La ilusión de un encuentro inminente llenaba cada rincón de sus días, pero como en toda historia real, la felicidad nunca llega sin sus sombras. Para Aiden y Lyra, esa sombra tomó la forma de una noticia inesperada que amenazaba con desbaratar sus planes.
Una tarde, mientras Aiden revisaba su correo electrónico, un mensaje llamó su atención: una notificación urgente del trabajo. Había surgido un proyecto importante que requería su presencia en otra ciudad justo en la misma fecha en la que planeaba viajar para ver a Lyra.
El corazón de Aiden se hundió.
Sabía que esa era una oportunidad profesional que no podía dejar pasar, pero también entendía que significaba posponer —o quizás cancelar— el encuentro que tanto habían esperado.
Con el peso de la noticia en el pecho, se conectó al juego esa noche, con la esperanza de encontrar consuelo en la voz de Lyra. Ella estaba allí, como siempre, pero Aiden dudó cómo contarle la noticia.
Finalmente, decidió ser honesto.
—“Lyra, necesito hablar contigo sobre algo importante,” empezó con voz temblorosa.
—“¿Qué pasa?” preguntó ella, notando el cambio en su tono.
—“En el trabajo me han asignado un proyecto que requiere que esté fuera justo en la fecha de nuestro encuentro.”
Un silencio denso invadió el chat.
—“¿Quieres decir que no podrás venir?” preguntó Lyra con el corazón apretado.
—“No lo sé aún. Quiero hacerlo, pero esto complica todo.”
—“Entiendo,” respondió ella tratando de contener las lágrimas que se asomaban.
Aiden deseaba abrazarla, calmar sus miedos y prometerle que todo estaría bien, pero solo podía ofrecerle palabras.
—“Te prometo que haré todo lo posible. No quiero que esto termine así.”
Lyra suspiró, intentando recomponerse.
—“Lo sé, Aiden. Solo que duele pensar que después de tanto, podamos estar tan lejos otra vez.”
—“No será así. Esto es solo un obstáculo, no el final,” aseguró él.
La noche se tornó fría y silenciosa, con ambos sumidos en pensamientos que ningún juego podía resolver.
Sin embargo, esa dificultad inesperada les recordó que el amor, aunque nacido en un mundo virtual, necesitaba sacrificios y compromiso reales.
Aiden y Lyra comprendieron que la distancia no solo era física, sino también de tiempo y circunstancias, y que su amor debía ser fuerte para sobrevivir a esas pruebas.
Los días siguientes estuvieron marcados por mensajes constantes, llamadas largas y la promesa firme de no dejar que ese revés los venciera.
Sabían que la verdadera misión apenas comenzaba.