Entre lo que nunca fuimos

Capítulo 40----La segunda persona

Mateo no durmió.

No porque no pudiera.

Porque cada vez que cerraba los ojos volvía a leer el mismo mensaje.

Yo no fui la única persona que escuchó aquella conversación.

A las dos de la madrugada seguía mirando el teléfono.

A las tres intentó convencerse de que podía esperar hasta la mañana.

A las tres y cinco volvió a abrir el chat.

No había ningún mensaje nuevo.

A las cuatro dejó el teléfono sobre la mesa y se obligó a dormir.

A las seis estaba despierto otra vez.

Su madre lo encontró en la cocina.

—¿No dormiste?

Mateo negó con la cabeza.

Laura dejó una taza sobre la mesa.

—¿Problemas?

—Sí.

—¿De la clase?

—No.

Ella se sentó frente a él.

—¿Valeria?

Mateo sonrió débilmente.

—¿Cómo sabes?

—Porque cuando es cualquier otra cosa, vienes a desayunar.

Mateo bajó la mirada.

—Nico me dijo algo.

—¿Qué cosa?

—Que otra persona escuchó aquella conversación.

Laura no preguntó cuál.

—¿Y qué vas a hacer?

—Saber quién fue.

—¿Y después?

Mateo levantó la mirada.

—No lo sé.

Su madre sonrió.

—Entonces empieza por una cosa.

—¿Cuál?

—No imagines diez respuestas antes de tener una.

Mateo asintió.

Era un consejo sencillo.

Y probablemente necesario.

Porque llevaba años haciendo exactamente lo contrario.

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Nico llegó temprano al colegio.

Mateo lo encontró detrás de las gradas.

—Habla.

Nico lo miró.

—Buenos días para ti también.

—Nico.

—Está bien.

Se quedó unos segundos en silencio.

—Yo estaba con Diego ese día.

Mateo frunció el ceño.

—¿Diego?

—No. Diego se fue antes.

—Entonces ¿quién?

Nico negó con la cabeza.

—Primero quiero explicarte algo.

—No necesito una explicación.

—Sí la necesitas.

—Quiero saber qué escuchaste.

Nico respiró profundamente.

—Estábamos afuera del salón. Yo había salido porque quería hablar contigo.

Mateo recordó vagamente aquel día.

—¿Por qué?

—Porque sabía que te gustaba Valeria.

—Eso ya lo sé.

—Y porque te había visto después del gimnasio.

Mateo sintió un pequeño nudo.

—¿Qué viste?

—Que estabas raro.

—Eso tampoco es nuevo.

Nico soltó una risa nerviosa.

—Sí. Bueno. Yo pensé que habías intentado besarla.

Mateo no respondió.

—Y quería saber si había pasado algo.

—No pasó nada.

—Ahora sé que sí pasó.

Mateo apretó la mandíbula.

—Continúa.

—Te escuché hablar con alguien.

—¿Con quién?

—No pude ver quién era.

—¿Qué dijo?

Nico miró al suelo.

—Dijo que tú estabas perdiendo el tiempo.

Mateo se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Eso fue lo primero que escuché.

—¿Quién lo dijo?

—No lo sé.

—Nico.

—Te juro que no lo sé.

Mateo pasó una mano por su rostro.

—¿Y qué más?

—Después escuché una voz de chica.

Mateo levantó la cabeza.

—¿Valeria?

Nico negó.

—No estoy seguro.

—¿Cómo que no estás seguro?

—Había gente pasando. Yo estaba lejos.

—Pero me dijiste que era Valeria.

—Te dije lo que creí escuchar.

—¡Me dijiste que ella no quería nada conmigo!

Nico bajó la mirada.

—Sí.

—Y yo te creí.

—Lo sé.

—¿Qué dijo realmente?

Nico cerró los ojos.

—Dijo que no sabía qué hacer.

Mateo sintió que el aire se le detenía.

—¿Eso fue todo?

—No.

—¿Qué más?

Nico tardó en responder.

—Dijo que tenía miedo de arruinarlo.

Mateo dio un paso atrás.

Aquellas palabras eran exactamente las que Valeria le había dicho años después.

—¿Y tú pensaste que hablaba de mí?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque después escuché tu nombre.

Mateo frunció el ceño.

—¿Mi nombre?

—Sí.

—¿Qué dijo?

Nico tragó saliva.

—No escuché la frase completa.

—Entonces ¿por qué me dijiste lo que me dijiste?

Nico lo miró.

—Porque pensé que era obvio.

Mateo se quedó callado.

La rabia que sentía no era solo hacia Nico.

También era hacia él mismo.

Por haber creído.

Por no haber preguntado.

Por haber dejado que una conversación incompleta decidiera los siguientes dos años de su vida.

—¿Quién era la otra persona? —preguntó.

Nico no respondió.

—Nico.

—No sé.

—Me dijiste que alguien más estaba ahí.

—Sí.

—Entonces sabes quién.

Nico negó lentamente.

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

—Que vi a alguien salir después.

Mateo esperó.

—¿Quién?

Nico respiró profundamente.

—Camila.

Mateo sintió un golpe en el pecho.

—¿Camila?

—Sí.

—¿Ella escuchó?

—Creo que sí.

—¿Y nunca me dijo nada?

—No.

Mateo miró hacia el patio.

De repente, todo parecía más complicado.

Camila había dicho que nunca había visto lo ocurrido en el gimnasio.

Había dicho que no sabía quién había estado allí.

¿Había mentido?

¿O simplemente no había contado todo?

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

Nico bajó la mirada.

—Porque después pasó lo de Valeria.

—Eso no responde.

—Porque tenía miedo de empeorarlo.

Mateo soltó una risa amarga.

—Todos tenían miedo.

Nico no dijo nada.

—Y todos decidieron por nosotros.

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Camila estaba en la biblioteca cuando Mateo la encontró.

Ella levantó la mirada.

—¿Qué pasó?

—Necesito preguntarte algo.

Camila cerró el libro.

—Está bien.

Mateo se sentó frente a ella.

—¿Tú estabas ahí aquel día?

Camila se quedó inmóvil.

No respondió inmediatamente.

—¿Qué día?

—No hagas eso.




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