Adara.
Aunque me cueste admitirlo me levanté un poco emocionada y nerviosa por el día que me esperaba —y no tiene nada que ver con el paseo que tomare hoy—, me quede mirando el techo de mi habitación por un buen tiempo tratando de entender por qué este repentino paseo, después de unos minutos me levanté para tomar un baño tranquilo y me vestí con la ropa que Izan mando para mí, como aún era temprano bajé un momento a la cocina.
Quería degustar de algo antes de ir a donde sea que me quiera llevar. Quién sabe si hoy es mi último desayuno, aunque lo dudo, no creo que me quiera muerta después de todo y bueno… si lo intenta no dejaré que él salga tan impune, sé que no podría vencerlo en una batalla cuerpo a cuerpo, pero algún recordatorio puedo dejarle.
Estoy por abrir la puerta cuando escucho una voz. —No lo puedo creer, ese rey sí que es un interesado. —¿Quién? ¿Izan? Decido quedarme un momento parada para saber si tendré alguna buena información.
—Al final, sí era verdad que estaba con la princesa Adara por interés. —se refieren a Elliott ¿Por qué hablan así de Elliott? Sí, fue un poco cobarde, pero dudo que sea un interesado.
—De seguro su padre atacará a Eastfield luego de ver estás noticias. —me acerco aún más a la puerta para tratar de entender de qué hablan.
—Dudo que haga eso, hasta ahora se mostró como un pacificador.
No aguanto la incertidumbre y las dudas habidas de información que me atacan así que abro la puerta, las dos chicas que están con plumeros en las manos me miran estáticas. —¿De qué hablan? —pregunto sin ocultar que oí lo que hablaban después de todo trata sobre mí, merezco entender qué sucede.
Se miran entre ellas tratando de formular algo coherente, pero nada sale de sus labios, miran al mesón y al acercarme veo un periódico sobre el, lo primero con lo que me topo es con la foto de Dylan y una mujer que no conozco tomados de las manos con una sonrisa espléndida.
¿Nuevo interés/amoroso?
El ahora soberano de Cleanwood anunció su noviazgo con la hija del duque de Crimson.
No dieron una entrevista hasta el momento, pero el rey nos afirma que pronto lo harán para contar su romántica historia de amor. Por lo visto olvidar a la princesa Adara fue cuestión de tiempo, de uno muy corto, a lo mejor no era el amor lo que lo llevaba hasta el altar...
Dejo de leer por las lágrimas que se agolpan en mis ojos.
Salgo de ahí velozmente a mi habitación. Subo las escaleras como puedo y al entrar veo mi vestido de bodas que aún guardaba y no tenía ni idea del porqué, veo algunos tirones que le hice la noche que llegué y me siento estúpida por haberlo guardado después de hablar con Elliott, es un cobarde miserable.
Desquito mi molestia y mi enojo en el vestido para que no quede nada de lo que simbolizó para mí, halo la tela mientras mi mente me invade con mis momentos con Elliott, lo odio.
Sus manos me toman de la mejilla y sus ojos avellanas me miran con dulzura acelerando mi corazón. —Eres la mujer más hermosa que exista Adara. —sus palabras aceleran mi corazón y me acerca a él uniendo nuestros labios.
Odio haber dejado que me besara.
—¿Quieres darme el gran honor de ser tu novio?
—Nunca dejaré que nada malo te pase.
—Daría mi vida por verte sonreír cada día.
—Siempre serás la dueña de mi corazón.
—Te amo, siempre lo haré.
—Eres la mujer de mi vida, la que siempre estuve buscando.
—Contigo lo tengo todo.
—Cásate conmigo y nunca dejaré que una lagrima invada tus ojos.
Odio haber caído en sus falsas palabras, fui una estúpida.
—Todo lo que tengo es tuyo.
—Mi nación será nuestra nación.
—Seré tu escudo cuando lo necesites.
Desgarro más la tela sintiéndome como una tonta por haber creído que él me amaba como yo lo hice.
Odio haber dejado me que tocara con sus sucias manos.
No es más que un vil mentiroso, tuvo la cara de venir a mentirme otra vez. No es más que un canalla falto de valor. Despedazó mi vestido hasta no poder más dejando solo retazos de tela.
Termino aún con la tristeza en mi corazón y me tiró a la cama buscando algún consuelo en ella, el llanto me invade aun mas con mis recuerdos como mis enemigos.
No sé cuánto tiempo pasa en el que me quedo observando la nada, pero veo el sol ya instaurarse en el cielo, escuché unos cuantos golpes de las siervas informando que su rey me esperaba, pero ignoré cada uno de sus llamados, lo último que quería era estar de cara con él.
Pero el mundo no conspira a mi favor hoy, escucho el golpe de la puerta al ser abierta con brusquedad.
Me levanto para observar al perturbador de mis lamentos. Y lo veo a él, se encuentra molesto, pero trata de disimularlo.
Antes de que hable decido hacerlo yo. —En la próxima por favor no haga tanto ruido al entrar. —vuelvo a acostarme sin darle mucha importancia a su presencia, después de todo es su palacio y yo igual entré de forma grotesca a su habitación.
—No juegues conmigo Adara, ¿por qué no bajaste? Te llevo esperando veinte minutos. —se acerca molesto y su vista se desvía a mi vestido destrozado en el suelo.
—Porque no me apetece. —porque me siento como una ilusa total, y me avergüenza lo que me hicieron, quiero desaparecer.
—No te hagas esto. —habla sacando una molestia retenida.
Y aunque lo haya dicho de buena forma desquito mi furia y tristeza en él. —¡¿Qué no me haga qué?! —pierdo la compostura. —¿Aceptar mi destino? ¡Aceptar que nunca veré a mi padre, que al chico que amé no le importo, que perdí mi vida! —me levanto de la cama y él se ve inescrutable y eso me hace perder la paciencia. —¡Lo perdí todo! Y no me refiero a lo material o a mi título de princesa en el palacio, perdí todo lo que me importa, perdí a mi familia. Ya no tengo nada. —no sé en qué momentos mis lágrimas salieron, pero las siento escurrir por mis mejillas.