Entre nosotros no hay reglas

CAPÍTULO 10—Un lugar lleno de gente

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No tenía idea de adónde me llevaba Adrián.

Después de casi veinte minutos conduciendo, seguíamos alejándonos de la zona donde estaba la casa.

La ciudad pasaba rápidamente detrás de las ventanas. Las luces de los negocios comenzaban a encenderse y el cielo estaba adquiriendo ese tono anaranjado que anunciaba el final de la tarde.

—¿Falta mucho? —pregunté.

Adrián sonrió mientras mantenía la mirada en la carretera.

—¿Ya estás impaciente?

—Tengo derecho a saber dónde voy.

—Confía en mí.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

Se rio.

—No voy a secuestrarte.

—No estaba pensando eso.

—Lo estabas pensando.

—Tal vez.

Después de unos minutos, giró hacia una calle llena de restaurantes, tiendas y personas caminando.

Finalmente estacionó frente a un pequeño local con grandes ventanales.

Miré el lugar.

—¿Qué hacemos aquí?

—Comer.

—¿Eso era la sorpresa?

—No exactamente.

Entramos.

El lugar estaba bastante lleno. Había mesas ocupadas por grupos de amigos y parejas. La música sonaba de fondo y varias lámparas pequeñas iluminaban las mesas.

Adrián saludó a alguien.

—¡Por fin!

Un chico se levantó de una mesa del fondo.

Era alto, de cabello castaño oscuro y sonrisa amplia. Llevaba una camiseta azul y una chaqueta negra.

—Pensé que no vendrías —dijo.

Adrián negó con la cabeza.

—Thiago, deja de dramatizar.

El chico miró hacia mí.

Después sonrió.

—Así que tú eres Vera.

Me quedé sorprendida.

—¿Me conoces?

Thiago soltó una carcajada.

—Adrián lleva días hablando de ti.

Adrián lo miró inmediatamente.

—Cállate.

—¿Qué? Es verdad.

Sentí calor en las mejillas.

—No sabía que hablaba de mí.

—No habla mucho —intervino una chica que estaba sentada al lado de Thiago—. Pero cuando lo hace, últimamente eres tú el tema.

La chica tenía el cabello largo y castaño, ojos claros y una expresión tranquila.

—Soy Valentina —se presentó—. Amiga de Thiago.

—Mucho gusto.

—Igualmente.

Adrián señaló una silla.

—Siéntate.

Nos acomodamos.

Thiago se inclinó hacia mí.

—No te preocupes. Adrián parece peor de lo que realmente es.

—¿Parece peor?

—Mucho peor.

Adrián le lanzó una mirada.

—Voy a cambiarte de mesa.

Thiago sonrió.

—¿Ves?

No pude evitar reírme.

Por primera vez entendí que Adrián no era exactamente la misma persona cuando estaba con sus amigos.

Se relajaba.

Sonreía más.

Incluso hacía bromas.

—También está Nicolás —dijo Valentina.

Miré hacia otra mesa.

Un chico de cabello oscuro levantó la mano.

—Hola.

—Hola.

—Es amigo mío desde hace años —explicó Thiago.

Nicolás se acercó y tomó una silla libre.

—¿Tú eres Vera?

—Sí.

—He escuchado hablar de ti.

Miré a Adrián.

—¿Todos han escuchado hablar de mí?

Thiago soltó una carcajada.

—Te dije.

Adrián negó con la cabeza.

—No les hagas caso.

—Demasiado tarde.

La conversación continuó entre bromas.

Me sentí más cómoda de lo que esperaba.

Thiago era imposible de ignorar. Hablaba constantemente, hacía bromas y conseguía que todos terminaran riéndose.

Valentina era más tranquila, pero tenía una personalidad directa.

Nicolás parecía reservado al principio, aunque poco a poco comenzó a participar en la conversación.

Y Adrián...

Adrián no dejaba de mirarme.

Cada vez que alguien decía algo gracioso, buscaba mi reacción.

Cada vez que yo hablaba, prestaba atención.

Era extraño.

Y me gustaba.

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Después de comer, todos salimos del local.

Thiago se puso al lado de Adrián.

—Esta noche hay otra reunión.

—No.

—¿Por qué?

—Porque no.

—¿Desde cuándo te has vuelto responsable?

—Desde que tú apareces.

Thiago miró hacia mí.

—¿Es por ella?

Adrián lo fulminó con la mirada.

—Thiago.

—Está bien, está bien.

Valentina se acercó a mí.

—No te preocupes. Siempre son así.

—¿Siempre?

—Desde que los conozco.

Nicolás apareció a nuestro lado.

—¿Te estás acostumbrando a esta locura?

—Todavía lo estoy intentando.

—Te acostumbrarás rápido.

Adrián se acercó.

—¿Nos vamos?

Asentí.

Antes de subir al coche, Nicolás me llamó.

—Vera.

Me giré.

—¿Sí?

—Fue un gusto conocerte.

—Igualmente.

Sonrió.

—Nos veremos otra vez.

Adrián escuchó.

No dijo nada.

Pero su expresión cambió ligeramente.

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Durante el camino de regreso, permaneció en silencio.

Lo miré de reojo.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Estás muy callado.

—Estoy conduciendo.

—Eso no te impide hablar.

Sonrió ligeramente.

—¿Te cayó bien Nicolás?

La pregunta me tomó por sorpresa.

—Sí.

—Es buen tipo.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

—Ninguno.

—Adrián.

—¿Qué?

—Estás celoso.

Soltó una risa.

—No.

—Sí.

—No.

—Te conozco.

Me miró brevemente antes de volver a concentrarse en la carretera.

—Llevas demasiado poco tiempo conociéndome para decir eso.

—Pues parece que aprendo rápido.

Sonrió.

—Eso parece.

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Cuando llegamos a casa, había varias personas en la sala.

León estaba sentado en el sofá junto a Mara.

Me sorprendí.

—¿Qué haces aquí?

Mara levantó una ceja.

—Tu madre me invitó a quedarme a cenar.

—Ah.

León miró a Adrián.

Después me miró a mí.

—¿Y ustedes dónde estaban?

—Comiendo —respondí.

—¿Solo ustedes?

—También estaban Thiago, Valentina y Nicolás.

León sonrió.

—Ah.

Adrián lo miró.

—No empieces.



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En el texto hay: celos, romance, emabrazo

Editado: 14.10.2026

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