba que, a partir de ahí, cada decisión tenía consecuencias.

---------------------

Por la tarde, Valeria y Alex se quedaron en la biblioteca para revisar las fotografías del curso.

Habían decidido hacer una presentación con imágenes de los últimos años.

Alex abrió una carpeta.

—¿Quieres empezar por primero?

—Sí.

—Entonces necesitaremos muchas.

—Podemos pedirlas a los demás.

Alex la miró.

—¿Tú tienes fotos antiguas?

—Algunas.

—¿De Mateo?

Valeria levantó la mirada.

Alex sonrió.

—No pongas esa cara. Solo pregunté.

—Tengo fotos de todos.

—Claro.

—Alex.

—Valeria.

Ella soltó una risa.

—Eres insoportable.

—Me lo dicen seguido.

Continuaron trabajando.

Después de unos minutos, Alex encontró una fotografía.

—Mira.

Valeria se acercó.

Era una foto de una actividad escolar de hacía tres años.

Ella aparecía al fondo, riéndose con Sofía.

Y detrás, casi fuera del encuadre, estaba Mateo.

Alex la observó.

—¿Sabes qué es lo raro?

—¿Qué?

—Que parece que él siempre estaba cerca.

Valeria miró la pantalla.

No había pensado en eso.

Pero era verdad.

No literalmente siempre.

Aunque sí demasiado.

Fotos de actividades.

Trabajos.

Excursiones.

Cumpleaños.

Momentos pequeños que, vistos por separado, no significaban nada.

Juntos, parecían contar una historia.

Una que ninguno había sabido nombrar.

—Éramos unos niños —dijo Valeria.

—Sí.

Alex siguió mirando la foto.

—¿Crees que él ya te quería entonces?

Valeria sonrió.

—No lo sé.

—Él probablemente sí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.