Yo sabía que dolía y aún así me quedé.
Me quede porque pensé que si aguantaba un poco más, el iba a cambiar. Que si yo era más buena, más paciente, más todo, el iba a por fin verme.
Me quede porque me daba miedo irme y darme cuenta que afuera no había nada. Porque me hicieron cree que sin el no era nada, me hice creer que sin él no podía seguir adelante con mi vida.
Me quede donde dolía porque confundí apego con amor. Confundí su costumbre de tenerme ahí, con que me quisiera de verdad.
Y lo más triste es que mientras yo me quedaba yo misma me iba abandonando.
Me fui perdiendo poquito a poquito. Dejé de hacer lo que me gustaba, de vestirme como me gustaba, de reír como me reía antes. Todo para que él estuviera cómodo, mientras yo cada día estaba más incómoda en mi propia vida.
Hasta que un día me miré al espejo y no me reconocí.
Y entendí que irme no era perder. Irme era la única forma de encontrarme.
Editado: 30.10.2026