El mundo real tiene un ritmo distinto. Los minutos se sienten más densos, los silencios más significativos, y las miradas más poderosas. Aiden y Lyra lo descubrieron desde el primer momento en que sus ojos se encontraron sin pantallas de por medio.
Después de ese primer abrazo, ninguno de los dos quiso apresurar nada. Era como si temieran que si iban demasiado rápido, el momento se rompería. Decidieron caminar juntos por el parque, sin rumbo, solo dejándose llevar por la comodidad que habían construido a través de tantas horas compartidas en línea.
—“Me cuesta creerlo,” dijo Aiden con una risa nerviosa. “Eres real. Estás aquí.”
Lyra lo miró de reojo, con esa mezcla entre ternura y picardía que lo había enamorado incluso cuando solo era un nombre flotando en una sala de espera de un videojuego.
—“Yo también tengo esa sensación. Como si esto fuera un bonus secreto que desbloqueamos después de mil misiones. Respondio Lyra .”
Ambos rieron. El humor, la complicidad, el lenguaje compartido… todo seguía ahí. Solo que ahora, podían acompañarlo con sonrisas reales, gestos, pequeños roces de las manos.
Caminaron durante más de una hora. Pasaron junto a la fuente del parque, donde Lyra metió la mano solo para salpicar a Aiden. Él fingió escandalizarse y la persiguió unos pasos, riendo como un niño. No importaba la edad, ni las circunstancias, ni los kilómetros que alguna vez los separaron. En ese momento, el mundo era un mapa abierto solo para ellos.
Luego fueron por café a una pequeña cafetería con decoración vintage que Lyra había elegido días antes. Ella quería que todo fuera especial, y lo era. Se sentaron en una mesa al rincón, junto a una ventana donde la luz del mediodía caía suave sobre sus rostros.
La conversación fluyó tan naturalmente como siempre, pero con un ingrediente nuevo: el lenguaje del cuerpo. Ahora podían sostener la mirada, leer los nervios en los dedos que jugueteaban con la taza, ver cómo el otro sonreía de verdad.
—“¿Sabes lo que más me gusta de ti?” preguntó Aiden, mientras la miraba con sinceridad.
—“¿Qué?” —preguntó Lyra, con una ceja arqueada.
—“Que eres exactamente como te imaginé… y al mismo tiempo, mucho más". Respondio Aiden.
Ella bajó la mirada por un segundo, apenas sonrojada.
—“Tú también. Pero debo confesarte algo.”
Aiden se puso serio.
—“¿Qué pasa?”
Lyra sonrió.
—“Te ves más guapo en persona. En serio. A veces pensé que te estabas escondiendo detrás del avatar… pero no. Eres tú. Y me encanta.”
Él soltó una risa, medio nerviosa, medio feliz.
—“¿Estás intentando matarme con halagos?”
—“Solo estoy diciendo la verdad,” dijo ella, apoyando su mentón en su mano y mirándolo fijamente.
El momento se volvió suave, casi sagrado. La cafetería desapareció por unos segundos. Solo quedaban ellos dos, y ese universo que habían construido con palabras y que ahora estaba tomando forma con gestos y silencios.
Por la tarde, visitaron una feria artesanal cercana. Pasearon por los puestos de comida, probaron dulces típicos, y se tomaron fotos juntos por primera vez. Fotos reales. Aiden bromeaba con que se veía raro sin su armadura del juego, y Lyra lo abrazaba por la espalda y decía:
—“Yo prefiero así. Eres mi héroe en todos los mundos.”
Cuando se sentaron en una banca a ver el atardecer, Lyra sacó su libreta de dibujos. Aiden la miró, sorprendido.
—“¿Es eso… lo que creo que es?”
Ella asintió y la abrió. Le mostró página por página: su árbol virtual, el avatar de Aiden con detalles exactos, frases que él le había dicho escritas a mano, pequeños corazones, estrellas, y escenas de momentos que solo ellos conocían.
Aiden la miró en silencio, conmovido hasta lo más profundo. No supo qué decir. Solo le tomó la mano y la apretó suavemente.
—“Nadie había hecho algo así por mí.”
Lyra bajó la mirada.
—“Tú me hiciste sentir viva, Aiden. Cuando yo no creía en el amor, tú apareciste. No con flores, ni con promesas vacías… sino con paciencia, atención y alma.”
Él quiso hablar, pero en lugar de eso, hizo lo que había soñado por meses: acarició su mejilla y le dio un beso, lento y sincero, lleno de todo lo que no podía explicarse con palabras.
No fue un beso perfecto. Chocaron un poco sus narices. Se rieron en medio. Pero fue real, y eso lo hizo inolvidable.
Esa noche, se despidieron en la estación de tren. No se decían adiós, solo hasta luego. Sabían que esto era apenas el comienzo de una historia que ya no necesitaba pantallas para sostenerse.
Aiden la abrazó fuerte y susurró al oído:
—“Hoy no solo te vi. Hoy te sentí.”
Lyra, con los ojos brillando, respondió:
—“Y yo… por fin te viví.”
Ambos sabían que aún quedaban retos, distancias y días difíciles, pero también sabían algo más importante: ya no jugaban en mundos separados.
Ahora, por fin, estaban jugando en el mismo mundo.