Entre misiones y latidos.

Latidos sincronizados.

La cercanía del día tan esperado era como un pulso constante en sus venas, una mezcla electrizante de emoción, nervios y esperanza que les impedía pensar con claridad. La distancia que los había separado durante tanto tiempo parecía ahora una sombra tenue, casi irrelevante frente a la realidad de que, muy pronto, podrían verse cara a cara.

Aquella noche, como muchas otras, ambos se conectaron bajo su árbol virtual, el lugar que se había convertido en el santuario de su amor. Pero esta vez, había algo diferente en el aire: una sensación de que estaban a punto de dar un paso decisivo, de que todo lo vivido hasta ahora era solo el preludio de algo mucho más grande.

Lyra fue la primera en romper el silencio, su voz suave atravesando la pantalla.

—“Aiden, ¿sabes? A veces siento que ya te conozco de toda la vida, aunque solo hayamos compartido palabras y píxeles.”

Aiden sonrió, aunque ella no podía verlo, y respondió con calma:

—“Es extraño, pero yo siento lo mismo. Es como si tu voz, tus palabras, hubieran cruzado cualquier barrera y se hubieran instalado en mi alma.”

Los avatares se acercaron lentamente, como si pudieran alcanzar un contacto real.

—“¿Recuerdas la primera vez que te dije que te quería?” preguntó Lyra, con una mezcla de timidez y alegría.

—“Claro,” dijo Aiden, “y desde ese momento, cada día mis sentimientos por ti han crecido más, como una llama que no se apaga.”

Ella rió suavemente, y sus ojos virtuales brillaron con emoción.

—“Yo tenía miedo, sabes. Miedo de que todo esto fuera solo un juego, una ilusión pasajera. Pero ahora sé que es mucho más.”

Él tomó aire profundo, conmovido hasta el alma.

—“Para mí, esto es real. Más real que muchas cosas en mi vida diaria.”

El silencio que siguió fue dulce, una pausa cómplice que habló de promesas no dichas y esperanzas compartidas.

—“¿Sabes qué he estado imaginando?” preguntó Lyra, con una sonrisa que podía sentir aunque no la viera. “Nuestro primer encuentro, cuando por fin estemos frente a frente.”

—“Cuéntame,” pidió Aiden, con el corazón latiendo con fuerza.

—“Que nos miraremos a los ojos, y no necesitaremos decir nada. Que será un instante perfecto, donde todo encaje y no haya dudas,” respondió ella con ternura.

Él sintió un nudo en la garganta, intentando contener la emoción.

—“Yo también lo imagino así. Que todo lo que hemos vivido hasta ahora nos llevará a ese momento, como si estuviera escrito,” añadió él.

Las horas pasaron entre confesiones sinceras, planes detallados y sueños compartidos. Hablaron de los lugares que visitarían juntos, de las pequeñas aventuras que harían, de cómo querían construir un mundo propio donde nadie pudiera separarlos.

Lyra le confesó que tenía guardada una sorpresa para Aiden, algo especial que solo le revelaría cuando estuvieran cara a cara.

—“Me muero de ganas por verte,” dijo él, con una mezcla de ansiedad y amor.

—“Y yo a ti,” contestó ella, “más de lo que puedo expresar con palabras.”

Mientras la madrugada avanzaba, sus palabras se hicieron más tiernas, sus voces más bajas, como si quisieran que el mundo los escuchara solo a ellos. Hablaron de sus miedos, de las inseguridades que los acechaban, pero también de la confianza que habían construido y que ahora les daba fuerza.

—“¿Crees que esto es real?” preguntó Lyra en un susurro.

—“Creo que es lo más real que he sentido en mucho tiempo,” respondió Aiden, y en su voz había una sinceridad que traspasaba cualquier pantalla.

Cuando finalmente cerraron sesión, con la promesa de verse pronto, ambos sintieron que sus corazones latían al mismo ritmo, sincronizados por un amor nacido entre misiones y latidos, un amor que estaba listo para trascender la pantalla y convertirse en realidad tangible.

En esa noche silenciosa, dos almas separadas por kilómetros, pero unidas por un vínculo indestructible, soñaban con el momento en que, finalmente, sus mundos dejarían de ser virtuales para fundirse en un abrazo verdadero.




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