Era una mañana tranquila de primavera. Los cerezos florecían alrededor del instituto mientras los estudiantes caminaban hacia sus clases.
Kaylee estaba sentada junto a la ventana, mirando distraídamente el paisaje.
—¡Kaylee!
Una voz familiar la sacó de sus pensamientos.
Era Luna.
—Buenos días, dormilona —dijo Luna con una enorme sonrisa.
—Buenos días... —respondió Kaylee, intentando ocultar su sonrisa.
Luna se sentó a su lado y apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Tengo mucho sueño.
Kaylee se quedó completamente inmóvil.
«¿Por qué siempre hace estas cosas? ¿Acaso no sabe lo que provoca en mí?»
En ese momento apareció Evan.
—Vaya, vaya... ¿Interrumpo algo?
—¡Cállate, Evan! —respondieron ambas.
Evan comenzó a reírse.
—Qué sincronizadas. Parecen una pareja.
Luna soltó una carcajada.
—¡Qué tontería! Kaylee es mi mejor amiga.
Kaylee bajó la mirada.
—Sí... eso somos.
Evan observó su expresión, pero decidió no decir nada.
Una conversación inesperada
Durante el descanso, los tres fueron al jardín del instituto.
Luna estaba hablando sobre una chica que había conocido recientemente.
—Es bastante linda. Tiene unos ojos preciosos —comentó.
Kaylee sintió una pequeña punzada en el pecho.
—¿Te gusta? —preguntó Evan.
—No lo sé. Soy bisexual, ¿recuerdas? Puedo enamorarme de una chica o de un chico.
Kaylee sonrió débilmente.
—Sí, lo sabemos.
Luna miró directamente a Kaylee.
—¿Y tú? ¿Nunca te has enamorado de alguien?
—Sí.
—¿¡En serio!? ¿Quién?
Kaylee se quedó en silencio.
Evan casi se atragantó con su bebida.
—¡JA! ¡Esta conversación se puso interesante!
—No es asunto tuyo —respondió Kaylee, sonrojada.
Luna se acercó curiosamente.
—Vamos, Kaylee. Puedes contármelo. No voy a juzgarte.
Kaylee la miró a los ojos.
«Si supieras que eres tú...»
—Es alguien que está muy cerca de mí.
Luna sonrió.
—Entonces debes tener mucha suerte de conocerla.
Kaylee apartó la mirada.
—Quizás...
### El secreto de Evan
Al terminar las clases, Kaylee caminaba sola por el pasillo cuando Evan la alcanzó.
—Oye, Kaylee. Tenemos que hablar.
—¿Qué sucede?
Evan metió las manos en los bolsillos.
—Sé que estás enamorada de Luna.
Kaylee abrió los ojos.
—¿Qué...? ¿Cómo...?
—No soy tan tonto como crees. Siempre la miras cuando ella no está mirando. Y cuando alguien habla de sus posibles parejas, te pones triste.
Kaylee guardó silencio.
—No se lo diré a nadie —continuó Evan—. Pero tienes que decidir qué hacer con esos sentimientos.
—Tengo miedo...
—¿De qué?
Kaylee apretó las manos.
—De confesarle lo que siento y perderla para siempre.
Evan suspiró.
—A veces, guardar un secreto también puede hacerte daño.
Desde el otro extremo del pasillo, alguien había escuchado parte de aquella conversación.
Era Luna.
Y su expresión había cambiado completamente.
«¿Kaylee... está enamorada de alguien?»
Pero había algo que Luna todavía no comprendía.
¿Por qué aquella posibilidad le provocaba tantos celos?