Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 39----La fotografía que faltaba

Valeria tardó casi diez minutos en decidir si debía enviar el mensaje.

Diez minutos mirando la pantalla.

Diez minutos entrando y saliendo del chat de Mateo.

Diez minutos preguntándose si estaba exagerando algo que probablemente no significaba nada.

Al final, bloqueó el teléfono.

No iba a hacerlo.

No esa noche.

Había prometido no volver a buscar respuestas en cada pequeño detalle.

Y, además, si algo había aprendido en los últimos meses, era que las cosas importantes nunca eran tan sencillas como parecían.

Dejó el teléfono sobre la mesa y abrió el libro que tenía delante.

No leyó.

Volvió a mirar el teléfono.

Nada.

—Esto es ridículo —murmuró.

Su hermana Lucía apareció en la puerta.

—¿Qué cosa?

Valeria levantó la cabeza.

—Nada.

Lucía entró.

—Cuando dices “nada”, normalmente es algo.

—¿Por qué todos creen conocerme tanto?

—Porque eres predecible.

—Tengo diecisiete años. No soy predecible.

Lucía se sentó en el borde de la cama.

—¿Es Mateo?

Valeria suspiró.

—Sí.

—¿Se pelearon?

—No.

—¿Entonces?

—Tampoco.

Lucía frunció el ceño.

—¿Se están gustando?

Valeria se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Eso.

—¿Quién te dijo eso?

—Nadie.

—Lucía.

—Los vi ayer.

Valeria abrió mucho los ojos.

—¿Dónde?

—En el colegio.

—¿Y qué viste?

Lucía sonrió.

—Que él te miraba como papá mira a mamá cuando cree que nadie lo está viendo.

Valeria sintió que se le calentaba la cara.

—Vete.

—¿Eso significa que sí?

—Vete.

Lucía se levantó riendo.

Antes de salir, se giró.

—Si se casan, yo quiero ser dama de honor.

—¡Lucía!

La puerta se cerró.

Valeria se dejó caer sobre la cama.

Y, contra su voluntad, sonrió.

Después tomó el teléfono.

Había un mensaje.

De Mateo.

Mateo:
¿Estás despierta?

Valeria respondió.

Valeria:
Sí.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

Mateo:
Yo también.

Valeria sonrió.

Valeria:
Eso suele pasar cuando uno no está dormido.

Pasaron unos segundos.

Mateo:
Quería preguntarte algo.

Valeria se incorporó.

Valeria:
Pregunta.

Mateo:
¿Estás bien?

Ella frunció el ceño.

Valeria:
Sí. ¿Por qué?

Mateo:
No sé. Hoy estabas rara.

Valeria miró la fotografía que todavía tenía abierta en su computadora.

Pensó en preguntarle.

Esta vez no quiso borrar el mensaje.

Valeria:
Encontré una foto vieja.

Tres puntos.

Desaparecieron.

Volvieron.

Mateo:
¿Cuál?

Valeria tomó una captura y se la envió.

Pasaron casi treinta segundos.

Después llegó la respuesta.

Mateo:
No la recordaba.

Valeria sintió algo extraño.

Valeria:
Yo tampoco.

Otra pausa.

Mateo:
¿Por qué?

Ella escribió:

Porque estabas mirándome.

No lo envió.

Lo borró.

Escribió otra cosa.

Valeria:
Porque aparece Nico.

Mateo tardó más esta vez.

Mateo:
¿Y?

Valeria sintió que algo no estaba bien.

Valeria:
¿Nico estaba contigo ese día?

La respuesta tardó casi un minuto.

Mateo:
Sí.

Valeria:
¿Y por qué parece que estaba mirando hacia ti?

Mateo no respondió.

Valeria dejó el teléfono sobre la cama.

No iba a insistir.

No iba a convertir una fotografía vieja en otro problema.

Pero entonces llegó un mensaje.

Mateo:
Porque probablemente ya sabía.

Valeria volvió a tomar el teléfono.

Valeria:
¿Sabía qué?

Los tres puntos aparecieron.

Y desaparecieron.

Aparecieron otra vez.

Finalmente:

Mateo:
Que me gustabas.

Valeria sintió que el corazón le daba un golpe.

Valeria:
¿Desde cuándo?

Esta vez no hubo respuesta.

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Al día siguiente, Mateo no llegó a la primera clase.

Valeria intentó no darle importancia.

No funcionó.

Miró el asiento vacío tres veces antes de que Sofía se diera cuenta.

—No empieces.

—No estoy empezando nada.

—Llevas cinco minutos mirando su silla.

—Estoy pensando.

—En su silla.

Valeria cerró el cuaderno.

—No contestó anoche.

Sofía dejó el lápiz.

—¿Pasó algo?

—Le pregunté por una foto.

—¿Qué foto?

Valeria se la mostró.

Sofía la observó.

—¿Y?

—Dice que Nico probablemente ya sabía que le gustaba.

Sofía levantó la mirada.

—¿Desde cuándo?

—Eso le pregunté.

—¿Y?

—No respondió.

Sofía se quedó callada.

—Eso no me gusta.

—A mí tampoco.

—¿Crees que pasó algo más?

Valeria negó con la cabeza.

—No quiero volver a pensar que todo tiene un significado oculto.

—Tal vez no lo tiene.

—Exacto.

Sofía tomó aire.

—Pero si lo tiene, tendrás que preguntarle.

Valeria miró el asiento vacío.

—Sí.
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Mateo llegó al colegio durante el segundo recreo.

Diego lo vio primero.

—¿Todo bien?

Mateo dejó la mochila sobre el banco.

—Sí.

—Eso sonó a no.

Mateo se pasó una mano por el cabello.

—Mi padre volvió a hablar conmigo.

Diego se sentó.

—¿Universidad?

—Sí.

—¿Qué pasó?

Mateo sacó un sobre de su mochila.




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