Entre lo que nunca fuimos

Capitulo 42----Antes de elegir

Valeria leyó el mensaje de Alex tres veces.

Necesito hablar contigo mañana. Hay algo que no te he contado.

No era un mensaje particularmente preocupante.

Pero después de todo lo que había ocurrido últimamente, cualquier frase que incluyera algo que no te he contado conseguía ponerla nerviosa.

Miró la hora.

Era tarde.

No respondió.

Dejó el teléfono sobre la mesa y volvió a intentar concentrarse en la tarea.

No pudo.

Su mente regresó inmediatamente a Mateo.

A la conversación con su padre.

A lo que había descubierto.

A los años que habían perdido por decisiones que ninguno de los dos había tomado.

Y, sobre todo, a la manera en que Mateo la había mirado aquella noche.

Quiero estar contigo incluso cuando no todo esté bien.

Valeria sonrió.

Quizá eso era lo que siempre había querido escuchar.

No una promesa de que nunca habría problemas.

Solo la certeza de que, cuando aparecieran, ninguno saldría corriendo.
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Al día siguiente, Alex la esperaba detrás de la biblioteca.

—Hola.

—Hola.

Valeria se acercó.

—¿Qué querías decirme?

Alex metió las manos en los bolsillos.

—Me aceptaron.

—¿En la universidad?

Él asintió.

—En la que quería.

Valeria sonrió.

—¡Alex, eso es genial!

—Sí.

—Entonces ¿por qué pareces preocupado?

Alex soltó una pequeña risa.

—Porque está bastante lejos.

—¿Cuánto?

—Otra ciudad.

Valeria entendió.

—Ah.

—Sí.

Hubo un silencio.

—Y quería decírtelo antes de que te enteraras por otra persona.

—Gracias.

Alex la miró.

—También quería decirte otra cosa.

Valeria esperó.

—Me gustas.

Ella sonrió débilmente.

—Lo sé.

—Pero no quiero pasar los últimos meses del colegio intentando competir con alguien.

Valeria bajó la mirada.

—No quiero que compitas con Mateo.

—Ya lo sé.

—Y tampoco quiero perder tu amistad.

—Yo tampoco.

Alex respiró profundamente.

—Entonces voy a hacer algo que probablemente debí hacer desde el principio.

—¿Qué?

—Voy a dejar de esperar una respuesta que ya conozco.

Valeria sintió una punzada de tristeza.

—Alex…

—No estoy enojado.

—No quiero hacerte daño.

—Lo sé.

—Y me alegra haberte conocido.

Alex sonrió.

—Eso sí es peligroso.

—¿Por qué?

—Porque si sigues diciendo cosas bonitas, voy a pensar que todavía tengo oportunidad.

Valeria soltó una risa.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte.

Alex miró hacia el patio.

—Solo prométeme algo.

—¿Qué?

—Que si vas a estar con Mateo, no vuelvas a aceptar menos de lo que quieres.

Valeria se quedó callada.

—¿Por qué dices eso?

—Porque te conozco.

Alex sonrió.

—Y porque he visto cómo te mira.

Valeria bajó la mirada.

—¿Cómo?

—Como si llevara años esperando que tú lo eligieras.

Ella sintió un pequeño nudo en la garganta.

—Tal vez yo también llevaba años esperando.

—Entonces deja de esperar.

Alex le dio un abrazo.

No hubo tristeza exagerada.

No hubo reproches.

Solo la sensación de que algunas personas llegan a nuestras vidas para quedarse y otras para enseñarnos algo antes de tomar otro camino.

Cuando se separaron, Alex sonrió.

—Ahora sí.

—¿Qué?

—Puedes irte con él.

Valeria se rio.

—No funciona así.

—Ya sé.

—Nos vemos después.

—Nos vemos.

Valeria se alejó.

Alex la observó unos segundos.

Después miró el cielo.

Había querido que ella lo eligiera.

Pero también había aprendido que querer a alguien no significaba insistir hasta conseguirlo.

A veces significaba dejarlo ir hacia aquello que realmente quería.

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Mateo estaba sentado en las gradas del gimnasio cuando recibió una llamada de su madre.

—¿Sí?

—¿Hablaste con tu padre?

—Sí.

—¿Y?

—Le dije que no voy a estudiar lo que él quiere.

Laura guardó silencio.

—¿Cómo reaccionó?

—Mejor de lo que esperaba.

—¿Y tú qué quieres hacer?

Mateo miró la cancha vacía.

—No lo sé todavía.

—Eso está bien.

—Mamá…

—¿Sí?

—¿Crees que estoy tomando una decisión demasiado grande solo por Valeria?

Laura respondió sin dudar.

—No.

Mateo respiró.

—¿Cómo estás tan segura?

—Porque si fuera solo por ella, habrías elegido quedarte.

Él se quedó callado.

—Pero estás considerando irte a una universidad que te interesa —continuó Laura—. Eso significa que estás pensando en tu futuro.

—¿Y si me voy?

—Entonces tendrás que aprender a mantener cerca a las personas importantes.

—¿Y si ella se queda aquí?

—Entonces tendrán que aprender a estar lejos.

Mateo miró el suelo.

—No quiero perderla.

—Nadie puede garantizarte que no perderás a alguien.

—Eso no ayuda.

Laura sonrió.

—No intento tranquilizarte. Intento enseñarte algo.

—¿Qué?

—Amar a alguien no significa construir toda tu vida alrededor de esa persona.

Mateo asintió lentamente.

—Significa construir tu vida y encontrar la manera de compartirla.

—Exactamente.
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Esa tarde, Mateo encontró a Valeria en la biblioteca.

Ella estaba sola.

—Hola.

Valeria levantó la mirada.

—Hola.

—¿Alex te contó?

Ella asintió.

—Sí.

Mateo se quedó de pie.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿De verdad?

—Sí.

Valeria cerró el libro.

—Me dijo que lo aceptaron en una universidad lejos.

Mateo sintió una punzada de alivio que inmediatamente intentó ocultar.

Valeria lo notó.

—No hagas esa cara.

—¿Cuál?




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